El gran problema del ser humano moderno, afirma Silvia Bardelás, no es la infelicidad, sino la desafección a la que, debido a un exceso de abstracción, nos ha llevado la sociedad profundamente tecnológica e individualista del siglo XXI. En este magnífico ensayo, surgido de la intimidad y la experiencia, Bardelás adopta una nueva perspectiva filosófica en pos de un conocimiento no puramente metafísico o ético, sino también político que nos permita romper con la dicotomía entre individuo y sociedad. Esta conciencia nueva implica una transformación de la concepción de la identidad, un modo de percibirnos a nosotros mismos y el mundo que, gracias al arte y la literatura, nos permita trascender esa individualidad aislada y conectar con la intimidad de los demás. Una obra atrevida y necesaria que, como señala Bernat Castany en el prólogo, «entrega a la filosofía lo mejor de la literatura, que es la capacidad de encarnar las ideas en personas y en situaciones palpables, logrando así abrirnos las puertas de su intimidad».
En “Una conciencia nueva. La urgente pregunta de quiénes somos”, Silvia Bardelás propone una reflexión lúcida y profundamente necesaria sobre el modo en que habitamos el mundo contemporáneo. Se trata de un libro urgente, no tanto por su tono, siempre contenido y meditativo, sino por la relevancia de las preguntas que plantea: ¿quiénes somos realmente en una sociedad que nos define desde fuera? ¿Qué queda de nuestra identidad cuando esta se construye a partir del reconocimiento ajeno?
Bardelás cuestiona la idea de que la identidad dependa de ser vistos o validados por otros, señalando que ese reconocimiento no funda el ser, sino que a menudo lo distorsiona. En este sentido, el libro es una invitación a reconectar con una conciencia más auténtica, previa a las imposiciones del sistema social y económico. La autora denuncia la “tiranía de la razón”, entendida como una forma de vida que privilegia lo productivo, lo medible y lo útil, en detrimento de la sensibilidad. Bajo este mandato —claramente vinculado a la lógica del capitalismo contemporáneo— el individuo se convierte en una pieza funcional, desconectada de sí misma y de los demás.
Uno de los ejes más sugerentes de la obra es la reivindicación de una “inteligencia sensible”: una forma de conocimiento que pasa por el cuerpo, el tiempo vivido y la experiencia. En un mundo saturado de estímulos y ruido, Bardelás advierte cómo vivimos anticipando el futuro para no sentir el presente, lo que nos aleja de la experiencia real del tiempo. Esta crítica se amplía a una sociedad que ha olvidado la experiencia genuina, sustituyéndola por simulacros.
Frente a ello, la autora propone recuperar el “estar”: una forma de presencia que permite no solo sentirse real, sino también entrar en relación con los otros desde la intimidad. La literatura, en este marco, aparece como herramienta privilegiada para detectar los fallos de nuestra organización social y para abrir espacios de sentido.
“Una conciencia nueva” es un ensayo que interpela al lector desde lo más íntimo, recordándole que no somos sin los otros, pero que solo desde una conciencia propia y encarnada es posible construir relaciones verdaderas y, quizá, una vida más plena.
Este libro es un ensayo,filosofía de vanguardia que resiste el análisis cultural y social más contemporáneo
Deleita al lector ,que necesite estar más cerca de la realidad,que se cree y probablemente sea empático…pero también es “hijo de su tiempo “,donde predomina la prisa y el individualismo
Vivencias personales,lecturas,películas …Silvia Bardelás es una escritora generosa,pone todo al alcance del entendimiento y la reflexión del lector
La defensa de la acción como parte de la humanidad,solo puede ser la herramienta de nuestra toma de conciencia como parte de la humanidad que conformamos. No somos individuos,somos relación
Leer un ensayo nunca fue tan accesible y gratificante
Reflexionar y tomar perspectiva de donde estamos y hacia dónde queremos ir,es necesario
La palabra sería una protagonista si estuviéramos hablando de una novela
“En ningún momento hemos pensado que algunas de nuestras mínimas acciones pueda provocar un efecto de acciones en los otros.Tampoco nos ha afectado el principio de la incertidumbre,la indeterminación”
Gracias a Babelio, Masa Crítica y la editorial Acantilado por enviarme este ejemplar de una obra tan interesante. No había leído nada de Silvia Bardelás, y la verdad es que su prosa es muy bella, su narrativa fluye con maestría y sus ideas se entienden claramente. Este libro es un ensayo, pero se siente muy personal porque intenta evitar las etiquetas y reivindica la conexión que genera la intimidad y el reconocimiento de la subjetividad frente a los discursos identitarios. La autora defiende una cierta interpretación del romanticismo frente al racionalismo ilustrado que ella asocia a la abstracción y a la obediencia ciega de las leyes. En una serie de tres capítulos estructurados de una forma muy particular, con unas cursivas que marcan discontinuidades temáticas dentro de ellos, aborda el diagnóstico de las múltiples crisis de nuestro siglo, nos comparte su teoría de la novela (abordada en su tesis doctoral), sus experiencias límites y muchas de sus lecturas (Foster Wallace, Carrère, Woolf, Pynchon, Dostoyevski, Joyce, Jung, etc.). A veces pareciera que la pregunta que promete el subtítulo no será respondida. ¿Qué sustenta esa pregunta urgente que da cuenta de una nueva conciencia? Cuatro elementos: la corporeidad, la alteridad, la interposición y la finitud que constituyen esa nueva conciencia que transforma la intimidad en energía vital. El primer elemento hace referencia a que somos cuerpo, naturaleza, y, por tanto, la percepción y la sensibilidad juegan un rol central que ella defiende como una vuelta a la inteligencia estética de los románticos. El segundo elemento hace referencia a la necesidad de los otros, de constituir un nosotros, pero no como grupo etiquetado bajo una sigla sino como aquél que se reconoce en la mirada o la lectura del otro. Llega al punto de decir que sin lector no hay autor, defendiendo una visión muy deflacionaria de la autoría en favor de la cultura como subjetividad situada. El tercer elemento, lo que ella llama “estar en medio”, es ese estar con los otros, necesitar de los otros, actuar con los demás, depender de los demás para existir y para que otros existan. Finalmente, el último elemento es la conciencia de que nuestro tiempo se acaba, que dejaremos de existir, al igual que otros. Pero si desarrollamos nuestra subjetividad podremos seguir conectando incluso cuando no estemos, mientras que el jugador del metaverso no conecta realmente con nada. Me gusto especialmente la parte de que habla sobre los regalos, porque mi tema de mi trabajo final de grado fue sobre la economía del don, y las reflexiones que hace me recordaron a muchas ideas sobre las que leí y escribí sobre lo innato y necesario de la cooperación y la ayuda mutua en las sociedades para sobrevivir e evolucionar. He conectado con muchas de sus teorías y apreciaciones sobre la vida en comunidad y el vinculo con la naturaleza, y la importancia del uso que se hace de las tecnologías y como mantenernos "humanos". La única crítica que le haría es que faltan puntos aparte, y que al ser solo 3 partes, o capítulos, cada sección es realmente extensa y a veces se hace mas difícil mantener la idea principal lo suficientemente nítida entre tantas ideas y cuestiones que va tratando. En resumen, un ensayo recomendable para reflexionar sobre la forma que nos pensamos a nosotros mismos en relación con los otros, como comunidad y a futuro. Que queremos, que nos parece deseable y que peligros deberíamos identificar previamente para poder alejarnos de escenarios distópicos.