Auge trata de explicar un fenómeno político propio de nuestra época: la radicalización. Son muchos los que observan un giro a la derecha en los hombres jóvenes (y a la izquierda en las mujeres), y sitúan el principal motivo en el impacto del feminismo. Este libro, no obstante, emprende un análisis crítico de este fenómeno, e incorpora internet, la politización de los afectos, la mercantilización de las identidades, la cancelación del futuro, la precariedad y las crisis económicas para arrojar luz sobre los violentos giros políticos de la actualidad.
Alicia Valdés (1992) es politóloga y doctora en Humanidades. Su trabajo aborda la resistencia y la subversión política desde diferentes enfoques que permitan nuevas percepciones del sujeto, el cuerpo, las identidades y el deseo. Su enfoque es transdisciplinar y se centra en el psicoanálisis, la filosofía y la política. En la actualidad, trabaja la teoría del afecto, la función del inconsciente, el deseo, el análisis de los marcos discursivos de la extrema derecha y las praxis políticas anarquistas y postanarquistas. Es autora de diferentes artículos académicos y del libro Toward a Feminist Lacanian Left Psychoanalytic Theory and Intersectional Politics (Routledge, 2022).
En Auge se plantea cómo la juventud y los jóvenes (hombres) actúan como un reflejo de la sociedad actual en la que persiste un modelo de masculinidad tóxica que la interpela y es fagocitado por la extrema derecha. Siendo este modelo consecuencia de las diversas crisis socioeconómicas, como se explica en el libro, si antes se asociaba la precariedad a la población migrante, hoy se ha extendido a otros grupos sociales, como la propia juventud. Ante este escenario emerge una respuesta fácil que consiste en culpabilizar a colectivos o movimientos concretos, mediante discursos como "los migrantes te quitan el trabajo" y "las feministas los derechos", construyédolos como enemigos. Como dice Alicia Valdés, si tenemos una manera schmittiana de entender el panorama político ( de confrontación: amigo vs enemigo) no es de extrañar que se replique en cuanto a modelos de comportamiento y de orden social con el binarismo de género ya que en sí mismo este modelo apela a una confrontación de poder del mismo sistema capitalista en el que habitamos y le da rienda suelta para seguir nutriéndose de la desigualdad que a su vez permite que se sostenga. A mi juicio, romper los discursos negativos y de ultra derecha implica no solo abrazar una política afirmativa (Rosi Braidotti), sino aceptar que esta misma rompa el sistema hegemónico que sostiene nuestras vidas y en la que difícilmente las grandes élites y los actores dominantes económicos van a ceder paso. A pesar de esto último, como dice la autora abrazar lo comunitario, hacia el sentido de lo común, es construir modelos que desestabilicen la lógica competitiva. Considero que, aunque este deseo hacia lo comunitario puede desbordar el sistema capitalista desde dentro, normalmente funciona mejor a escalas pequeñas, para no reproducir jerarquías. La pregunta sería ¿cómo podemos escalar una alternativa al capitalismo sin reproducir lógicas de dominación? Creo que podemos deducir que se propone trabajar en pequeñas organizaciones limitando los mecanismos de poder para evitar reproducir los mismos errores. Trabajar el deseo es un buen punto para alejar a las personas y los jóvenes del individualismo, generar deseos de cuidado y suficiencia en lugar de competitividad y acumulación. Pero entonces, ¿Qué límites existen en un mundo globalizado especialmente cuando las estructuras de decisión operan a escala supranacionales? Lo comunitario puede chocar con sus propios límites en un contexto globalizado, donde los marcos como la UE condicionan y restringen la capacidad de transformación desde lo local. Personalmente pienso que, la pequeña escala sirve pero no puede actuar sola sin articular muchas redes en la misma sintonía.
Es una buena introducción para aquellas personas que no han leído mucho sobre la relación entre capitalismo y la situación en la que nos encontramos (incluida la gente joven).
Está claro que Alicia Valdés es una pensadora a la que hay que seguir y a la que hay darle tanto espacio en blanco como sea posible.
Me ha gustado para refrescar ideas, pero, como siempre me pasa con estos formatos, me deja con ganas de más.
Aunque la lectura resulta interesante, creo que no me ha descubierto mucho nuevo. Me hubiera gustado un análisis más profundo en algunos aspectos, aunque como dice la autora no procede en un ensayo tan breve. Creo que está bien para reafirmar lo que ya sabemos, pero realmente no aporta mucho a quienes ya sabemos de la crisis de identidad de los jóvenes, la "machosfera"... Quizá sí me haya aportado la reflexión de la parte de culpa que tenemos los adultos del mundo que hemos convertido para los jóvenes (aunque en medio quedemos una generación de decepciones. Peroese ya sería otro ensayo...).
"Este detalle, el acceso a la vivienda, es en la actualidad una de las grandes fracturas sociales. No es la generación. No. Es la crisis habitacional lo que rompe hoy en día la sociedad. Seguimos siendo jóvenes porque no nos dejan vivir como adultos, porque no contamos con unas condiciones materiales mínimas que permitan la construcción de un proyecto de futuro. ¿Cómo voy a pensar en maternidades si comparto piso con tres personas a las que apenas conozco? ¿Cómo puedo pensar en elegir una guardería si cada año nos mudamos de barrio ante la imposibilidad de habitar la misma zona de una ciudad de manera continua? Cosas de jóvenes son compartir piso o no encender la calefacción por los gastos que genera. Son cosas de jóvenes o, mejor dicho, cosas de pobres que han sido condenados a una infantilización y a un paternalismo en el que la clase tiene mucho más que decir que la edad."
"A mi generación, la millenial, le hicieron una promesa y luego la rompieron; a las generaciones Z, Alfa y Beta les han escupido en la cara que su presente ya es una mierda y su futuro puede tener lugar en unas condiciones desconocidas que seguirán al fin del mundo tal y como lo conocemos."
Me gusta que sea tan breve y fino porque se lo puedes regalar a cualquiera y entablar, así, un buen comienzo para esta conversación. En ese sentido, es un alivio que estemos poniendo el género y la juventud en el centro de nuestras conversaciones. Aunque dudo que Valdés tenga la respuesta (además apunta al final a que posiblemente no haya una única respuesta), me pregunto cómo vamos a abordar ese ejercicio de pedagogía no remunerada mientras sufrimos las vejaciones y violencias de aquellos que también están sufriendo las condiciones materiales de nuestro tiempo. En fin, habrá que seguir pensado y actuando para hacer, como dice Valdés, «un giro de sentido común hacia el sentido de lo común».
lectura ligera y por ende no muy profunda (en el sentido de que no ahonda demasiado en la materia para poder abarcar mucho) pero que refrescante leer un abordaje a la masculinidad y los fenomenos incels-y-adyacentes que no cae en el esencialismo y con el foco puesto donde hay que ponerlo.
No encontré contenido “novedoso” para mi pero lo releo con todo el gusto que da pensar que otra forma sí es posible y el que ayuda encontrar argumentos para todas esas conversaciones complejas que a veces nos sitúan en la postura amigo-enemigo. Por mis sobrinas, también.
Aunque personalmente siento que me ha faltado un poquitin de profundidad y solamente me ha servido pa aplaudir y asentir muy fuerte mientras leo, creo que es buena lectura tanto para refrescar ideas como introduccion a conceptos necesarios para personas que no la hayan tenido
Un libro sencillo, se me ha hecho corto, pero eso es algo que me pasa siempre con Alicia Valdés. El final es esperanzador y que gusto que lo sea la verdad
Un supuesto ensayo ligero y nada profundo sobre el auge de la extrema derecha en los hombres jóvenes que termina siendo un manifiesto por la doctrina TQ. Desde el principio menciona al colectivo abecedario y lo repite hasta el cansancio. Confunde sex0 con género, mezcla feminismo con disidencias y compara la violencia machista con la tolerancia a la identidad de género. Defiende las ¨transiciones¨, comparándolas con la drogadicción como peor opción, cuando estas son igualmente medicalizadas de por vida. Narrado en un lenguaje cercano, sarcástico, jovial, pero su contenido no aporta mucho y pretende confundir bastante. Compara el defender el deporte femenino con la precariedad para banalizarlo citando a S. Hudson. Utiliza el infundado argumento de la intersexualidad para negar el binarismo sexual (que llama de género) tildándolo de acientífico. Habla de ¨feminismos¨, tacha de intolerantes a las feministas radicales por no incluir varones y las equipara con la extrema derecha, por supuesto citando a J. Butler. Es real que los hombres jóvenes carecen de referentes positivos con quienes identificarse, pero tampoco se identifican ni empatizan con las mujeres. No es nuestra tarea solucionarles todo otra vez y aquí se nos responsabiliza, exigiéndonos buscar soluciones. Acepta que el ¨feminismo interseccional¨ (oxímoron) y doctrina Q llevan décadas luchando contra la categoría mujer, pero lo explica enrevesado, intentando justificar que se refiere al estereotipo de madre-ama de casa clásico en lugar de el borrado de las mujeres que estamos viviendo. Curiosamente menciona que los espacios Q y abecedario han permitido a hombres y disidencias sentirse incluidos, pues claro, son de ellos para ellos, para sorpresa de nadie, aunque intenta pintarlo como algo positivo. La explicación superficial de la machosfera no está mal, pero no aporta nada nuevo. Aboga porque nosotras creemos espacios para que ellos se sientan cómodos y pretende que los incluyamos en el feminismo porque patatas. No tiene ni idea de lo que es el feminismo y mucho menos de quien es su sujeto político (las mujeres). Superficialmente propone volver a lo comunitario y luchar en contra del capitalismo. Una pérdida de tiempo total de la que se salvan solo algunas frases. ¨No solo se trata de como generamos o leemos los datos, sino también de entender que estos no son suficientes a la hora de explicar el comportamiento político¨ ¨Extender la horquilla de la juventud sirve ara invisibilizar que lo que realmente se prolonga en el tiempo son las condiciones precarias¨ ¨La falta de validación de la experiencia adolescente tiene muchas consecuencias¨ ¨El devenir catastrófico del capitalismo ha abierto la veda para que cuestionemos instituciones como la familia, el género o la heterosexualidad¨ ¨Por primera vez, el hombre blanco con trabajo se siente expulsado de un sistema económico que había sido construido tomándolo a él como modelo¨ ¨Los hombres perciben que la igualdad se consigue a costa de la pérdida de sus derechos¨
Corto, ágil y directo. La pregunta de partida es la que está en la cabeza de todo el mundo —¿por qué tantos chavales jóvenes están girando a la derecha?— y Valdés se niega a aceptar la respuesta perezosa de que la culpa es del feminismo. En vez de eso, tira del hilo de lo que de verdad hay debajo: los algoritmos, la precariedad, las identidades convertidas en mercancía, la sensación de que el futuro está cancelado. Lo que más me ha gustado es la lucidez: cosas complicadas explicadas de forma sencilla, sin perder profundidad y sin caer en el sermón. Y aunque es sobre todo un diagnóstico, no se queda en el pesimismo de tertulia: señala dónde hay que meter mano, del ecosistema digital a las instituciones que llevan años mirando hacia otro lado. Salí de la lectura con más preguntas que respuestas, pero de las buenas. Muy recomendable, sobre todo si el trayecto es largo.
Hay muchas cosas que compro de este libro, como comenzar a concebir la juventud desde las posibilidades económicas y no tanto desde la edad.
Por esta misma razón, se me atraganta un poco como se “infantiliza” al hombre joven. Me da la sensación de que en algunas partes de libro se le despoja de todo poder de análisis, decisión o crítica, como si fuese una pequeña ameba flotando en un mar de critobros, redpillers e incels. No solo son chavalines de 16 años hasta el culo de monster, también está tu colega de 26 que lleva sin hablar con una piva los últimos 7, y creo que hay que hacerle responsable de alguna manera de que solo consuma a Llados.
Guau. Sinceramente, un ensayo que necesitaba leer. No peca de ser farragoso con el lenguaje, es bastante accesible, pero no se queda en simple.
Trata un tema que a muchas personas de izq nos preocupa mucho: el auge de la ext dcha y, sobre todo, esos titulares de “los jovenes de hoy en día son los más fachas/machistas/X” de la historia. Esos titulares que, como bien explica la autora, se quedan en la alarma y el poco o nulo análisis.
Los jóvenes son el reflejo de las narrativas de su tiempo. Y debemos enfrentarnos a por qué esta es la narrativa actual y, más aún, cómo paliarlo.
Dos estrellas no porque sea malo, sino porque no me ha aportado nada nuevo. Igual es que estoy ya muy curada de espanto, ya que trabajo rodeada de chavales todos los días, y en las aulas del instituto me doy de cabezazos contra los machotes continuamente. También entiendo que, en este formato, la cosa no da para más. Eso sí, es muy buen librito para resumir el punto de partida, el panorama actual.
El libro prometía mucho, pero en varios momentos, a pesar de ser un libro breve, se pierde un poco hablando de otros temas, o simplemente cubre aspectos de la brecha de género en el voto de forma más bien superficial. En mi opinión el libro se habría beneficiado de un poco más de análisis. Sin embargo, la autora tiene una visión muy interesante sobre el tema, por lo que no me arrepiento haber leído el libro. Simplemente, podría haber sido mucho mejor con un poco más de tiempo de preparación.
Podría ser más exhaustivo en el análisis y, sobre todo, en la última parte: muy flojita. Aún así, sirve para tomar más conciencia de que el obrero y la derecha se han dado la mano históricamente y no solo ahora y, también, de los logros alcanzados y conquistados como una mayor conciencia social y ecológica desde edades tempranas.
Me quedo con la cita de Miquel Missé y Noemí Parra en 'Adolescentes en transición': "La experiencia de la generación adolescente no deja de ser un espejo de los discursos sociales de cada momento histórico, un espejo a veces incómodo y otras esperanzador".
Dubtava entre 2 i 3 estrelles. N'esperava més, tal vegada la part on explica que el capitalisme i no el feminisme és la causa de la nova onada masclista és allò que he trobat més interessant. Però en general, no hi he vist res de nou.
Ameno, con puntos interesantísimos y me ha dejado pensando todo el rato que me encantaría ser su amiga. Con (muchas) ganas de más. Un gustazo leerte, pico tres