Las abuelas nunca hablaron de la guerra, eso era cosa de hombres. Pero la vivieron igual.
Estamos en un pueblo. La expresión " tocan a muerto " se usa para nombrar las campanadas que anuncian la muerte de una dos si es un hombre, tres si se trata de una mujer. Laura Vivar toma la expresión para dar título a su novela, una obra que recrea la voz de las mujeres –madres, primas, tías, todas– desde la ruina de la posguerra y que, magistralmente, va enhebrando instantáneas familiares que tienen en común la carestía, la pobreza, la violencia, el luto riguroso, la dureza de la vida cotidiana, la injusticia, la emigración de las jóvenes a las grandes ciudades, el silencio.
Con un castellano precioso, lleno de hallazgos verbales y pleno de historias, Tocan a muerto propone con imaginación y crudeza algunas posibles respuestas a la pregunta sobre qué es lo que sabríamos de nuestros pueblos si el dolor de la guerra civil española no hubiera cortado sus formas de vida y la transmisión de su memoria.
“Tu abuela es una paleta y una analfabeta que no conoce mundo ni sabe nada de nada. Pero nos criamos todas igual. A las que no les pilló la guerra les pilló la vida”
No sabrá escribir ni firmar con su nombre, pero hace que sus palabras sean a la vez la voz de todas las mujeres de su pueblo, desde la de la familia de los Priones y a las que como las de su familia y sus amigas tenían las manos y las rodillas desholladas de limpiar. “La miseria no perdonaba. Qué querías que hiciera, si era mujer, pobre, roja y viuda”.
Pero la humillación no se limpia. Tampoco la violencia. Mucho menos los silencios que lo ponen todo perdido y se quedan resonando en el pueblo. Todos saben. Nadie dice.
Pero en Tocan a muerto la abuela habla. Y cuenta la miseria y la rabia con palabras preciosas. También el orgullo de ver que su nieta puede pasarse hora y media leyendo en el tresillo, sin moverse siquiera, un libro sin dibujos donde ella solo reconoce la M. Y la oralidad lo ocupa todo, una historia lleva a otra hasta tejer memoria histórica casi al oído. Y parece que me ha estado hablando mi abuela antes de dormir
"Tocan a muerto" és, directament, la memòria de les mares —en el meu cas, de les àvies— d’unes generacions que a vegades obliden que fa només seixanta anys la vida, segons qui fores, podia ser extremadament complexa. I encara més si eres “pobre y roja” o, fins i tot sense ficar-te en política, si el teu marit o algú de la teua família ho era.
Laura Vivar m'ha sorprés molt, sobretot pel seu estil d’escriptura, que m'ha portat a una conversa oral, una que podria haver tingut jo amb la meua àvia♡. A més, es nota que hi ha una bona documentació darrere, tant en el llenguatge com en el context històric.
És un llibre necessari, dels que val la pena llegir amb calma, pot ser no hi ha una altra forma. És dur i deixa un nus a l’estómac, però precisament per això és important. Sobretot per a una generació —especialment d’homes— que tendeix a idealitzar valors masclistes i tradicionals, i fins i tot el patriarcat nacional-catòlic com si fora una opció vàlida.
Llegir-lo és, en definitiva, una manera de recordar d’on venim, un exercici de memòria.
Hace poco leía en una entrevista a Dahlia de la Cerda que decía que las mujeres deberíamos ser más malas para que ni hombres ni mujeres abusaran tanto de nosotras. A mí me chirrió un poco esa afirmación aún entendiendo de dónde venía (porque siempre pienso en que el punto es ser más amables entre nosotres siempre). Después de leer este librito pequeño pero poderosísimo le doy la razón porque me ha recordado todo lo que nos han hecho.
le pondría 10 si pudiera. ¿como puede caber tanto dolor en un libro? dolor y rabia. Es la historia que nos hubiera gustado que nos contará nuestra abuela, aunque de eso no se hablaba. (pd hay dos capítulos que complicado que no te den ganas de llorar y a la vez de moler a palos a alguien)
Vaig veure aquest llibre per casualitat a instagram i em va cridar l'atenció de seguida. Penso que és una sort haver-lo descobert, haver pogut llegir les històries de l'àvia, haver pogut patir amb les protagonistes, haver conegut el seu calvari i tenir ganes d'abraçar-les des del present i posar-me del seu costat en les seves lluites quotidianes.
El masclisme imperant, el fanatisme polític i religiós, els abussos sistemàtics, sempre amb totes les situacions en contra de les dones, que es va viure durant la post-guerrs no s'ha d'oblidar. Penso que caldria llegir llibres con aquests per acompanyar les lliçons d'història als instituts, perquè no podem oblidar el passat sinó volem que es repeteixi en un futur.
Un llibre ideal per llegir al novembre en el mes temàtic de la @pandemiadellibres.
Tocan a muerto es un relato en primera persona, con una voz a la vez personalísima y prestada, que me ha dejado reflexionando sobre el hecho de que una historia no necesita ser real para estar cargada de verdades poderosas.
Una abuela como podría ser la tuya, la mía, cuenta sus recuerdos de la posguerra, centrados sobre todo en su propia madre. El hambre, la pobreza, las represalias a los vencidos, van apareciendo en los relatos de cada capítulo, reconocibles aunque ese pueblo y esa historia no tengan una ubicación clara en el mapa. Hemos cambiado mucho y a la vez muy poco.
Página a página se entreteje una espiral en torno al suceso terrible que está al fondo de la historia, hasta que rebosa y desborda, incontenible, porque hay cosas que no pueden permanecer enterradas. Hay un momento en que me planteé si quería seguir leyendo porque la sucesión de penalidades es muy larga para una novela tan corta. Pero llega el último capítulo, me reconcilia con todo y me hace desear hablar más con los que aún recuerdan.
Qué delicia, por favor. Qué manera más bella de transmitir la crudeza. Qué gesto más precioso de darle voz a ellas. Qué sensación de tenerlas enfrente, de estar sentada con ellas, con el cafelito o el colacao en la mesa, mientras te cuentan "sus cosas".
Oro de libro. Muy necesario, ternura y rabia. “lo que tienes que hacer es no ir sola nunca, pero nunca, que te crees que esto pasa de noche y esto es a todas horas, niña, esa es la cruz que llevamos, y a callar, chitón, chitón, que la vergüenza te la comes tú, la deshonra para ti”
Ese luto de la España rural que casi se podía mascar. Esas campanas que aún tocan a muerto en nuestros pueblos y los perros anunciándolo. Dolorosamente lúcido y necesario.
Este libro es como una tarde de comer castañas al calor del brasero mientras escuchas las historias de tu abuela en el pueblo. Una conversación a una sola voz que devuelve la rabia a las mujeres que fueron obligadas a callar y a agachar la cabeza. Qué bonito ha sido leerlo.