Nikos Kavvadías ofrece un espectacular retrato sobre la vida marítima sin tapujos, con vida en cada palabra e imágenes poderosas gracias al espectro poético presente en "La Guardia".
Con "La guardia" me ha pasado algo curioso: primero la leí y después tuve que volver a ella para entender realmente qué había leído. La primera parte me resultó bastante cómoda dentro de su rutina de guardias, conversaciones y ese ritmo repetitivo del barco. Pero al llegar a la segunda, todo cambió. Me descolocó. La narración se volvió más fragmentada, más difusa, como si el tiempo dejara de avanzar en línea recta y empezara a moverse a golpes de memoria.
Tuve que empezar de nuevo esa parte y ahí es donde encajaron las piezas. Entendí que no era solo un cambio de forma, sino de estado: el protagonista ya no observa, se disuelve. El alcohol, los recuerdos y la soledad se mezclan hasta el punto de que pasado y presente se confunden, exigiendo mucha más atención. No es una lectura fácil, pero el esfuerzo vale la pena.
Aun así, donde más he conectado ha sido en los relatos que acompañan esta edición, especialmente “Li” y “De la Guerra”. Ahí Kavadías es más directo, más preciso.
Al final, me llevo la sensación de que es un libro que no se deja atrapar a la primera, pero que gana mucho cuando vuelves a él con más calma. Y también que, al menos en mi caso, Kavadías brilla especialmente cuando concentra, cuando golpea sin rodeos. La novela me ha interesado, pero sus relatos son los que realmente se me han quedado dentro.
Me ha gustado mucho, mucho más de lo que pensaba, y una vez acabada cuanto más pienso en ella, más buena me parece. Es una novela que deja una impresión duradera.
Las conversaciones de los marineros te sumerge en el ambiente marítimo con mucha intensidad, durante las guardias nocturnas el tiempo parece como dilatar se y se presta a confesiones, recuerdos y pensamientos del pasado, de otros viajes, otros puertos, formando como un mosaico de historias que mezclan lo real con lo onírico, y que te transportan a alta mar, navegando sin rumbo fijo, tan solo dejándote llevar por el mar, a la deriva.
Pese a que el lenguaje es fuerte en muchas ocasiones, y se palpa el ambiente de trapicheo, alcohol, drogas, prostitución, enfermedades venereas, etc., también hay mucho de soledad, desarrigo, humanidad y poesía.
Lástima que esta sea la única novela de este escritor griego, porque sin duda buscaría la siguiente.