Boh, qué maravilla. Es un libro que todo moronense debería leer. Me apena haberlo abordado cuando se acerca el tercer aniversario de la muerte de su autor, el Cronista de la Villa, de quien tanto aprendí, porque querría preguntarle tantas cosas. Pero, ay, los libros te llaman cuando te llaman, y el Juan Luis de 23 años no habría apreciado esta lectura como se merece. El de 35 tiene sus limitaciones, pero menos. Tiene la novela momentos de brillantez, especialmente esos de metaliteratura en los que el autor reflexiona sobre el proceso de la escritura por medio de su alter ego. No solo son brillantes, sino que, para los que conocimos a Juan José y estuvimos en su casa, charlando y aprendiendo, adquieren un cariz entrañable, cargado de nostalgia. Una maravilla, insisto.