"Odio las uñas postizas de colores extravagantes, las cabelleras falsamente rubias, las blusas de seda fría y aretes de brillantes a las cuatro de la tarde. Nunca tantas mujeres parecieron travestis o prostitutas disfrazadas de buenas esposas.
Odio el perfume excesivo de estas mujeres maquilladas hasta el punto de parecer cucarachas de panadería; además, me hace estornudar. Y ni hablar de sus accesorios, esos teléfonos inteligentes con forros infantiles, en colores como el fucsia con lentejuelas, imitaciones de piedras preciosas y figuritas ridículas. Odio todo lo que representan estas mujeres no biodegradables de cejas depiladas. Odio sus voces chillonas, impostadas, como si fuesen muñequitas de cuatro años, pequeñas putitas de traqueto embotelladas en un cuerpo de mujer erecta como varón. Todo es muy confuso, estas mujeres-niña-macho me perturban, me agobian, me hacen pensar en todo lo que está roto y estropeado en un país como este, donde el valor de las mujeres está determinado por el tamaño de sus culos, la redondez de sus pechos y la estrechez de su cintura. Odio también a los hombres disminuidos, reducidos a su más primitiva versión, siempre buscando una hembra para montarla, para exhibirla como un trofeo, para canjearla o para ganarse un estatus entre otros cromañones de la misma ralea. Pero así como odio este universo mafioso que desde hace más de treinta años predomina en la estética del país, en la lógica de los matones, de los políticos, los empresarios y de casi todo el que tenga una mínima relación con el poder (...) Odios esa costumbre de referirse como 'indios' a quienes según ellas pertenecen a un estrato bajo. Odio esa manía de diferenciar entre el 'usted' y el 'tú' dejando el 'usted' exclusivamente para el servicio. Detesto el servilismo de los meseros en los restaurantes, cuando corren apurados a atender a los clientes y dicen 'su merced qué quiere', 'lo que su merced guste', 'como ordene su merced'. Odio tantas cosas y de tantas maneras, tantas cosas que me perecen injustas, estúpidas, arbitrarias y crueles, las odio más cuando me odio a mí misma por hacer parte de esta realidad inevitable."
"Sólo cuando nos separamos llegué a hacer un diagnóstico: el paciente neurótico, en este caso Eduardo, hace de su mundo un espejo simétrico del cual espera una respuesta idéntica a sus propias expectativas sobre él. En otras palabras, el paciente busca en su esposa, sus amigos, su trabajo, una réplica de lo proyectado y de su idealización sobre lo que deben ser. En esa medida, no reconoce la existencia del otro como ser independiente, pues el otro sólo existe para él como un reflejo de sus propias necesidades insatisfechas."
"De vez en cuando Karen irrumpía en mis sueños con ferocidad. La turbación que me causaba su presencia se la atribuía sólo a su juventud. A su belleza. No quería o no podía soportar la idea de algo más allá, de algo como el deseo, el apetito carnal. Quizá porque no estoy segura de haber sentido algo semejante, quizá también porque aunque lo sintiera no sabría reconocerlo, entrenada, como he estado desde siempre, para amar a los hombres. Ahora tampoco sé si Karen, esa especie de negra de pelo lacio con nariz de blanca, esa muchacha desprevenida, natural hasta caso resultar agresiva en un mundo donde ya ni las flores crecen en la tierra, era realmente el motivo de mi turbación y de lo que podemos llamar mi deseo. No sé si puedo explicarlo por el hecho de estar envejeciendo. Al final, envejecemos siempre, desde el día en que somos arrojados a este mundo, y sin embargo toma tanto tiempo hacerlo consciente. No vemos nada. No nos vamos viendo desaparecer, así como la belleza no mira, sólo es mirada."
"Hay aprendizajes de manual. Pero cuando se tiene poca calle y se ha tratado poco o nada con casos reales, te pueden morder y no lo ves. O no los quieres ver."
"Quien aprende el arte del fingimiento está más inclinado a ganar."
"...siempre estaba buscando hacer sentir lo rica que era ella, lo pobre que era el otro; su superioridad, la inferioridad del otro. Y así, dice Woolf en el libro, la mujer acaba por convertirse en algo como un espectro, uno de esos espectros con los que se batalla en la noche, uno de esos que nos chupa la sangre y la vida, dominadores, tiranos."
"Nada es más engañoso que un hecho evidente."
"...la vida de uno es un invento, ¿no crees?" Una cosa que uno se inventa de principio a fin. Incluso esos supuestos momentos felices que le dan sentido son un invento."
"Pensaba también en cuántas mujeres sentían que habían estropeado sus vidas por querer complacer a un tercero, por hacer las cosas para ser vistas haciéndolas, más que por el gusto o la intención de hacerlas."
"Andamos inconscientes de nuestro propios impulsos, deseos y elaboraciones. Somos sombras en una caverna sin salida."
"Mi ego me había llevado a seguirla escuchando, a buscarla y ofrecerle mi ayuda, sin llegar a observar que estaba siendo manipulada. Mi supuesta función como psicoanalista era quitarle el velo a mis pacientes, ese que todos vamos construyendo dentro de nosotros mismos acerca del mundo que nos rodea. Las deformaciones de la realidad nos permiten protegernos del sufrimiento, pero al mismo tiempo nos vendan la mirada."