Esta es la historia de una mujer que recuerda su pasado para poder tener presente. De una niña que cambia su nombre para mover el mundo un milímetro a su favor y seguir viva. De un pueblo de los noventa lleno de cabras y silencios que gritan, un frontón en el que meterse mano, un cine de verano con sillas de casa, un bocata de sardinas, una abuela sola contra el mundo, una prima con walkman, j'haybers y olor a aftersun. Y, sobre todo, es la historia de alguien que solo tiene una bicicleta para poder escapar de semejante estercolero. Una voz de reconciliación, de memoria, de reinvención y de ese empeño casi terco en querer quedarse en este tremendo planeta que se cae a cachos pero que, por raro que parezca, sigue siendo nuestra casa.
Natalia Moreno (Zaragoza, 1979) es directora, guionista y productora. Formada en artes dramáticas, comenzó su carrera en el teatro y estudió dramaturgia con autores como Juan Mayorga o José Sanchis Sinisterra. Luego fundó Kokoro Films, desde donde desarrolla proyectos cinematográficos que han sido reconocidos con premios como el Goya o el Forqué. Hoy cruza del plano visual a la palabra escrita: su primera novela abre grietas hacia mundos que duelen y sueñan. Que bucean y juegan. Una historia tejida con memorias, heridas y renacimiento. Esta es su voz: frágil y audaz, valiente y sensible.
Esta temática de auto ficción que explora la vulnerabilidad femenina está siendo muy recurrente en novelas actuales, y en esta ocasión la experiencia biográfica que se narra no basta. En mi opinión, claro. No he sentido una voz suficientemente singular como para que la experiencia autobiográfica trascendiera en literatura, probablemente por lo ya leído en novelas de temáticas similares.
Los temas funcionan bien, memoria y construcción de la identidad con alternancia entre infancia y vida adulta. Pero me ha faltado la sensación de leer una mirada irrepetible sobre el mundo. La alternancia entre la infancia con la abuela y la protagonista adulta me ha parecido eficaz narrativamente, pero como si la estructura sirviera para organizar el relato sin llegar a descubrir nada, se va diluyendo, creo que porque muchas reflexiones son demasiado reconocibles, apenas consigue desprenderse de ciertos lugares comunes. Por ejemplo en “El celo” de Sabina Urraca (con la que guarda muchísimas similitudes...) sí sentí una mirada auténtica que sustentaba la novela.
Ha sido una lectura muy amena, con un punto equilibrado entre melancólica y divertida, hay una sensibilidad propia y unos personajes reales y entrañables, especialmente me quedo con la prima y muchísimas referencias iguales a mis propios veranos de niño. En mi valoración, la autenticidad literaria pesa mucho más que la afinidad temática. Esa creo que sería la razón por la que esta novela se ha quedado lejos de lo que esperaba.
Primera novela de Natalia y estoy segura de que va a ser un gran debut. Esta historia comienza cuando una mujer rota, decide recuperar su pasado, un pasado de los 90 en aquel pueblo que a todos nos encanta, con su abuela (agüela), su tía, su prima... un pueblo donde dejo la niñez y se convirtió en la mujer que es. Una novela intimista y emocional que nos invita a recorrer la memoria de una mujer, sincera y llena de heridas. Nuestra protagonista revive su infancia, en un entorno áspero, en tiempos duros, en ese pueblo con su cine de verano, con las sillas de casa, con una abuela que lucha sola, un lugar lleno de sombras pero también con mucha vida. Una novela de mujeres fuertes, de nostalgia, con desgarro pero también con un poco de humor que te atrapa desde la primera página, emotiva, y perfecta para las personas a las que le gusta este tipo de historias, sin grandes giros, pero perfecta para disfrutar de una historia original.
Qué voz tan llena de verdad atraviesa esta historia. Tres mujeres, tres Pilares que sostienen la memoria, la ternura y la herida: la Pili, la agüela Pilar y Pilarito. Un viaje de regreso a la infancia —en bicicleta— que te arranca una sonrisa y te aprieta el corazón.
Premisa: A veces es necesario echar la vista atrás y volver al pueblo en el que pasábamos los veranos, a las conversaciones que tejíamos con nuestras abuelas o a los pactos silenciosos a los que llegábamos con nuestros primos y mejores amigos. Lo hacemos a través de la mirada de una mujer que de pequeña quiso recibir la atención que necesitaba a través de la elección de un nuevo nombre: Madonna.
Opinión: Me llegó de forma inesperada, haciendo que la vuelta a casa se pareciese a la mañana de Navidad, pero sin haber escrito la carta. La portada me ganó visualmente por su estallido de color y energía, unas vibraciones que sentí que encajaban a la perfección con un título tan original como enigmático. ¿Por qué aparecen Madonna y Wisconsin encabezando una historia que nos lleva a empaparnos de un pueblo español? ¿Tanto glamour acompañando a los balidos y el calor sofocante propio de un agosto que se hace eterno?
Natalia Moreno escribe a su manera, y eso ya es mucho decir. Con un lirismo afilado, concentrado y atrevido, nos lleva a revivir momentos del pasado de forma vibrante, atravesando la nostalgia y llevándonos a conectar con los aprendizajes y los momentos vividos con las personas que más queríamos. Ella, en lo que parece un relato de auto-ficción, nos muestra la relación tan especial que tuvo con su abuela y su prima, mujeres que intentaron llenar el vacío dejado por la ausencia de una madre. Un propósito utópico y quizá involuntario, pero capaz de sostener dinámicas y dar vida a infinidad de momentos que, gracias a ello, dejaron de ser tiempos muertos.
Todo esto echando la vista atrás gracias a la mirada de una narradora que recorre su pasado haciendo un ejercicio de memoria y justicia poética para con lo vivido. Aunque no fuese una situación fácil, aunque no se sintiese comprendida ni importante, también hubo brillo, música, amor, aprendizajes, amistad y carcajadas. Una infancia y una adolescencia que podrían representar la ilusión universal e incontenible de estas etapas, imposible de acallar, por mucho dolor y desgarro que la hayan acompañado.
A pesar de que su estilo me ha encandilado y ya la he anotado como autora a la que seguir la pista, a veces me sentí desubicada por una sensación de desequilibrio en el ritmo narrativo o por una intensidad que termina desembocando en cierta falta de desarrollo, como si la emocionalidad desbordase el límite que nos aportan las palabras.
Me habría gustado descubrir un poco más de las circunstancias del presente, pero entiendo que no es donde la autora quiso poner el foco. Me quedo con escenas inolvidables que me han hecho viajar en el tiempo a la época de los walkman y de las partidas de tazos. Recuerdos que no nos visitan a diario y que siempre consiguen desatar una sonrisa.
Que viaje más bonito, entrañable y duro a partes iguales. Una vuelta a la infancia a través de un verano en el pueblo y con tres pilares nunca mejor dicho. La ágüela Pilar, LaPili y Pilarito, ayudando a una niña que se hizo fuerte a través de la verdad y de la familia
Hay libros que no se leen: se habitan. Madonna no nació en Wisconsin es uno de ellos. Natalia Moreno debuta con una novela que te devuelve a los noventa, a la infancia que duele y que salva a partes iguales. Una mujer rota que necesita volver al principio para entenderse: al pueblo, a la agüela, a esas tardes largas donde todo era poco y a la vez suficiente. Y en medio de todo eso, Lapili. Qué personaje. De esas mujeres que sostienen el mundo sin hacer ruido y que cuando cierras el libro descubres que también te estaban sosteniendo a ti. Es una novela intimista y rotunda, escrita con desgarro y un sentido del humor que es pura inteligencia. Natalia nos atrapa desde la primera página porque no nos cuenta una historia: nos devuelve la nuestra.
La Güela, Lapili y Pilarito lo mejor de este libro. Demasiados comentarios gordófobos y racistas. Hasta la mitad no me he enganchado que es cuando empieza a fespegar la historia de estas marabillosas protagonistas.
Esta novela huele a polvo de un camino sin asfaltar, a sudor salado, a la colonia de tu abuela y a un bikini mojado secándose al sol. Es una historia narrada a dos voces, la niña de once años que es enviada a pasar el verano a su pueblo y la mujer adulta del presente, de cuarenta y seis, totalmente fragmentada por una necesidad de romper con todo. Ambas, al sentirse cerquita, tratan de encontrarle un sentido a la vida que, a veces, se tambalea demasiado.
La clave de este libro son sus personajes “secundarios”, entrecomillado porque no hay nada más lejos de la realidad. La agüela, Laputapili y Pilarito. Tres pilares fundamentales para la historia y cómo sus manos se prestan a tirar y tirar y sacar un cuerpo que está totalmente hundido en el fango, el de una niña que se sienta abandonada e incomprendida y dejada al cuidado de unas personas que apenas conoce. Y resulta que es justamente lo que necesita. Que esa cama del pueblo extraña e incómoda empieza a sentirse suya, que los ruidos de la casa que no le dejaban dormir ahora son el arrullo del sueño más profundo.
El otro eje de la historia ha sido la voz interior de la niña, que se queda muda de tantas cosas que quiere decir y no puede. Me ha encantado como, desde esa voz, se pasa de puntillas por la crudeza de la trama, por ese padre bueno que está enfermo y ese pensamiento feo de rabia, incluso odio por no hacerlo mejor, por no intentar ser más fuerte.
Narra una reconciliación con la infancia, un reencuentro de dos personas que conforman el mismo cuerpo que se estira en altura y en extremidades más largas pero que sigue siendo realmente el mismo. Y en ese reencuentro o en resonar con el recuerdo que es casi un amuleto, en recordar de dónde vienes, está la fuerza interior que hace que una siga hacia delante.
He disfrutado mucho de la lectura, cuenta con un relato muy audiovisual, unos tintes de comedia inesperados y un ritmo narrativo muy absorbente.
Qué gusto me ha dado leer a una escritora maña y reconocerme, de alguna manera, en sus recuerdos: por la época, por la zona, por esa forma de mirar la vida que compartimos quienes crecimos allí. Con « Madonna no nació en Wisconsin », Natalia construye una historia de sororidad llevada a su máxima expresión, en una época en la que esa palabra ni siquiera existía, pero que demuestra lo lejos que viene todo lo que hoy reivindicamos. El libro nos muestra el presente de Madonna a través de su pasado, porque sin esas vivencias nada de lo que es ahora tendría sentido. Situar su infancia en los años 80 y 90 ha hecho que me sienta muy identificada con muchas escenas: algunas me han sacado una sonrisa, otras me han dejado un pellizquito en el corazón. Mis ojos se han lavado un poquito, y se me han quedado limpitos en más de un momento. Esta es una historia de mujeres fuertes, mujeres que hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían y con las opciones que tenían. Mujeres que comparten nombre —la ágüela Pilar, la tía Pilarito y la prima Lapili— porque no podían llamarse de otra manera: son pilares, cada una a su forma. Y aunque a veces solo compartan el nombre, porque sus reacciones y maneras de afrontar la vida son muy distintas, el amor, el cariño y el respeto lo sostienen todo. Eso es lo que Natalia nos muestra con tanta delicadeza. Qué importantes son las personas que te rodean, esas capaces de salvarte sin hacer ruido. Qué suerte tener una Lapili en la vida. Una historia bonita y triste, real pero llena de imaginación, con mucho ganado y mucha pérdida, de esas que se quedan en la cabeza y en el corazón. Solo puedo dar las gracias a Natalia por este viaje, y animaros a descubrirlo por vosotros mismos
El libro de Natalia Moreno, Madonna no nació en Wisconsin, me ha llegado al corazón. Conmovedor y a la vez, capaz de hacerme reír y rememorar mi adolescencia en los años 90. Hay mucho de mí en este libro. Porque tiene frases que todavía no me había atrevido a decirme. Qué momento ese que vives cuando lees una frase que es universal y a la vez tuya. El libro narra la historia de una niña que, tras un cisma familiar, se va a vivir a un pueblo del norte de España, con su "agüela" para salvarse y que la salven. Y en la escritura encuentra su terapia, su talento, su bálsamo. "Nací en los ochenta y en mi infancia no paró de llover". "Que nadie me quite esta voz porque es mía. Yo ya no soy una herida, soy una poeta". "Yo siempre había creído que era imposible escribir, o crear cualquier cosa, sin ser vulnerable". "Creía que el arte era el lugar donde mostrar la herida sumaba".
Hmm no sé, hay algo que no me ha convencido. Me ha mareado con los capítulos del presente y del pasado, lo veo innecesario, la historia del verano de niña mejor estructurada y llevada creo que habría sido suficiente, sin las “interrupciones” del presente. Hay párrafos que me han encantado, tanto a nivel historia como de estilo, pero otros que han llegado a aburrirme, y que pareciera que estuvieran escritos por otra persona. Resumiendo, una historia nostálgica noventera, pero a mi gusto con falta de coherencia.
Gracias a @amapolaslibreria y sus cofres sorpresa he podido disfrutar este libro que sale esta semana a la venta y que seguro va a ser una de las novelas de este año. El debut literario de Natalia Moreno titulado “Madonna no nació en Wisconsin” nos presenta una nueva voz que os animo a descubrir.
La historia nos introduce a una mujer adulta de 46 años que, rota sentimentalmente, decide recuperar las piezas esparcidas de su pasado, visitando en la memoria aquel verano que vivió junto a su agüela, su tía y su prima en que despertó a la vida, abandonando la niñez para ser una adolescente y cuyas enseñanzas de un lugar ajeno a lujos y privilegios conforman los pilares en los que se sustentará la mujer que es, para bien o para mal.
La autora narra con una voz directa los duros tiempos de ese lugar recóndito, en que vive y reside la memoria de la familia, en un sitio que nada ha sido regalado y en que los golpes del destino han dejado esparcidos sueños, amores e ilusiones sobre los que recomponerse y seguir adelante con la vida, aunque el corazón abogue por refugiarse en el dolor.
En fin, una novela con unos personajes femeninos fuertes, temperamentales, con un coraje desbordante y que llegan para sacudir las emociones de quienes conozcan su historia y quieran formar parte de sus relaciones y eso que conocen como hogar.
Estad atentos porque la autora comienza una extensa gira de presentación en la que seguro podremos conocer los entresijos de la concepción de esta maravillosa declaración de intenciones que es #MadonnaNoNacióEnWisconsin
Tenía muchas ganas de leer este libro porque había oído hablar muy bien de él y pensaba que iba a ser una historia que me llegaría. Sin embargo, la experiencia no ha sido la que esperaba.
Aunque la trama trata temas muy importantes y hay momentos realmente emotivos, no conseguí conectar con la forma en la que está escrita. Lo que más me ha costado ha sido el vocabulario. En bastantes ocasiones la autora utiliza palabras y expresiones que me han parecido poco elegantes e incluso vulgares. Personalmente, creo que ese tipo de lenguaje no aporta más fuerza a la historia y, al contrario, me sacaba de la lectura.
A pesar de ello, reconozco el valor de la novela. Me ha parecido una obra valiente, que habla sin miedo de la infancia, la familia y las heridas que dejan determinadas experiencias. Entiendo que haya lectores que se sientan muy identificados con ella, pero en mi caso no ha conseguido emocionarme como esperaba.
En definitiva, ha sido un libro que no me ha convencido. Respeto la propuesta de la autora y el mensaje que transmite, pero su estilo de escritura no ha encajado con mis gustos y eso ha hecho que no disfrutara de la lectura.
Posdata: Pero nunca olvidéis que la historia que cuenta un libro no siempre es igual.
Extractos del libro:
Mi marido y yo éramos dos tortugas hibernando, cada una en un archipiélago con su microclima propio.
“Las personas que amamos a veces se van, hija. Y no podemos hacer otra cosa que seguir con la vida. Caer de rodillas y dejarnos ir, ser humildes con sus caminos” ~ Madonna no nació en Wisconsin de Natalia Moreno.
Otra historia de las que últimamente están de moda que narra el viaje a la infancia de una mujer que en la actualidad atraviesa una crisis en la que no vislumbra la salida. Es esa grieta del presente la que la conecta con otra grieta, la que tuvo que enfrentar cuando tenía once años y decidió llamarse Madonna.
En ese verano, en un pueblo de los Pirineos en casa de su “agüela”, nuestra protagonista se siente abandonada y poco querida. Su madre la ha dejado allí, mientras su padre se enfrenta a lo que ella denomina una enfermedad. Acompañada de su prima Lapili, que también ha atravesado por lo suyo en su corta vida, descubre el miedo a la muerte, el primer amor y cómo crecer ante las adversidades. Tiene dos ejemplos a seguir a su lado: Lapili y su “agüela”.
“En ese momento mi prima hizo magia. Y yo la quise mucho porque me presentó a uno de los artistas que me cambiarían para siempre y que convirtió ese momento en uno de los mejores recuerdos de mi vida. Empezó a sonar Starman. Y ahí conocí a Bowie”.
La acompañamos en su crecimiento físico y personal y en su lucha interna entre cumplir los deseos de sus padres y ayudar o su necesidad de romper con todo y escapar de esa situación que por momentos la asfixia.
“Que a veces los vacíos son de una y es mejor que nadie los llene porque nos dan impulso para seguir buscando”.
Me ha recordado, desde distinta perspectiva, a Vallesordo. El libro ya llama la atención por su portada, pero no lo habría elegido si no fuese por la insistencia de @la_huella_de_los_trazos que nos ha dejado ver a esta Madonna particular por todas las esquinas. Gracias por la insistencia, no podría haberme perdido semejantes personajes 🫶🏼.
4,5/5. qué historia tan perfecta con cuatro protagonistas increíbles. cuatro mujeres atravesadas por el dolor, la herida, la ternura, el amor y la memoria. un libro que te transporta a los veranos en el pueblo y a la infancia. y, aunque yo no haya nacido en los 90s, me ha conmovido muchísimo: he reído y me he emocionado a partes iguales.
Me ha encantado!! A pesar de que la historia es sobre heridas de la infancia, la autora ha creado unos personajes entrañables y maravillosos… con unas tramas muy divertidas. Personajes que se quedan contigo. Una auténtica delicia de libro
Es genial. La medida justa con un inicio inquietante, un desarrollo muy ameno y un final… para el/a lector/a. Sobretodo me gusta mucho el ritmo que imprime la autora en todo momento.