La metáfora del retorno es uno de los motivos más inquietantes de la tradición literaria. De algún modo significa afirmar nuestra identidad, pero, sobre todo, reconocernos en los otros supuestamente diferentes. Hasta cierto punto todos somos Ulises o Nadie, dependiendo del momento y de nuestro grado de percepción. En esta línea de conocimiento y descubrimiento, así como de reconocimiento, trascendencia y corroboración, se circunscribe El regreso de Jorge Gallego, una novela intensa que fluye a partir de una absoluta sencillez hasta convertirse en un complejo entramado conforme el protagonista madura y se reintegra a la (su) naturaleza, en un intento por vencer demonios y superar vicios. Novela de aprendizaje, sin moraleja ni lecciones de vida, de liberación en su sentido más filosófico, y de denuncia social, al margen de ideologías redentoras, que emplea el realismo como sustrato para emerger como una narración tan asombrosa como fantástica. Así, Lautaro, con los ecos del viejo líder mapuche, se reivindica desde el poder de una enigmática piedra, que reaviva la resistencia y la esperanza.