Once relatos que entrelazan crítica social, fantasía, horror psicológico y una prosa afilada que dialoga con Kafka, Bombal y Cortázar. Los personajes de Mala salud transitan por lo que no se dice y lo que no se cura: la salud mental, el cuerpo agotado, la sociedad rota, la existencia suspendida.
Mala Salud reúne once relatos que exploran temas como la salud mental, la precarización laboral, la burocracia y el colapso de la realidad cotidiana. Como conjunto, funciona: es una lectura entretenida, con buenas ideas y momentos de gran imaginación. Sin embargo, el libro tropieza una y otra vez con el mismo problema: el autor parece tener dificultades para cerrar sus historias.
Muchos cuentos parten con fuerza: instalan situaciones sugerentes, presentan una voz nítida y plantean una idea atractiva. Pero cuando llega el momento de resolver, el texto se queda sin impulso. Los finales suelen ser abruptos o poco trabajados, como si el desenlace fuera un espacio incómodo del que es mejor retirarse.
Un ejemplo claro es “Omnipresente”. El protagonista se enfrenta a su jefe, una figura que está —literalmente— en todas partes, tomando posesión del cuerpo de distintas personas. Es un concepto con muchísimo potencial (solo recuerdo algo similar en Rick y Morty, con el personaje Unidad). Pero el autor no profundiza en esa omnipresencia ni en sus implicaciones: simplemente ocurre porque sí. Lo que pudo ser un gran cuento queda reducido a una premisa ingeniosa sin justificación interna.
Relatos que destaco: 1. Todos los días (3,5 estrellas) Un profesor parece atrapado en un bucle temporal. El giro final es interesante, aunque difícil de sostener si uno busca una explicación lógica. El cuento sorprende, pero deja la sensación de haber quedado inconcluso.
2. Tosa, por favor (3,5 estrellas) Uno de los textos mejor resueltos del libro. Un hombre visita al médico y su diagnóstico se vuelve cada vez más inquietante. Culmina en un final cercano al terror, ejecutado con eficacia. Aquí sí hay una promesa inicial que llega hasta el último párrafo.
4. Pieza 26 (3 estrellas) Una mujer pospone el tratamiento de una pieza dental debido a su nuevo trabajo. Lo perturbador ocurre al volver a casa, en una revelación que supera cualquier dolor físico. El manejo emocional es sólido, pero el desenlace es un deus ex diabolus en toda regla: sorpresivo, sí, pero sin verdadera lógica interna. Aun así, el desarrollo mantiene el interés.
Del resto de los relatos no hay demasiado que decir: muchos comienzan con buenas ideas, pero no logran cerrar del todo. Algunos se vuelven francamente aburridos y otros parecen más extensos de lo que son, especialmente cuando el autor se refugia en una experimentación introspectiva no siempre está justificada.
Mala Salud deja, pese a sus fallos, una impresión razonablemente positiva. No sorprende de manera sostenida; muchas ideas son ecos menores de obras de renombre —Kafka con El proceso o La metamorfosis, Cortázar con “La noche boca arriba”, entre otros—, pero hay también imágenes e intuiciones que sí destacan.
Un libro con imaginación y ambición, pero también con miedo a estallar. Allí donde podría arriesgar y cerrar con contundencia, el autor parece preferir la retirada. Aun así, vale la pena asomarse: a veces una premisa poderosa, incluso imperfecta, también merece ser leída.