El apasionante relato de la primera escritora profesional de la historia, Christine de Pizan, que luchó por defender la dignidad de la mujer en un mundo dominado por el hombre.
Siglo XV. La joven Clémence de Saint-Sulpice llega a París cuando arrasan la abadía en la que nació y creció. Buscando un propósito en su vida, se ve fascinada por la singular personalidad de Christine de Pizan, a quien en ese momento hostigan los hombres más eruditos de la ciudad. Pizan ha osado criticar la obra El romance de la rosa, de Jean de Meun, debido a la denigración de la mujer que muestra el autor en sus páginas. Cuando la participación en el debate deriva en acoso a la escritora, Clémence echará mano de toda su imaginación para ayudar a defenderla frente a aquellos que tan injustamente la atacan. Para ello creará la Orden de la Rosa, pero ¿logrará acallar las voces injuriosas que se alzan en su contra?
En su primera novela, Nieves Corte ha escrito una emocionante aventura histórica sobre cómo un grupo de mujeres puso los cimientos de la lucha por la igualdad.
La guardiana de la rosa empieza como una historia bastante sencilla, casi íntima, y poco a poco va creciendo hasta situarse en un momento clave: cuando una mujer decide alzar la voz en un mundo que no la quiere escuchar.
Pero, más allá del contexto histórico, lo que de verdad me ha funcionado es su protagonista.
Clémence es de esos personajes con los que conectas sin darte cuenta. Empieza con sus travesuras, casi haciéndote sonreír… y cuando quieres darte cuenta, ya estás completamente dentro de su historia. Su evolución es muy natural y es lo que hace que la novela se sostenga de principio a fin.
A través de ella entramos en el mundo de los libros, los copistas y, más adelante, en la figura de Christine de Pizan, que aporta el contexto histórico y el trasfondo del debate sobre la mujer y su lugar en la sociedad. Todo esto está tratado de forma accesible, sin volverse pesado, lo que hace que la lectura sea muy ágil.
No es una novela especialmente densa ni compleja, y en algunos momentos puede quedarse un poco en la superficie, pero creo que tampoco lo pretende. Funciona muy bien como puerta de entrada tanto a la época como a la propia Christine de Pizan.
Para ser un debut, me ha parecido muy sólido. Engancha, se lee fácil y, sobre todo, deja huella por su personaje principal.
Muy recomendable si te gusta la novela histórica centrada en personajes y con ritmo ágil.
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro. Es una de esas novelas que te atrapa desde las primeras líneas y no te suelta hasta el final. Me he sentido Clemence. He vivido con la abadesa y con la hermana Gentille-Julie en una abadía del siglo XIV, he compartido con el pater Oliverius y con el hermano Anselme labores en un scriptorium, he huido a París con un hábito de leprosa, he trabajado con Nicolette en un hospital, he recorrido las calles París con el Jilguero (“Todo el mundo lo sabe, ¿tú no?”), he crecido con Ludovica, he engañado a La Rumorosa y, en fin, he aprendido de una elegante, valiente y luchadora mujer, Christine de Pizan, a la que he ayudado a defender la justicia y la dignidad de la mujer en un debate contra quienes se consideraban los verdaderos eruditos de París. Una lección de humildad, clase, inteligencia y capacidad. He tenido todo tipo de sensaciones y emociones: he aprendido y sufrido, reído y enfadado. Simplemente, he disfrutado.
El relato es delicioso, con una escritura limpia, sencilla, elegante, emotiva, inteligente y armoniosa. Una aventura bien armada, con una medida tensión que se mantiene a lo largo de toda la obra y que te obliga a seguir leyendo para buscar el ansiado desenlace. Como una buena pieza musical te traslada a otro mundo, a otro momento, generándose sentimientos adversos con cada uno de los personajes de la trama (una amiga desleal, un niño travieso, una vil cotilla, una recta ama, …). Y pese a que la califican como “histórica”, es una novela de ficción que te lleva a la historia a base de historias. Y cuando la terminas te hace sentir ser un miembro más juramentado de “La Orden de la Rosa”: “Solo espero, solo deseo, desde lo más hondo de mi corazón, que allá a donde miremos una rosa se convierta en una docena, una docena en un centenar, un centenar en un millar. ¡Hagamos que el mundo se cubra de rosas!”. Me ha sabido a poco. Empiezo de nuevo a releerla.
Si tuviera que describir la Guardiana de la Rosa en una sola palabra sería simplemente, maravillosa. Es una novela que te atrapa desde el primer momento, escrita de manera muy sencilla, con capítulos muy cortitos que no suelen ser más largos de cinco páginas. Todos los personajes me han enamorado, o, más bien, casi todos. Porque hay alguno que telita… que rabia me dan. La autora consigue sumérgerte en la Francia del siglo XV. Todavía puedo sentir el frio de la abadía que me cala los huesos en las noches de invierno o el pestilente hedor que desprenden los muertos en Paris. A través de Clémence he sentido toda clase de emociones como amor, rabia, traición y la completa admiración hacia Christine de Pizan, la cual defendió a todas las mujeres y qué manera de defenderla frente a los escritores de la época. Gracias a Clémence, he vivido en primera persona la felicidad de poder entrar al scriptorium con los monjes a aprender el fascinante mundo de la iluminación y a darle a los libros la importancia que se merecen, pero, por desgracia, también he vivido la angustia de la invasión de la abadía. Aunque la situación de Clémence cambiara gracias a Christine. Me ha encantado, ¡me apunto a la Orden!
Qué lectura más bonita y emocionante. Nunca pensé que una ficción histórica me haría conectar así. Yo no la encasillaría solo como una obra sobre Christine de Pizan, que lo es. Conocemos a Christine, su historia, su personalidad y su lucha a través de los ojos de Clémence. Pero también aprendemos sobre los libros, sobre el arte de la iluminación, sobre el día a día en una abadía y la vida en París en la Edad Media. Toda la parte que transcurre en la abadía va cobrando sentido y conectándose con las vivencias de Clémence en la parte posterior que se desenvuelve en París. La autora ha conseguido teletransportarme allí, encariñarme con los personajes y engancharme a la trama desde el principio. La lectura me ha hecho sentir todas las emociones a la vez: he sonreído, se me ha encogido el corazón, me he indignado y me he enorgullecido. Sin duda, esta novela va a estar en el podium de mis lecturas de 2026.
Me ha encantado. La autora describe todo de manera muy visual, de tal manera que es como si estuvieras viendo una película. Además, es muy fácil de leer. Le he cogido mucho cariño a Clémence y la autora me ha hecho sentir mucha admiración por Christine de Pizán, personaje histórico que no conocía. En definitiva, me ha encantado tanto la ambientación como los personajes del libro.