¿Y si le devolviésemos a la naturaliza la mitad del planeta?
Los excesos de la humanidad han llevado a su límite a la Tierra. La única vía para evitar la extinción masiva pasa por despoblar la mitad del planeta, por dejar que la naturaleza restablezca progresivamente el delicado equilibrio de la flora, la fauna, el suelo y el clima. En ese territorio de frontera, durante las veinticuatro horas de una jornada decisiva, un guarda vela por que esta transición hacia lo salvaje se lleve a cabo de manera pacífica, y brega con aquellos que insisten en cruzar la línea de demarcación, con un robo inexplicable y un enigmático caballo de sueño que parece haber galopado hasta la vigilia. En un tiempo que se acaba, en un mundo que regresa a su origen, ¿qué memoria, qué huella, qué mensaje dejará para la posteridad el ser humano?
Eco-thriller, distopía, western… La prosa de Sarmiento —que transita lugares apenas explorados en la narrativa reciente en español— nos habla de los límites entre lo humano y lo animal, entre lo político y lo geográfico, entre el ayer y el mañana. Una innovadora y visionaria novela con ecos de Olga Tokarczuk y Marlen Haushofer, de Edward O. Wilson y Cormac McCarthy.
este libro plantea el dilema de qué haremos cuando el mundo sea un lugar imposible de habitar. carolina da una solución posible, pero la verdad creo que es lo que menos me interesa del libro.
creo que lo que más me gustó es cómo muestra la imposibilidad de las personas de abandonar quien verdaderamente somos, aunque eso suponga destruir el bien común (en definitiva, lo egoístas que somos). me gusta el retrato que hace de la necesidad que tenemos de la compañía y de la memoria, de los recuerdos.
en general, un libro cortito pero con mucha chicha
Libro complicado. Me gusta bastante cómo está escrito pero precisamente el lenguaje tan poético hace que a veces resulte difícil de seguir o de mantener el hilo conductor de la historia. Tiene cosas muy interesantes y habla de cosas muy de actualidad siendo una distopía. Eso me gusta, y suelen gustarme mucho este tipo de libros. Pero en este caso se me ha hecho complicadillo y siento decir que agradecí que fuera cortito.
No tenía claro si este libro me iba a gustar o no, y finalmente ha sido la segunda opción. Lo primero que me ha disgustado de esta novela ha sido la narración. Entiendo que quiere mostrar con ella algo incómodo de leer o algo distinto, pero a mí no me ha convencido. Continuamente hace frases cortas, tratando de generar impacto y, personalmente, me he sentido casi como un robot leyendo. Continuamente sentía mi lectura frenada por tantos puntos y seguidos. Lo segundo, la trama. Son apenas 24h y durante la mitad no entendía qué nos quería contar. Tuve que releer continuamente páginas haciendo un esfuerzo para disfrutar de la novela. Me parecen interesantes las preguntas que se puede llegar a plantear el lector, pero considero que pide demasiado de él y aporta muy poco. Esperaba una novela postapocalíptica en clave filosófica y ha sido una lectura pretenciosa que no aporta gran cosa.
interessant proposta, ben escrita, una argument enigmàtic que es desplega a poc a poc, un compte enrere que esdevé més inquietat a mesura que el temps s'acaba
una faula, reflexió filosòfica a moments, i també, thriller distòpic que planteja i reflexiona sobre temes de gran actualitat
"Esta tierra ya no es nuestra. Nunca lo ha sido, ese fue el problema y nuestro gran error. Creernos propietarios. Capaces de moldear una vasija, de componer una canción, de danzar y besar y, a la vez, empeñados en coleccionar astas de ciervo."
Una distòpia interessant i ben construïda, que reflexiona sobre l'abús al que sotmetem el planeta i com revertir-lo; i també sobre les persones i la dificultat de renunciar als propis desitjos. A rellegir aviat per disfrutar-ne els detalls.
Un western tan crepuscular que es en el fin del mundo, en el que se enfrentan el egoísmo más absoluto y un altruismo casi suicida, lo peor y lo mejor-peor de la humanidad para que sobreviva el mundo. Me gusta que la trama gire en torno a una nimiedad que no lo es tanto, que la violencia estalle cuando el ser humano no puede dejar de mirar por sí mismo.
Las fronteras es la nueva novela de Carolina Sarmiento, licenciada en Comunicación Audiovisual y periodista en los informativos de la Radio Televisión del Principado de Asturias. También ha publicado otras novelas como Tarada y Vrësno, el libro de relatos Animales urticantes y los poemarios Ikiru y Vértigo en la boca.
La Tierra ha llegado a su límite: continuar al ritmo desenfrenado al que la humanidad la somete provocaría un colapso sin vuelta atrás. Por ello, el Consejo Técnico de Salvación, organización creada con el consenso de todos los países del planeta, será el encargado de deshabitar la mitad del mundo para que la naturaleza recupere lo que siempre fue suyo: la fauna, la flora, el suelo... todo volverá a ser como era antes de que el ser humano pasara por allí. En uno de los pueblos que aún resisten en la zona por deshabitar, sus últimos habitantes permanecen con el permiso de las autoridades para colaborar en el desmantelamiento. El guarda asignado, en comunicación constante con la Central y armado con un revólver que preferiría no usar jamás, debe mantener el orden hasta que la transición concluya. Lo que no espera es una pequeña revuelta de quienes todavía quedan en la zona, que alterará esa paz que tanto le ha costado sostener. Y no solo eso: un enigmático caballo lo visita en sueños, un ser que cambiará el curso de su historia. Todo ello durante unas intensas 24 horas, representadas en 24 capítulos que marcan una cuenta atrás.
Es la primera vez que leo a Carolina y la verdad es que me ha gustado mucho su forma de escribir. Ya sabéis que soy muy escrupuloso con la manera de narrar, y el estilo de la autora me ha parecido sobresaliente.
Centrándonos en la trama, y habiendo tenido la suerte de escuchar a Carolina durante la Feria del Libro de Gijón, conviene aclarar algo: aunque estemos ante una especie de distopía (no muy alejada de la realidad), no debemos compararla con otras obras en las que la ciencia ficción y la visión de un mundo futurista invitan a reflexiones más exhaustivas de lo habitual. Aquí todo es mucho más sencillo y la reflexión, mucho más clara. Al final, el objetivo es desahogar nuestro mundo: se le concede un periodo de cien años para purificarse y para que el ser humano aprenda a respetarlo. Ahora bien, la maldad y el egoísmo están muy presentes en la novela, así como la ira que despierta descubrir que quienes firmaron dejar en paz una parte de la Tierra siguen sin ser capaces de cumplir su promesa.
Hay también una vertiente más mística, con los sueños, el caballo... y otra romántica, casi al final, que me ha emocionado, aunque el drama y la dureza no abandonen la trama en ningún momento.
Es, en general, una historia dura, que roza la locura en su empeño por alcanzar un bien mayor y extirpar aquello que genera el problema. Cada lector deberá sacar sus propias conclusiones sobre las acciones del protagonista. En mi caso, habiendo llegado la Tierra a límites tan extremos, creo que las medidas para que nada se salga del plan deben ser igual de intransigentes que el propio mal que combaten.
En definitiva, no os echéis atrás pensando que estamos ante una distopía compleja como 1984 o Un mundo feliz. Es algo más sencillo, pero retrata a la perfección el mundo que nos espera si no tomamos cartas en el asunto, y lo hace con la exquisita narrativa de la autora.
¿Cuánto le debemos a este planeta? ¿Cuándo asumiremos que no nos pertenece? ¿Seremos capaces de apartarnos y dejarlo respirar el día que entendamos que no podemos reparar el daño que le hemos causado?
Carolina Sarmiento ha viajado hasta un futuro en el que la única posibilidad de supervivencia de nuestra especie pasa por reducir su número y su presencia, por despoblar la mitad de la Tierra para que pueda curarse. Al hacerlo, ha sentido dolor y vacío y, al regresar, ha compartido con nosotros su melancolía a través de una obra nihilista y desesperanzadora que mezcla western, fábula ecológica y distopía íntima.
La autora asturiana huye del gran relato del colapso y de la épica de la resistencia; no pone el foco en lo político ni en la complejidad logística. No nos traslada el grito del desastre, sino el silencio posterior, centrándose en lo más importante: las consecuencias y el sacrificio. Para ello, pide prestada la voz a un hombre cuyo nombre no importa, porque nadie lo recordará: alguien roto por las guerras y la pérdida, que ha decidido dedicar sus últimos días a vigilar la línea, a hacer cumplir las normas, tal vez como penitencia, y cuyo ocaso interior coincide con el de una era.
La acción se comprime en un puñado de horas, y avanza a fuego lento, aumentando la tensión a través de los encuentros y los gestos, los pensamientos y las decisiones que ha de tomar. El protagonista, herido en todos los sentidos, reduce su vida al desempeño de su función sin esperar redención ni reconocimiento; lidia con quienes se niegan a aceptar el nuevo orden, y cada uno de sus actos nos dice algo sobre la mezquindad o la dignidad de la especie a la que representa. Y, a pesar de todo, en Las Fronteras hay belleza y hay amor.
En cuanto a la prosa de Carolina, no defrauda: es incisiva, precisa, pulida y hermosa. Inmisericorde con el lector, a quien no concede tregua frente al abatimiento; resulta absolutamente adecuada para la historia que nos quiere contar. No encontraréis...
Pues no sé si es que me he perdido algo o me he quedado en la superficie, pero la distopía bien podría haberse quedado en un relato actual de zona remota de La Alpujarra o el interior de Almería. Ahí tendría sentido este western, como bien dicen otros, con tintes de tratado ambiental. Y sobre aquello de personajes bien perfilados y desarrollados… pues qué queréis que os diga. Como mucho el protagonista al que se vislumbra esa conciencia medioambiental cruzada por la locura y ética (su ética) de la guerra. Por los demás, insinuaciones sin más que para varios personajes es un molde repetido. ¿Se deja leer? Sí. E invita a la reflexión. Pero entra buscando una historia sencilla de caos y redención más que en una aventura profunda que te impacte con su reflexión.
Tot i tractar-se d'una distopia amb un rerefons interessant, a mesura que va avançant l'obra aquesta queda opacada per l'acció i acaba convertint-se més en un western, desaprofitant bona part de la potència de la premissa. Tot i així és una novel·la amb els personatges ben construïts i amb una acció que atrapa de principi a fi.
Un libro profundo desde la perspectiva y psiquis del narrador en primera persona, denso y agobiante en el contexto ambiental en que se desarrolla. Momentos donde se rompe una frontera entre lo real y lo imaginario, descritos de una forma que permite sumirse en el relato y visualizar el entorno físico y palparlo. Muy bueno!!!!
Me parece el delirio poético de un loco que amaba más la naturaleza que al ser humano.
« Esta tierra ya no es nuestra. Nunca lo ha sido, ese fue el problema y nuestro gran error. Creernos propietarios. Capaces de moldear una vasija, de componer una canción, de danzar y besar y, a la vez, empeñados en coleccionar astas de ciervo »
« El amor o es visceral e inexplicable, o no lo es »
Libro de fácil lectura que te atrapa desde el principio y no puedes parar de leer para saber que pasa. Trata sobre el daño al planeta, las fronteras, el poder, la traición, el engaño, la amistad e incluso el amor y los animales.
Por la sinopsis, se podría creer que “Las fronteras” es una obra de ciencia ficción distópica, o ficción especulativa. Lo es, hasta cierto punto, pero sólo como campamento base para desarrollar su historia, más cercana a un western o a una trama de supervivencia en la naturaleza aislada.
Un mundo que ha decidido salvarse a toda costa. La mitad de la Tierra será abandonada por los humanos y entregada a la naturaleza, teniendo una década los habitantes de esas regiones para desmantelar sus vidas y trasladarse a la otra mitad, fuertemente controlada para evitar el avance del cataclismo climático o la superpoblación. La mitad salvaje es un mundo en extinción, en el que nada se arregla, nada se crea, todo se destruye. El mundo que plantea Sarmiento es, en cierta medida, una utopía distópica, en la que el noble deseo de sobrevivir bien, es decir, de salir adelante no en un mundo inhabitable, sino acompañados por el planeta, se convierte en una dictadura brutal, anónima e indiscutida.
Pero ese mundo es sólo un rumor en “Las fronteras”. Algo que está ahí, a lo lejos, condicionándolo todo. La historia que se nos cuenta sucede en una aldea de frontera, dentro de los territorios a abandonar. El protagonista, un exsoldado reconvertido en guardia, es en sí mismo una frontera. Una frontera por su trabajo, pero también porque narrativamente, su voz fluctúa entre lo onírico y lo real, todo ello mientras tiene que resolver un misterio en el que casi todo el pueblo parece estar involucrado. Hay muchas fronteras en esta novela, pero no voy a desvelarlas.
Es un relato que se cuece a fuego lento, en un estilo cortante, despiadado y denso como el ambiente en que se desarrolla. Una obra muy interesante que habla de problemas del hoy, pero que es universal.