Me ha encantado esta historia desde la primera página. Me he sentido muy conectada con Bruno y con todo el proceso emocional que vive, porque transmite de forma muy real lo que significa crecer cargando inseguridades y, poco a poco, empezar a soltarlas. La forma en la que se describe su pasión por el fútbol americano me pareció especialmente potente: no es solo un deporte, es su refugio, su espacio seguro, y eso está narrado con muchísima sensibilidad. La relación con Clara me resultó preciosa y muy auténtica. Me gustó que no fuera un romance idealizado, sino algo sincero y lleno de pequeños gestos que realmente impulsan el cambio en Bruno. También me emocionó el papel de su familia, porque aporta ese equilibrio entre amor, apoyo y realidad que hace que la historia se sienta cercana. Muy recomendable.