«Aunque está perdido en el espacio,en el tiempo, en las infinitas partiturasde la vida, las notas lo llenan, lo guían,lo mantienen contento.»
Beatriz Rivas ha cincelado una joya literaria que resplandece en la penumbra. El último viaje no es una simple novela; es un canto de cisne a la belleza de lo perecedero, una oda a la arquitectura invisible que sostiene a una familia. Con una prosa sensible y reveladora, la autora nos presenta a Antonia yGaspar, un matrimonio que, tras más de seis décadas juntos, enfrenta los desafíos de la edad con lucidez y humor. Antonia se topa de frente con la «vejez» como diagnóstico, mientras Gaspar lidia con sus primeros y dolorosos lapsus de la memoria. Paralelamente, los hijos confrontan sus propias Nicolás, cuyo corazón es un mapa de luto y desamparo, y Roberta, obligada a reescribir su destino ante la verdad de su cuerpo.
En medio de un viaje por carretera por la costa este de EstadosUnidos, concebido como una última aventura familiar, los cuatro personajes se entrelazan en un tapiz de recuerdos, anhelos y revelaciones. Entre risas compartidas y secretosguardados, cada uno se enfrenta a la inminente realidad de la caducidad, la resiliencia del espíritu humano y la búsqueda de significado en el ocaso de la vida. Abre estas páginas si te atreves a descubrir que el crepúsculo no es la oscuridad, sino la hora más hermosa para encender todas las luces.
Tiene estudios de derecho y de periodismo. Ha impartido clases de literatura, geografía política y radio.
Antes de comprometerse definitivamente con la literatura, incursionó en medios de comunicación: televisión (Imevisión, Canal 40 y Cepropie), radio (Monitor de Radio Red y la XEX) y prensa (perteneció al grupo fundador del semanario Milenio y ha sido columnista de diversos diarios y revistas). Desde 1986 hasta el 2003 tuvo la oportunidad de trabajar al lado de José Gutiérrez Vivó, José Cárdenas, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva y Jorge Castañeda entre otros personajes. Fue gran amiga y albacea del testamento de la pensadora Ikram Antaki.
En el mundo de la imaginación creadora, estudió un diplomado en literatura mexicana del siglo XIX en la UAM Xochimilco y una maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana. Participó en los talleres de edmundo Valadés, Guillermo Samperio, Humberto Guzmán y Miguel Cossío Woodward.
Hace tres años fundó su propio taller de creación literaria y actualmente se dedica a la investigación para poder escribir su quinta novela.
En el ámbito privado, tiene cinco vicios imprescindibles: su hija, los viajes, las pláticas interminables con amigos, el amor a la comida y un buen vaso de whisky en las rocas. Beatriz colecciona fotografías y libros autografiados directamente por el autor.
En su lista de pendientes están: cursar un doctorado en filosofía, aprender alemán, continuar sus estudios de piano (abandonados hace ya un buen rato), traducir sus novelas a otros idiomas y seguir viajando. ¡Ah! También quisiera vivir permanentemente enamorada.
Me gustó y me pareció entretenido. Me parece que el libro navega en la superficie y se concentra en un mundo de privilegio, lo cual no está mal. Pero habita el espacio del lugar común. Tiene buenas frases. Creo que me faltó algo de profundidad, el tema del Alzheimer me parece un tema muy fuerte y más en una familia donde hay cariño, comprensión y amor. Aquí parece que lo tienen muy asumido y que son profundamente maduros todos en el proceso de aceptación. Me faltó, me quedé con ganas de más.
¿Cuándo empieza realmente nuestro “último viaje”? ¿Con el deterioro físico propio de la edad… o desde el momento en que comenzamos a abandonarnos a nosotros mismos?
Eso fue lo primero que pensé al terminar esta lectura.
Contrario a lo que imaginaba al leer la sinopsis, fue un libro mucho más ligero y fluido de lo esperado. Honestamente, pensé que sería una historia densa y profundamente triste, pero no fue así. La autora nos hace parte de un viaje familiar que varios personajes consideran podría ser el último, y, de manera muy natural, va mostrando cómo existen secretos familiares que cargamos durante años y que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz, lo queramos o no.
El 30 de abril tuve la oportunidad de conocer a la autora en uno de mis clubes de lectura, y algo que me gustó mucho fue escucharla hablar sobre los elementos “silenciosos” de la novela. Mencionó cómo la casa o la jacaranda, aun sin ser personajes propiamente dichos, tienen una presencia viva e importante dentro de la historia. Después de escucharla, fue imposible no verlos de esa manera.
También me pareció muy interesante saber que, contrario a lo que muchos podrían asumir, la autora no quería escribir una novela autobiográfica. De hecho, buscó conscientemente que los personajes fueran muy distintos a su propia familia. Incluso compartió que el personaje de Roberta nació a partir de la historia de la amiga de una de sus amigas, y que decidió plasmar el accidente prácticamente tal, por lo cual tomó notas mientras escuchaba su relato para poder plasmar cada momento de la forma más auténtica posible.
Otro detalle que disfruté muchísimo fueron los epígrafes con canciones de The Beatles. Me pareció un gran acierto, especialmente porque la autora, gran admiradora del grupo, sabe que su música es un gran puente entre generaciones. Además, siento que funciona como un güiño muy bien logrado al tema del Alzheimer's disease: muchas personas olvidan casi todo, pero conservan la memoria musical durante más tiempo, y justamente la música suele ser recomendada para ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad.
Aunque disfruté la lectura, sí sentí que la historia se enfocó más en los hijos que en los padres, y yo esperaba un poco más de profundidad en estos últimos. También hubo momentos en los que los personajes me parecieron algo planos emocionalmente. A pesar de los temas tan sensibles que aborda la novela, nunca terminé de sentir esa intensidad o montaña rusa emocional que normalmente acompaña historias de este tipo.
Y, curiosamente, creo que eso mismo hizo que el final me gustara tanto. Porque termina siendo un cierre esperanzador y profundamente cotidiano. Un recordatorio de que nunca es tarde para reconectar con uno mismo, tomar acción y empezar a vivir esos sueños que hemos ido postergando.
Es de esos finales que, de alguna manera silenciosa, te dejan con más ganas de vivir.
Me sorprendió lo mucho que este libro me impactó a nivel personal. Beatriz tiene la habilidad de construir frases que se quedan contigo y te invitan a la reflexión. Esta novela me dejó con una sensación de vacío; me hizo cuestionar lo que he hecho (o dejado de hacer) con mi familia, recordándome lo frágil que es la vida y lo rápido que transcurre. Más que el relato de un último viaje familiar, es una exploración sobre lo doloroso que puede ser el paso del tiempo. Terminé con una urgencia extraña de salir corriendo a aprovechar la vida, su descripción de la vejez me generó incluso cierta ansiedad por el futuro. Es una lectura ligera, entretenida y sobre todo para quedarse con muchas frases subrayadas
Creo que todos los libros tienen algo valioso, no hay como leerlo y vivirlo, pero al empezar este esperaba que profundizara más en el Alzheimer, incluso en cómo lo vive la familia. Desde mi perspectiva, se enfoca más en la vida de los hijos que en la del padre. Aun así, los últimos capítulos fueron los que más me atraparon.
Dejo aquí algunas citas que me movieron mucho: “El dolor por la pérdida, aunque ya es añejo, sigue lastimando”. “¡Cuánto cura la palabra!”. “Besar es dejarse ir, fluir en el otro sin pensar, solo sintiendo”. “¿Por qué la gente se preocupa por lo que sucede después de la muerte, si lo peor es lo que les pasa a quienes se quedan en este mundo, en el desamparo?”
La novela habla de la familia Taracena. Antonia y Gaspar ya son mayores y Gaspar tiene Alzheimer. A su vez, tienen dos hijos que rondan los 60 años y también comienzan a vivir sus achaques de edad. Ellos también tienen hijos pero no son protagonistas en esta historia, simplemente habla de ellos 4 y un viaje que deciden hacer en familia para "llenar de recuerdos la maleta que nos llevaremos al otro mundo".... Es muy fácil de empatizar con la novela. Escrito de una manera tan bella siendo un tema doloroso (ver a los padres envejecer, perder seres queridos...)
El tema de este libro vale mucho la pena, en un entorno que la vejez de la población va creciendo y no encuentra su lugar en el mundo. He leído otros libros de esta autora y su prosa siempre me gustó, en esta ocasión debo confesar que estuve a punto de dejar de leerlo porque la primer parte está escrita, para decirlo coloquialmente, plana... fue el tema el que me mantuvo leyendo y sorpresivamente en la segunda mitad volví a encontrar la manera de narrar que me había gustado anteriormente de Beatriz Rivas.
El último viaje de Beatriz Rivas es una novela que se despliega como un recorrido íntimo por la memoria, las pérdidas y los vínculos que nos definen. Con una prosa cercana y emotiva, la autora nos lleva de viaje junto a sus personajes, invitándonos a mirar sus historias como si fueran espejos en los cuales podemos reconocernos.
A través de este trayecto narrativo, Beatriz construye una reflexión sensible sobre lo que dejamos atrás, lo que cargamos y aquello que, inevitablemente, nos espera. Una lectura que conmueve por su honestidad y por la forma en que logra que cada lector encuentre un fragmento propio en el camino.
El último viaje de Beatriz Rivas es una historia profundamente conmovedora sobre esas despedidas silenciosas que ocurren aun cuando las personas siguen vivas. Con una sensibilidad sutil, la novela nos enfrenta a los vínculos que cambian, a lo que no se dice y a la necesidad de soltar.
Es un libro que duele con suavidad… y se queda contigo.
Es un buen libro pero no espectacular. El tema hacia el que está enfocado me agrada. Te hace cuestionarte sobre tu vejez independiente de la edad que tengas y piensas sobre tus papás y abuelos. Te planeas situaciones que tal ves no tenías claras. Le falta más narrativa sobre los lugares y los personajes. Buena idea no tan mala ejecución
La familias perfectas no existen pero si las familias amorosas. Los padres comparten un road trip con su hijo e hija, ellos ya ancianos y los hijos entrando a la tercera edad en su 60's. Viendo como se van desvaneciendo sus padres, que ya se van desdibujando entre enternecidos y preocupados porque son una muestra de lo que les espera en su futuro. Hermosísima novela, la devore de un día al otro.
El tema y la trama sonaban muy bien pero la estructura y la forma no me gustaron nada. Lo hace muy repetitivo, muy simple. Los personajes se sienten planos y poco explorados, deja una sensación de que podrían se mucho mejor aprovechados.
Para mi gusto es una historia con gran potencial que se queda en algo predecible y poco memorable.
Una realidad narrada con corazón. La vejez no les sucede a todos. Una historia de una familia que nos deja muchas cosas para reflexionar. Si estás en esta parte de la vida debes leer esta última entrega de Beatriz Rivas.
De mis autoras favoritas. Nos lleva a un viaje de reconciliaciones, culpas, secretos y miedos. A través de un viaje en auto por la costa este de los EEUU, una familia de 4 , nos llevan por sus más profundos miedos, enseñándonos que, si bien la muerte es inevitable, la vida es una oportunidad única.