Pedazos de una vida en el campo: animales sacrificados, casas que se inundan cuando el río crece, roedores que mueren en las garras de gatos ratoneros. Trozos de una religiosidad fracturada entre lo místico del catolicismo y lo artificial del mormonismo. Dejar de ser niña en ese mundo, alejarse de casa para convertirse en una hija pródiga que decide que en realidad era mejor irse.
Hubiera querido que todas las ideas se exploraran mucho más, que el libro fuera más largo.
Un sabor de sangre en la boca es la sensación que me deja Rocío Medina con esta brevísima novela. Hay un horror morboso, sucio, crudo, incómodo y socialmente incorrecto que acompaña a este quiebre del mito del hijo pródigo.
Este libro entra en la clasificación de aquellos que sabes que no dejarás de pensar en él porque no es claro lo que te hizo sentir.
Punzantes historias entrelazadas que muestran la formación de la individualidad en un mundo recargado de religiosidad, reintrepretándola para adaptarla a la realidad.