Roma le había quitado todo, su tierra, su familia, su persona. Alyna sólo era una simple esclava de los romanos, enviada a servir al emperador Celtus. Ella no se dejaría doblegar por un hombre pelirrojo que se creía el centro de la tierra, pero a veces su mente la confundía y la volvía débil.
Ella se ahogaba con sus propios pensamientos. Él no podía apartar la mirada de ella. Los dos siempre se acaban encontrando, como si su camino ya hubiera sido trazado.
Ella acabaría volviendose parte de él , su propósito de vida, su IMPERIO, su mujer.
Pero la vida es egoísta y más para un hombre cruel y posesivo como él.