El miembro fantasma es la amputación que permanece como dolor y como presencia. ¿Se trata de un dolor imaginario?
No, es real. Los personajes de estos cuentos cargan con lo perdido. Dolores que quedan enquistados, latiendo sordamente en el ámbito más íntimo; que permanecen alojados en la memoria de las familias, los amantes, las amistades; que se inscriben en la historia de una nación herida. En ese universo, las adicciones, las huidas o los desapegos son la anestesia para lo que no se puede soportar o porque algunos fantasmas no se ven, deambulan dentro de nosotros.
Fernanda Trías (Montevideo, 12 de octubre de 1976) es una escritora uruguaya. Es profesora de inglés y traductora certificada.
Fernanda Trías is a Uruguayan writer. She was born in Montevideo in 1976. She is the author of three novels and two short story collections. In 2004 she won a Unesco scholarship to write in Camac, an artists’ residence in Marnay-sur-Seine. She lived for five years in the medieval village of Provins and a few months in London. She spent one year in Berlin and two years in Buenos Aires. Trías earned a Master’s degree in creative writing from New York University and was disciple of the Uruguayan writer Mario Levrero. She integrated anthologies of new narrative in Colombia, the United States, Uruguay, Peru, Germany (Neues vom Fluss: Junge Literatur aus Argentinien, Uruguay und Paraguay, 2010) and UK (Uruguayan Women Writers, 2012). Her novel Rooftop (La azotea, 2001) was selected among the best books of the year by the El País Cultural Supplement, and won the third prize of edited narrative of the Uruguayan National Literature Prize (2002). In 2006 she received the BankBoston Foundation Prize for National Culture. She was one of the “Voices for the New Millennium”, organized by Cornell University in 2013. She currently lectures in Creative Writing at the Universidad de los Andes in Bogotá, Colombia. Her most recent novel Mugre Rosa (Pink Slime) has just come out in Uruguay (2020).
He leído otras obras de Fernanda Trías y siempre me asombra ese don de contemplación que revela la acción que pasó sin contarla, las sombras que quedan del movimiento. Hay cuentos que son una carta, una conversación, la contemplación de un pájaro en la ventana, y a través de esa contemplación surge la historia, lo que lleva a cada personaje a ese momento. Y también hay cuestionamientos a la sociedad en cuanto a roles de género y clases sociales. En mi opinión, algunos cuentos me resultaron destacables, tales como “Miembro fantasma”, “Una mujer de su época” e “Intimidad irreemplazable”. Otros se me hicieron largos y hasta algunos demasiado experimentales, pero por supuesto es subjetivo.
En estos 10 relatos, la atora uruguaya Fernanda Trías amplifica la existencia de lo que no se puede ver.
Miembro fantasma es la sensación real de que una extremidad amputada sigue allí, unida al cuerpo. Y esta sensación puede producir dolor real en quien la padece.
De la misma manera, en los cuentos de Trías sus personajes cargan con dolores, penas y vacíos que parecen no existir, pero que laten vividamente y remanecen.
Una mujer que aparece, para ella, inapropiadamente en la novela de una escritora, amiga de su infancia, un inmigrante que recuerda con dolor pero con el cariño irreversible que se siente por la patria, la calle donde creció y por qué el pueblo fue abandonado, una madre que no se ve a sí misma como tal, y en la dinámica familiar no halla su lugar, adictos que quieren recuperarse, pero el mundo también les miente...
“Ciclón”, “Miembro fantasma”, “Intimidad irremplazable ” y “Si el mundo parara de hacer lo que hace” fueron mis relatos favoritos.
Un libro corto para sumergirse en una experiencia de pérdidas y amputaciones (no físicas, pero sí dolorosas).
Me gustó como esta escrito, no es muy rebuscado y cada cuento va pasando cómodamente sin ser pesado. Si siento que los primeros cuentos fueron mejores y a medida que ibas avanzando los otros se volvían más malos Mis favoritos fueron Ciclón y Miembro Fantasma Libro de la edición de febrero de Bukku
Me costó conectar con su escritura y como narraba, recien al final pude disfrutar un poco los cuentos, pero ni así puedo decir que es una buena lectura.
Un libro del que si me preguntan de que trata, no sabria que responder, diría: ni me acuerdo, la verdad, solo sé que lo leí en una semana porque es cortito.
Escribir relatos es un proceso complicado. Mantener un mismo hilo conductor y tono para historias, a priori, que parten de ideas distintas, es algo muy difícil de hacer. Y Trías lo hace de una manera muy sencilla, casi natural, poniendo el énfasis en la concepción de vacío, de ausencia, algo que en lo físico se ejemplifica con el concepto médico de <>, pero que sus personajes lo interpretan en un sinfín de huecos internos, de faltas, de irreparables que no se pueden percibir con los sentidos, pero que, sin embargo, inundan su día a día.
Al igual que resulta complicado la escritura, la conexión con el lector también se hace igualmente más intrincada. Partiendo de que el estilo que usa Trías es enormemente humano, cercano, vívido y sagaz y de que los escenarios y el contexto que se refleja acompañan a lo narrado de forma muy intensa, la lectura de este conjunto de relatos, me ha provocado varias sensaciones o percepciones: por un lado, he disfrutado muchísimo de la familiaridad de algunos, de la simpleza de tejer una historia dentro de un hogar y poner todo el peso del relato en las heridas de la protagonista (me estoy refiriendo en este caso al relato de la mujer y el pájaro, mi favorito junto al de Ana María), de aquellos que evocan memoria, que conectan pasado con presente, que narran una historia compartida o que interpelan al lector con algo tan cercano como los años de la pandemia del coronavirus. Luego hay otros que, si bien resulta más tedioso destripar, guardan una enorme belleza por su composición, por como Trías narra y cuenta con una belleza cálida y muy acertada, por lo oscilante del temple de la narración. Ahí la conexión es automática; si te gusta la literatura, priorizas el arte a pesar de no conectar tanto con el tema. Y, finalmente, he encontrado algunos relatos (los que menos, puede que un par) que no he logrado entender -tal vez sea culpa mía- o con los que no he sentido nada. Eso no ensombrece para nada la obra en su conjunto; también es algo que pasa en narrativa cuando nos encontramos con pasajes que leemos en diagonal.
Algo que me ha llamado poderosamente la atención de este compendio, ha sido la elegancia para decir, incluso cuando se abordan temas dolorosos, o cuando se dejan cosas caer a la sobreentendida. No es nada sencillo estar narrando un asesinato a balazos y que, sin embargo, te parezca algo inofensivo, una estampa que admirar. Los personajes de estos relatos son como una suerte de miembros de Oz, llenos de esquinas, pero manidos como un pantalón viejo al que se le empiezan a hacer agujeros en la entrepierna. Ese trasfondo sociocultural y político que aparece como destellos en algunos de los relatos, es también fundamental para entender el valor de este conjunto.
No me gustaría terminar esta reseña sin destacar el primero de todos los relatos donde, a mi parecer, Trías despliega toda su sapiencia literaria para tejer un relato enmarañado, alocado, divertido y con un profundo sentido. Una lectura ágil, interesante, muy contemporánea, cargada de piezas que se pueden reconstruir o esparcir como las de un puzle y muy grata de leer.
Si exceptuamos un par de relatos más juguetones y preocupados por lo metaliterario, «Miembro fantasma» centra su atención en las adicciones y los vínculos rotos. Los personajes de Trías son dolientes, están rotos de alguna manera. Lo mismo sucede con la memoria, algo frágil construido a base de silencios y ausencias. También podemos observar algo parecido con los espacios domésticos y urbanos, descritos como extensiones de los personajes que los habitan y con sus mismas cualidades. Cuanto más se aleja de la autoficción es cuando más brilla Trías, como en «Miembro fantasma» e «Intimidad irremplazable», dos de los mejores relatos del libro. Es éste último el que más se aleja del realismo al convertir una ausencia en algo espeluznante: la protagonista vive una vida vacía, carente de sentido. También es el relato que más se acerca y recuerda a los incluidos en «Nido de pesadillas» de Lisa Tuttle.
Decía Piglia que el boom literario latinoamericano del pasado siglo tenía mucho que ver con la mirada europea y occidental sobre Latinoamérica. Así como nunca existió el Oriente, esa visión europea que construyó un espacio salido de «Las mil y una noches», tampoco la Latinoamérica real es ese mundo rural donde llueve café. En este nuevo boom sucede algo parecido, especialmente con las autoras publicadas desde España. La tendencia a estandarizar y homogeneizar que tiene el mercado marca unas pautas y cierra cada vez más la posibilidad de experimentar en fondo y forma. Quizás haya que buscar esa experimentación en otra hipótesis de lectura, la de la ciencia ficción y la ficción extraña, poco traducida y casi nada publicada fuera de sus fronteras nacionales, pero muy leída. Isabel Allende es el ejemplo de cómo una obra responde no a la propia tradición literaria y cultural de un país sino a la mirada desde fuera de esas tradiciones. Tal vez el neogótico latinoamericano, otra hipótesis de lectura, esté cayendo en lo mismo. El tiempo dirá.
Miembro fantasma, de Fernanda Trías, es un libro de relatos que incomoda desde su propia premisa: la persistencia del dolor en aquello que ya no existe. El título no es solo una metáfora sugerente, sino el núcleo conceptual que atraviesa todo el volumen.
Los cuentos no funcionan como piezas aisladas, sino como variaciones sobre una misma herida: la ausencia que sigue actuando. Trías construye personajes atrapados en recuerdos, pérdidas y vínculos que no terminan de disolverse. No hay redención ni cierre; lo que domina es una sensación de continuidad del daño.
La prosa es contenida, precisa y sin concesiones. No busca embellecer ni suavizar, sino tensar. La autora trabaja con el silencio, la elipsis y los finales abiertos, lo que exige una lectura activa. Aquí no se entrega todo: el lector debe completar, interpretar y, en cierto modo, cargar con el peso del relato.
Temáticamente, el libro transita entre lo íntimo y lo político sin establecer fronteras claras. La memoria personal se mezcla con la historia colectiva, y esa superposición genera algunos de los momentos más sólidos del conjunto.
No todos los relatos tienen la misma fuerza, pero el libro mantiene una coherencia notable. Es una propuesta clara: no pretende entretener, sino remover.
No es un libro para todos los lectores, pero sí para quienes buscan una narrativa breve exigente, densa y con una voz muy definida.
“Dos meses es mucho tiempo; incluso una semana es mucho tiempo mientras se está resbalando hacia el abismo” ~ Miembro fantasma de Fernanda Trías.
Hace unas semanas terminé de leer este recopilatorio de relatos que giran en torno a ese algo que nos falta, pero que sentimos ahí, como ese miembro fantasma que nos han amputado del que tenemos una sensación de presencia viva. Y bueno, ya no suele ser muy buena mi relación con los relatos y este caso no ha sido una excepción. En su mayoría los he sentido muy opresivos y tristones. Sí, algunos me han gustado más que otros, pero la línea general de este libro pasará sin pena ni gloria por mi memoria.
Como me he quedado un poco chafada y me gustaría leer algo más de esta autora, –que no sean relatos por supuesto–, casi os pediría que me recomendaseis alguno de sus libros porque la verdad es que me genera curiosidad, así que si habéis leído uno que os haya gustado, os escucho.
Me gusta escribir las reseñas tan pronto termino el libro para que no se me escape nada y es que cada vez tengo más claro que los libros son del momento vital en que los leemos. Este libro de "cuentos" me lo ha vuelto a constatar porque lo empecé de una manera y no me atrapó y en medio, algo en mí cambió (que sé qué es) y también la percepción de lo que estaba leyendo para a partir de entonces, no soltarme. Me han parecido unos cuentos brillantes, con un léxico y una narrativa deliciosa para la que la autora no ha necesitado ni pretendido desprenderse de los términos de su lengua. Unos cuentos que para mí, cuentan más por lo que omiten y dejan que tú te imagines o adivines que por lo que realmente cuentan en sus líneas. Estoy empezando estos meses con cuentos, no los había leído nunca y esta es mi segunda o tercera inmersión en algo así seguida... Debo decir que me están cautivando y es que con tesoros como este, es fácil tarea.
Esta serie de cuentos fueron para mí de menos a más. Siento que con los primeros no pude conectar, no eran para mí. Los leí hace una o dos semanas y ya ni si quiera los recuerdo, porque no me generaron interés. Sin embargo hacía el final de la serie empecé a conectar con las historias. Me resultaron más interesantes, me daban ganas de leer un cuento más.
Mi calificación no podrá ser objetiva porque reproduje la playlist de Bukku y sonó Adagio en mi país y automáticamente me ví con 6 años armando un rompecabezas mientras mi papá tomaba mates con su termo de peñarol. Gracias a la autora por eso. (La última carta a Claudia es una piña en el medio de la cara)
Fernanda Trías es una genia. “Una mujer de su época” y “grupo de foco” fueron mis favoritos. Creo que soy más fan de sus novelas pero el ritmo y la complejidad que explora en sus cuentos es fantástica.
Cuando esperás poco y un libro entrega mucho, ¡hay magia! Es lo primero que leo de Fernanda Trías y me cautivó, porque tiene una prosa incisiva y directa, va al punto y muchas veces es filosa. Mi libro vuelve a la biblioteca lleno de remarcados y subrayados. Me en-can-tó.
Relatos para mi muy extraños que no me aportaban nada aunque alguno empieza interesante eso si pero a medida que avanza ya no me atrae nada. Personajes muy tristes y apagados que han hecho que yo también este igual de triste y apagado leyéndolo ( en el mal sentido).
una pasada, y eso que a mí los libros de relatos me cuestan porque cuando hay uno que me gusta mucho me deslumbra demasiao como para poder apreciar los demás pero es que aquí son todos tan buenos......
En este tomo, Trias acumula un puñado de cuentos que, si bien son interesantes y no decepcionan, no llegan al nivel que logra en sus novelas. Lectura ágil para un fin de semana.
Algunos de los relatos están buenos, otros no tanto. Le di una oportunidad a esta autora porque Mugre Rosa no me gusto y este no termina de convencerme.