La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible.
Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Algún día miraremos hacia atrás y nos preguntaremos: ¿cómo fue el día en el que empezó el fin del mundo? Un día cualquiera, un día normal.
Cada capítulo recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida.
Una novela gráfica impresionante. Angustiosa, llena de ruido y de confusión. Un retrato perfecto de la sociedad tal y como la conocemos y de como esa sociedad esta fabricando su propio apocalipsis. Llena de soledad y de pena. Una maravilla total.
"tocas la ropa. está seca y, mientras la recoges, te das cuenta de la tranquilidad que se respira. un perro ladra a lo lejos, un coche retumba suavemente al pasar por un suelo adoquinado unos metros más abajo.. es primavera."
un día. en una gran ciudad. muchos muchos muchos días antes de que el mundo se acabe. o no.
las narrativas cruzadas de varios personajes en un mismo entorno en un tiempo concreto es un argumento recurrente en muchas obras. hay algo fascinante en ver los trazos del azar y en ser testigo de todas esas coincidencias desconocidas porque nos recuerda a un mismo tiempo la grandeza y la pequeñez del entorno en el que vivimos. planteada como una retrospectiva nostálgica tras un prólogo apocalíptico, "viene del este", el espectacular debut en la novela gráfica de antonio j. jiménez, deslumbra tanto por una narración fragmentada, juguetona, que hace de la elipsis y la desfocalización sus mayores virtudes, como por un apartado gráfico fuera de serie que usa magistralmente multiplicidad de recursos y trucos para enriquecer la narración sin secuestrarla —ojito a la planificación de las viñetas, el fanzine por entregas de anselmo o el homenaje a una exquisita selección de novelas gráficas de los últimos años mediante un juego de identificación—. jiménez nos ayuda a enlentecer el ritmo de nuestro propio día mediante gran cantidad de detalles visuales por página y unos diálogos muchas veces cortados mientras nos muestra la vorágine de un día en la vida de estos personajes perdidos en la precariedad, las redes sociales, las fiestas, los afectos, las terrazas y la incomunicación y ajenos, como nosotros mismos, a la posibilidad de que todo esto puede dejar de ser importante en un simple segundo.
"El día que todo cambie… empezará siendo un día cualquiera."
Este cómic ilustra las 24h previas al fin del mundo. Una coreografía de coloridas ilustraciones donde se entrecruza el patinete del rider el bastón de un ciego y el móvil de una influencer. Aborda temas como la precariedad, la sobreinformación o el efecto mariposa.
Arquitecto de formación, vertebra la historia a través de una ciudad primaveral y corriente. Leer esto ha sido como recoger la colada ignorando la bomba que cae sobre ti.
Una reflexión muy acertada en forma de novela gráfica sobre problemas sociales como el individualismo, la adicción a los móviles o la precariedad. Fácil de leer pero a su vez con diferentes niveles de lectura y profundización en cada página. Me ha encantado, lo recomiendo muchísimo ✨
Muy ambicioso en lo formal y en la estructura. Traslada muy bien la sensación de estar pendiente a 30000 estímulos a la vez. En conversación tanto con En vela de Ana Penyas como con Confortless de Miguel Vila.