De Akutagawa sólo conocía algunos rasgos superficiales, cuatro datos dispersos que averigüé en la época que vi varias películas de Kurosawa, por supuesto Rashomon, una de las más populares del director y, en consecuencia, también uno de los textos más famosos de Akutagawa. Pero me topé con el maravilloso libro de David Peace, dónde compone una biografía en relatos inspirados en los textos de Akutagawa, un libro tan brillante que, si te gusta, es imposible que no te despierte el interés por este escritor japonés, que se suicidó en 1927.
Por azares, empecé por esta fábula, que publicó precisamente en 1927, de lo que se deduce que su salud mental no era la mejor, Akutagawa ya había sido internado varias veces en el psiquiátrico, consumía morfina a expuertas, por eso resulta todavía más sorprendente encontrar esta fábula que contiene no pocas dosis de humor en forma de sátira de la sociedad nipona y por ejemplo de Nietzsche, que si bien es citado directamente en el texto, antes se le satirizaba mediante la sociedad de los superkappadianos, unos kappa que se creen muy especiales y se reúnen para básicamente esforzarse a ver cómo se logra destacar más que el resto de miembros.
Los kappa forman parte del folclore fantástico japonés, son unos seres anfibios que navegan con facilidad por los ríos y resultan muy escurridizos. El narrador de esta historia, al cual conocemos como interno de una institución psiquiátrica, no sólo los contactó, además logró perseguir a uno hasta dar con un agujero que le llevó a su mundo. Conoció así un mundo regido por sus propias reglas, como por ejemplo que el arte debe ser muy explícito o que si alguien comete un crimen y sus circunstancias personales cambian, entonces el crimen prescribe. Por ejemplo, al narrador le roban una pluma, siendo la intención del ladrón regalársela a su hijo, pero como el hijo murió, pues entonces ya no hay crimen. Un mundo disparatado, dónde lo serio hace reír y lo divertido les pone serio. A mí me ha traído a la mente lo rarísimo que me resultaba el mundo de Fraggel Rock cuando era pequeño.
Parte del chiste es que, una vez se adapta y se acostumbra a la diferencia, ese mundo le resulta más apetecible que su propia sociedad, a la que ridiculiza o crítica de varias formas. En otro pasaje, el narrador se extraña que los kappa promuevan casarse con otros kappas con enfermedades en orden para combatir las enfermedades degenerativas. Cuando expone esta reserva, la respuesta de uno de los kappa es que los japoneses en cierta forma también lo hacen cuando los señoritos se fugaban con las sirvientas o con el chófer, era una forma de escapar al círculo social, luchar contra la endogamia, sólo que no los ve capaces de aceptarlo abiertamente.
Así pues, una lectura con casi cien años que denota un gran gusto por la modernidad y sabe dosificarlo con acertadas dosis de humor, tanto es así que no ha perdido frescura y encima se lee rápido gracias al ágil manejo de los mecanismos narrativos. No sé si es lo más canónico de Akutagawa, pero sí que es bastante recomendable.