Un hombre mayor. Un hombre mayor, de campo. Un hombre mayor, de campo, hablándonos de sexo. Un hombre mayor, de campo, hablándonos de sexo y reflexionando sobre las dificultades de ser hombre. Un hombre que siente la extrañeza del lenguaje, que no alcanza a decir lo que quiere decir, que apenas logra señalar lo que duele. Marcelino es su relato, cuajado de miedo y de amor. A su alrededor, la brutalidad y la dulzura se abren paso entre cuerpos que gimen, que paren, que lloran a sus muertos, que se alejan lentamente del campo… Bibiana Collado Cabrera elige en esta novela a un protagonista con un lenguaje y un imaginario de la tierra, en un gesto tierno y provocador.
Bibiana Collado Cabrera nació en Burriana (Castellón) en 1985. Es licenciada en Filología Hispánica y doctora en literatura hispanoamericana. En la actualidad es profesora de Lengua y Literatura.
Marcelino es ese hombre de ficción que me ha ayudado, un poquito, a reconciliarme con los hombres reales. ¿Tiene sentido? No lo sé, pero ojalá la sexualidad nunca se desligara de la fragilidad y la ternura.
Cómo me ha gustado leer tanta sensibilidad, tanta empatía, tanta mirada hacia lo femenino en la historia de un hombre de la posguerra Qué libro más preciosísimo
Muy bello. Me pregunto si, si mis abuelos lo hubieran leído, se habrían sentido identificados. Tuvieron seis hijos, así que algo de arrejuntarse tenían que saber. Mi abuela, que murió hace poco, también aceptaba las cosas nuevas como Marcelino; escuchaba lo que le teníamos que decir del siglo XXI, le parecía bien. El campo lo narra Bibiana Collado estupendamente. Yo, que me he acabado este libro en mi pueblo frente los aperos de labranza, siento que guarda un poco de lo que tuvo que ser este sitio antes de vaciarse. Yo soy la Marta.
España profunda, profundísima de la postguerra. El pueblo, sus gentes, sus creencias marcadas a fuego. Las palabras torpes de un hombre al que nada enseñaron y menos sabía expresar con palabras, el duelo de un hombre respecto unos embarazos que jamás llegaron a término y de los que fue daño colateral. Dudaba entre 4 y 5 estrellas, es un libro bellísimo sobre cómo se educaba en el machismo y sus consecuencias en los hombres y lo que se supone deben ser y no sentir. Me decanto por 4 por lo poco que he empatizado con los pueblos y determinadas costumbres, está escrito con lenguaje torpe de persona a la que se le negó la escolarización por tener que trabajar el campo ... pero hay auténticos diamantes en bruto a través de las líneas.
Qué pena que hayamos aprendido a hablar antes de sexo que de deseo. Antes de cuerpos que de ternura…. Marcelino consigue recordar que una cosa nunca debería ir separada de la otra. Ojalá querer y que me quieran así, como Marcelino a su Encarna✨
“Hay quien desea a las mujeres tristes, que lo sé yo. Las quieren apocadas, con un poco de susto dentro. Se les pone dura al pensar en cuerpos y voces menudas que les retornen una hombría inmensa. Se corren pensando en quebrarlas. No lo he podido entender nunca. En esta familia mía nos gustaban las hembras fuertes que resuelven enredos y deshacen tormentas. Las gallardas, las briosas, esas son las nuestras”
Un libro maravilloso, muy bien escrito, con un personaje principal adorable. Imposible no darle las 5 estrellas. Creo que Bibiana ha hecho un trabajo excelente con esta obra
En Marcelino encontramos a un protagonista que rompe con el estereotipo del hombre de campo mayor. Es un hombre sensible, que se enamora profundamente de su Encarna, que sufre las pérdidas, los abortos, la ausencia de hijos, y que ama de una forma muy intensa y tierna. Relaciona el amor con el sexo de una manera muy delicada, siempre desde el respeto hacia la mujer. El hecho de no encajar en el modelo de masculinidad más tradicional le genera mucha inseguridad, sobre todo porque no consigue expresar todo ese mundo interior tan intenso que lleva dentro: “es como si las palabras estuvieran en la balda más alta y no consiguiera alcanzarlas”. En el libro hay escenas conmovedoras y otras muy duras, de vida de campo, de posguerra, de hambre, de abuso… pero todo está atravesado por una ternura constante y una melancolía hacia ese mundo de antes, donde había más comunidad y más apoyo en los momentos importantes de la vida. Un mundo que, en gran parte, ya no existe. Me ha gustado mucho, aunque no tanto como Yeguas exhaustas. Son libros muy diferentes, pero comparten esa intención de abarcar muchos temas. La diferencia es que allí sentía que todo conectaba mejor y ayudaba a profundizar en la idea principal, mientras que aquí a veces noto cierta desconexión. Aparecen muchos temas: la guerra civil y sus heridas, la vida en el pueblo, los abortos, la sexualidad, la vejez, la masculinidad, los abusos, las relaciones LGTB, los cambios generacionales, el papel de la mujer cuidadora… Y aunque es lógico que todo esto forme parte de la vida de una persona, tengo la sensación de que algunos temas no se llegan a desarrollar del todo. Aun así, lo recomiendo muchísimo. Es un libro muy bien escrito, con momentos poéticos y líricos preciosos, e incluso con cierta experimentación en lo formal. Pero, más allá de todo eso, es una historia que emociona y remueve por dentro. Es la historia de un hombre bueno. Y, con eso, es más que suficiente.
No sé com se supera llegir el millor llibre que he llegit mai. Ho dic de molts, però sí: és este. És Marcelino. Vaig al tren -sempre al tren- plorant. No un nus a la gola i ulls plorosos, no. Que també, però no solament. Plorant a llàgrima viva. No som conscients de la sort que tenim que Bibiana escriga. Este llibre m’ha pillat tendre: el que a Marcelino li passa tres vegades, a mi m’ha passat una fa uns mesos i no sabeu què dur i difícil. Per sort, jo també tinc una Encarna que gràcies a l’autora, ara estime una mica més. Ja tinc llibre de capçalera que recomanar insistentment. Quina manera de narrar sentiments. Impressionant perquè ho fa un home major i de poble al llarg de la seua vida. Parla de sexe, d’amor (quin amor més bonic cap a Encarna), de realitats i de com la tribu ens conforma i ajuda en tot. És trist, molt trist, però tan necessari, que és meravellós. Totes i tots els protagonistes són necessaris per entendre-ho tot. Damiana…uf, Damiana. Encarna…tots estimem una Encarna. Manuela i Marta…Ángeles i Dolores. Totes. I els 7/8 capítols del final? Mai havia llegit una cosa tan colpidora i bonica. He hagut d’anar parant per pair el que estava llegint.
Bibiana mereix el millor i més gran dels reconeixements. Serà -si no és ja- la millor escriptora que s’ha parit. Mereix premis i nosaltres, que no deixe mai d’escriure.
3,5⭐️ Ha sido una lectura diferente, quizás no para todo el mundo. Continúa un poco la línea de libros que estoy leyendo últimamente, la vida trágica de las personas en cada novela, como llegan a ver el mundo y la crudeza que hay en cada uno de ellos. Como se tratan ciertos aspectos sociales o críticas incluso a como funciona el mundo.
Me ha parecido muy tierna la manera en la que está plasmado el amor y cariño que siente el protagonista por su mujer, además, la manera en la que refleja el dolor de ella desde su punto de vista, se llega a percibir por el lector.
Aunque, hay aspectos que me hubiese gustado que se tratasen más, quizás el dolor por la pérdida por parte de ella o incluso que se desarrollase más la dureza de vivir trabajando en un campo en los años de posguerra.
Además, creo que el lenguaje explícito y sexual ha sido algo excesivo para mi, los impulsos del protagonista a pesar de que llego a entenderlos, me parecen que toman la parte principal de la historia y eso no es lo que yo esperaba.
A pesar de eso, un libro bastante bonito, escrito de una manera muy diferente y que te hace pensar en el paso del tiempo y como nos vamos haciendo mayores poco a poco. Al final todos acabaremos en su situación y ojalá sea junto a personas que se deseen tanto, incluso después de todos los cambios.
A “Marcelino” le ha tocado un muy mal momento para ser leído por mí, por múltiples motivos. Si no fuera porque era el libro que tocaba para el club de lectura lo habría dejado para más adelante, porque realmente le tenía muchas ganas y ya venía sospechando que no era el momento. Pero, en fin, así son las cosas, así que voy a intentar ser lo más objetivo posible.
“Marcelino” es una novela muy hermosa. Escrita muy bellamente, con pasajes que rozan más lo lírico que lo narrativo (este libro me ha llevado a comprar los poemarios de Bibiana) pero sin perder en ningún momento esos hablares propios de un hombre de campo como el protagonista. Los protagonistas están construidos con mucha ternura, siempre vestidos con la mirada calmada y piadosa de Marcelino, un hombre bueno y sencillo que lo único que quiere es que las personas a las que quiere, y muy en especial su Encarna, vivan bien y felices. Hasta cuando cuenta lo más terrible, Marcelino consigue amortiguarlo para el lector.
Como digo, este no era el libro adecuado para mí ni por temática ni por momento, pero eso no quita para que haya sido perfectamente capaz de ver su calidad literaria y su apabullante belleza y sensibilidad. Marcelino es un personaje casi único, o al menos no recuerdo yo una voz literaria así y que hable de los temas que habla (y cómo lo hace). Por supuesto, hay retazos del señor Cayo de Delibes, entre otros, pero la empatía y el amor que emanan de Marcelino lo hacen especial.
Quizás vuelve en otro momento a esta novela, no ahora. Pero soy yo, no ella. Hay que leerla.
Se me ha caído una lagrimita al acabar este libro. Y a mí no se me caen lagrimitas con facilidad. Qué preciosidad, qué penita, qué bonito ha sido leer la historia de Marcelino y Encarna. Es lo mejor que he leído en mucho tiempo, me faltan estrellas para puntuarlo.
Qué bonito y revolucionario es bañar de ternura una historia repleta de sexo. Qué bonito llenar de cuidados y de amor una historia sobre los hijos que no pudieron nacer. Que bonita la sensación de sentirse crecer a traves del ser amado. Qué bonito amar bien
Las palabras, para quien las tenga – Marcelino, Bibiana Collado Cabrera (Los aciertos & Pepitas)
Estamos en un pueblito de campo más allá de la Guerra Civil; un pueblo que se halla amable y que busca en sus habitantes una vía para acercarse a eso que llamamos vida campesina, vida de la tierra, vida de lo que nace de nuestras manos. En este pueblo sin nombre que corona la Virgen de la Cabeza encontramos a Marcelino y Encarna. Marcelino no habla, algo de muy adentro se lo impide, y también tenemos a Encarna, que encontrará en Marcelino el amor, la vida por hacerse junto a alguien que ama. También hay otros habitantes. Personas que habitan el pueblo y que se ven agraciados por la juventud que hubo un día.
Esta historia, que va hacia adelante contándolo desde atrás, nos sumerge en esos deseos de un hombre al que se le ve impedido el habla. Reconocemos en Marcelino a ese zagal de pueblo que va descubriendo el mundo, el sexo, el amor. Hay mucha ternura en estos capítulos, como si un rayito de sol diera en la cara de los protagonistas. Reconozco que al principio me chocó la narración, pues es algo acentuada sexualmente hablando, y parece controvertida, pero no lo es. Es, simplemente, como es la vida y divertida.
También se relata cómo se ve la menstruación, los embarazos, los abortos, los partos, en un pueblo en el que no se conocen o más bien se esconden las cosas. Las mujeres sangran, y qué manera tiene Bibiana Collado de traernos el mundo de la mujer a través de la mirada de un hombre que a duras penas habla. Es admirable el vocabulario que nos trae la autora, en el que el narrador, que es el propio Marcelino, nos inculca un amor profeso hacia la mujer, hacia su sensualidad, sus formas de ser y estar. Me ha encantado la sutileza, lo que nombra sin nombrar, lo que enaltece a la humanidad sobre todas las cosas: el amor. Me resulta bellísimo cómo nos detalla la vida del campesinado, de los que trabajan la tierra y la huerta, de los que buscan en el campo un modo de vivir más allá de lo esperado, no otra cosa sino una vida natural.
Puedo escuchar desde aquí las frasecillas huecas de Marcelino, cómo nombra a Encarna, cómo ella le sigue el juego, como jadean hasta extasiarse. No es este un libro pornográfico, sino sensual, desinhibido, y me recuerda que tal vez deberíamos pensar en eso cuando leemos algo así y nos choca. No es un libro para los en suma muy pudorosos, pero te saca una sonrisa, ciertas risas de ingenuidad, pues este libro tiene mucho de ingenuo y de inocente, de buscarse las cosquillas y ver ahí, en la simpleza de la vida, el juego del amor. Al fin y al cabo son las cosas simples lo que más ansiamos en la vida, y Bibiana Collado nos recuerda que podemos encontrar en otros tiempos y otros mundos algo que quizás hemos perdido o estamos perdiendo.
Gracias Bibiana por esta pequeña pero gran historia. Me he divertido mucho y estoy segura de que Marcelino estaría encantado de que le hallas dado voz, tu voz de escritora de historias y sensaciones al fin y al cabo. Es un libro sensorial, para disfrutar con los sentidos, con la piel que roza las manos. Un libro de caricias, de susurros, de miradas. Ay, quien mirara a Encarna como la mira Marcelino.
Hace unos minutos que observo disociado las flores de la portada del libro. Todavía no se me ha secado el reguero de lágrimas al terminarlo.
Bibiana Collado ha escrito de la forma más pura, áspera y dulce una sencilla historia de vida. No de cualquier vida. De la vida de Marcelino. Un hombre cobijado en sí mismo, con las manos agrietadas de labrar la tierra, pero con la lucidez de aquellos que se criaron con el aroma de los pastos.
Porque Marcelino es crudeza; la de una existencia arada por la inclemencia de la vida en el campo, el hambre y el lento progreso social. Y a su vez es bondad, luz y amor. Amor por su Encarna. Pausado, de besos cortos y caricias sinceras.
Lo que nos regala Bibiana es una historia con un universo coral de una finura tan bien narrada que da sensación de falsa sencillez. Un relato cocinado con el fuego al mínimo, como se hacía antaño. Sin precalentar. Esperando el chup chup de las abuelas. Dejando que el paladar absorba todos los sabores y los aromas de pasión, dulzura, muerte, sexo y tristeza que narra la autora.
Si lees esto, entra sin miedo en la vida de Marcelino. No está edulcorada. Tiene un olor fuerte a esparto, cariño y dolor, pero con mucha verdad.
Me limpio el resto de lágrimas y pienso en qué vacío se me ha quedado al no poder seguir abrazando a Marcelino y Encarna. ¡Qué preciosidad de vida te ha quedado Bibiana!
Bibiana recoge en este libro las palabras tristes y tiernas con las que Marcelino nos cuenta su historia, la de Encarna y la de su pueblo. Marcelino rompe con los estereotipos esperados de un hombre de campo y nos cuenta con delicadeza los entresijos de su historia de amor con la Encarna. Desde el principio hasta el final.
«Cuando tengo miedo -y cada vez tengo miedo más a menudo porque me he hecho viejo y hacerse viejo es muy jodido- intento volver a esa impresión, no olvidar que fui amado».
Nos habla de su eterna sexualidad.
«A mí, que me inquieta estar con mucha gente, me entraron unas ganas inmensas de que todo el mundo viera que había preñado a la Encarna. Yo era hombre a través de su cuerpo. Resultaba innegable. La sentía como un trocico de mi carne. Mi amor le estaba creciendo dentro».
Maldecida por la sequedad de la Encarna.
«¿Y si ya no quiere estar junta conmigo porque piensa que yo le he malogrado el hijo y las entrañas? ¿Será que es menos recia mi hombría y por eso se le ha deshecho en las tripas?¿Será que solo puedo construir cosas que no llegan al afuera, como esa habla mía a la que tanto le cuesta salir?»
Marcelino y Encarna se acompañan, como pueden. Aprendiendo del camino. Aprendiendo de los sucesos que marcan su historia.
La crudeza de la vejez, la ternura y la tristeza de su historia arrancaron de mi ser unas cuantas lágrimas saladas.
Gracias, María, por compartir conmigo los decires del Marcelino que, ahora también son nuestros.
Me cuesta procesar que alguien pueda escribir tan bien sobre la fragilidad y la humanidad de una historia ajena.
La sensibilidad que tiene es enorme, y a medida que avanza, aún sabiendo irremediablemente hacia donde se dirige, mejora, y lo trata con aún más cariño
Lo dividí en pequeñas sesiones de lectura para que me durase más, y me alegro mucho
se le han llenado los ojos de lágrimas al final de muchos de los capítulos, y en los últimos no he podido parar de llorar. me he visto a mí misme mucho en marcelino, un hombre al que le cuesta expresarse y que tiene miedos y deseos... de verdad que 10 mins llorando al final. pero en plan bien. leedlo porfi.
Hacía tiempo que no lloraba con un libro. Y cuando digo llorar, digo LLORAR. Ojalá se pudieran dar más de cinco estrellas, porque se las merece. Me ha hecho sentir tantas cosas que no sé hacer una reseña con sentido que se entienda más allá de mi interior. Como Marcelino, yo también siento que tengo mucho que decir pero que no encuentro las palabras. Qué ternura de libro.
“Ella permaneció con la boca abierta y conmigo dentro unos minutos, quizá siglos. Tragó. Salió de mí. Desde abajo aún, sin moverse, me miró a los ojos. Ya te tengo todo dentro, Marcelino. Ni un reguerillo se me ha escapado.”
“Quise ser el campo bajo las ramas frondosas de la higuera, cubierto de almíbar, y que ella se quedara pegada a mí, retenerla.”
“Tenía miedo a que el coño de mi Encarna hubiera dejado de ser el lugar de su disfrute y el mío para ser el pozo negro de nuestro hijo.”
“Pero es que yo quería limpiar a mi Encarna, yo quería curarle ese cuerpo que le estaba rompiendo con mi semilla, yo quería que no me odiara.”