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Los mercaderes #1-3

ჩარჩები

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ანა მარია მატუტე (1925-2014) - ესპანელი მწერალი, სერვანტესისა და ნადალის სახელობის პრემიების ლაურეატი, მე-20 საუკუნის ესპანური ლიტერატურის ერთ-ერთი ყველაზე თვალსაჩინო წარმომადგენელი

ტრილოგია „ჩარჩები“ გასული საუკუნის ესპანური ლიტერატურის ერთ-ერთ უმნიშვნელოვანეს ნაწარმოებადაა მიჩნეული. ამ ტრილოგიით მწერალმა ომისშემდგომი ესპანეთის ფილოსოფიური და ემოციური პანორამა შექმნა. როგორ შევინარჩუნოთ ზნეობა, პატიოსნება და ღირსება სამყაროში, სადაც ოპორტუნიზმია გამეფებული? როგორ გადავლახოთ საზოგადოებაში გაჩენილი ღრმა უფსკრული? რა ფასად გვიჯდება დუმილი იმ პირობებში, როცა ხმის ამოღება მორალური ვალდებულებაა? შეიძლება თუ არა, მეხსიერების შენარჩუნება წინააღმდეგობის ერთ-ერთ ფორმად მივიჩნიოთ? ეს ის კითხვებია, რომლებზეც მატუტე „ჩარჩებში“ მსჯელობს, თუმცა პასუხებს ყოველთვის როდი გვთავაზობს. აკი თავადაც ამბობს ერთ-ერთ ინტერვიუში: „მე ვწერ იმისთვის, რათა მკითხველი დავაფიქრო, მისგან მივიღო ის პასუხები, თვითონ რომ ვერ მოვიძიე, ვწერ იმისთვისაც, რომ პროტესტი გამოვთქვა.“

511 pages, Hardcover

Published January 1, 2025

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About the author

Ana María Matute

142 books409 followers
(Barcelona, 1925-2014) Escritora española. Novelista destacada de la llamada generación de los "niños asombrados", su obra describe el ambiente de la posguerra civil. Ana María Matute se dio a conocer en la escena literaria española con Los Abel (1948), una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la cual reflejó la atmósfera española inmediatamente posterior a la contienda civil desde el punto de vista de la percepción infantil. Este enfoque se mantuvo constante a lo largo de su primera producción novelística y fue común a otros representantes de su generación.
Las novelas de Ana María Matute no están exentas de compromiso social, si bien es cierto que no se adscriben explícitamente a ninguna ideología política. Partiendo de la visión realista imperante en la literatura de su tiempo, logró desarrollar un estilo personal que se adentró en lo imaginativo y configuró un mundo lírico y sensorial, emocional y delicado. Su obra resulta así ser una rara combinación de denuncia social y de mensaje poético, ambientada con frecuencia en el universo de la infancia y la adolescencia de la España de la posguerra.

Ana María Matute fue galardonada con el premio Café Gijón por Fiesta al noroeste (1953) y con el premio Planeta por Pequeño teatro (1954), novela a la que siguió En esta tierra (1955). También recibió el premio de la Crítica y el Nacional de Literatura por Los hijos muertos (1958).

Más tarde escribió la trilogía Los mercaderes, integrada por Primera memoria (1959), Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969), que tuvieron un gran éxito. La torre vigía (1971) es la historia de un adolescente que debe iniciarse en las artes de la caballería; aunque sigue la línea de las anteriores, se da en ella un cambio histórico de ambientación hacia el período medieval, rasgo que se prolongó en las obras de su madurez, publicadas tras un dilatado período de silencio literario.
Así, su novela Olvidado rey Gudú (1997) plantea una extensa y compleja trama de acontecimientos centrados en las disputas mantenidas en el transcurso de la décima centuria por el rey de Olar, Volodioso, y sus enemigos, el barón Ansélico y la hija de éste, Ardid. Asimismo, su novela Avanmarot (1999) tiene como escenario la época medieval.

Matute cultivó además la narración corta, reuniendo sus relatos en volúmenes como El tiempo (1956), Historias de la Artáila (1961), Algunos muchachos (1968) y La virgen de Antioquía y otros relatos (1990). Son notables sus dos libros autobiográficos A la mitad del camino (1961) y El río (1963), en los que evoca sus experiencias de la niñez en el ambiente rural y bucólico de Mansilla de la Sierra.
Fiel a su fascinación por el mundo de la infancia, escribió también cuentos para niños, recogidos en su mayor parte en Los niños tontos (1956), Caballito loco (1982), Tres y un sueño (1961), Sólo un pie descalzo (1983) y Paulina (1984). Formó parte de la Real Academia Española desde 1996. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas; era la tercera mujer que recibía el galardón (Rosa Chacel lo obtuvo en 1987 y Carmen Martín Gaite en 1995). En 2010 vio reconocida su trayectoria con la concesión del Premio Cervantes.

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Profile Image for Raquel C. Arco.
138 reviews
March 13, 2019
Los siempre interesantes personajes femeninos de Ana M.ª Matute

Niñas de trenzas cortadas, de trenzas infantiles asidas a la nuca; escondidas, ocultas, perdidas en la feroz batalla contra el tiempo. Un tiempo estancado, doliente, apenas consciente, apenas caduco, pero ya marchito.

No importa si son adultos o infantiles. Todos, sin excepción, extraordinarios.

Ana María Matute creó a Paulina (La Gaya Ciencia, 1981) con un año de anterioridad que a Matia (1er libro de la trilogía Los mercaderes), pero existen ciertos detalles que relacionan a los personajes de tal manera que la segunda parece dar cierta continuidad a la primera. Paulina tiene trece años y cuenta su estancia estival en las montañas, con sus abuelos, cuando tenía diez años. Matia, en la edad adulta, huérfana también, pero sólo de madre (su padre anda desaparecido), narra su historia a partir de los doce años (aunque se nos facilitan detalles de su pasado reciente): «Viví, pues, rodeada de montañas y bosques salvajes, de gentes ignorantes (...). Mi madre murió cuatro años atrás y Mauricia —la vieja aya que me cuidaba...». La conexión parece clara: una niña pierde a sus padres y queda al cuidado de su aya; luego va a vivir a las montañas; finalmente regresa a la «civilización» y, con el correr del tiempo, relata los hechos que tuvieron lugar entonces.

Paulina y Matia son niñas rebeldes. Su posición social es la de la clase acomodada (privilegiada), a la vez que condicionada por los principios y valores de tal escalafón: catolicismo, represión femenina...
Matia fuma en unos tiempos en los que a una niña se le podía encerrar y castigar severamente por ello. No por cuestión de salud física, sino mental (se consideraba una «oveja descarriada»). Las dos niñas viven alejadas de la contienda, pero los conflictos propios de las dos Españas son palpables: Paulina y sus abuelos burgueses frente a los aparceros en las montañas; Matia y su familia franquista frente a los «rojos» (republicanos, comunistas, anarquistas, judíos, ateos, pobres...)

Y, en Los soldados lloran de noche (2.º libro de la trilogía Los mercaderes) aparece Manuel, coprotagonista y casi una excusa para presentarnos a Marta, la mujer del difunto Jeza, a través de otra mujer, Marcela –cuyo rol de aya se deduce claramente–. Digo que éste es coprotagonista porque en Los mercaderes 1 es el amigo y confidente de Matia (ella le escoge). En Los mercaderes 2, Manuel, ya libre, aún joven pero casi adulto, es quien escoge a Marta –aunque vuelve a ser el personaje femenino quien toma, de nuevo, la voz cantante. Y le permite así desempeñar a él, por segunda vez, el rol de amigo-confidente (esta vez en una situación completamente distinta, opuesta a la anterior: Manuel aún es un hombre joven o un muchacho viejo, pero ahora tiene poder, posición heredada)–. La autora le concede mucho más que una voz, le presta la suya –por un tiempo parcial, medido en capítulos que contienen la historia total del personaje–. La protagonista es ella, toda la segunda parte le pertenece y buena parte de la tercera; apenas reparamos en su confidente, escanciando el vino e instándola a continuar, avivando las llamas de la chimenea cuando llegan a Barcelona, o de pie junto a ella en el Naranjal dispuesto a dar fin a la vida, pistola en mano.

Y con un instante: «Sólo un instante de silencio» (Los mercaderes 2), se cierra la vida de Marta y retomamos la de Matia (en Los mercaderes 3) y conocemos a Isa, la pelirroja de Bear, el sobrino de Borja; sí, Borja, el primo de Matia de mercaderes 1. Todo ello con el aniversario de un instante, aquel en que su abuela llegó al mundo: «en el instante de su nacimiento» (Los mercaderes 3).

Una obra, la de Ana M.ª Matute, magnífica. A la que agrada volver una y otra vez. No sólo a la trilogía Los Mercaderes, a toda su obra, en general.
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