Una obra que lleva la depuración a su punto más alto y confirma a su autor como una de las voces más interesantes de las letras argentinas.
«Ya nos hemos despedido, y sin embargo todavía no nos vamos; ya nos hemos despedido y separado, y sin embargo está ese tiempo que se estanca y dura, y que pertenece a la despedida también.»
Un viaje de ida. Una semana en un pueblo argentino. Un viaje de vuelta. Nada más. La separación no requiere de grandes acontecimientos para indagar en lo más profundo de las relaciones, de la intimidad y de la vida interior de sus personajes.
Fernando se despide de su pareja. Parece que su relación pasa por un momento de incertidumbre. Parte de la estación de Retiro, en Buenos Aires, con destino a La Paz, una pequeña localidad de la provincia de Córdoba. Allí vive su hermano, a quien va a visitar con motivo de la reciente y devastadora separación sentimental de este. Durante el viaje en autobús se suceden las paradas, alguna que otra conversación, la lluvia, el silencio.
Ya en La Paz los hermanos se encuentran, charlan, intentan explicarse qué ha sucedido. Fernando contacta con la expareja de su hermano y se abre entonces la posibilidad de una reconciliación. Después, llega la hora de otro autobús, otros pasajeros, varios incidentes —un incendio, un control policial, una mujer atrapada en el baño— y la esperanza de que, al llegar a la estación de destino, haya alguien allí para recibirle.
Con un original juego de voces, esta novela pone el foco en los detalles aparentemente insignificantes que nos rodean. Kohan observa, describe, nunca exagera. Sabe que es en los matices, en los espacios vacíos, donde realmente se esconde todo, y aquí nos regala una brillante muestra de una literatura que logra decirnos mucho con muy poco.
En La separación, Kohan lleva un paso más allá su escritura depurada y precisa, y vuelve a demostrar por qué es uno de los narradores más sólidos y personales de la literatura argentina contemporánea.
Martín Kohan es un escritor argentino y profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia.
Sus obras se publican en editoriales como Einaudi (Italia), Serpent’s Tail (Reino Unido), Seuil (Francia) y Suhrkamp (Alemania). Ciencias morales (2007) es su novela más popular y ha sido llevada al cine con el nombre "La mirada invisible", bajo la dirección de Diego Lerman. En la película Kohan interpreta el breve papel de empleado de una tienda de discos. También con Ciencias morales ha ganado el Premio Herralde de Novela 2007.
En 2014 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito como uno de los 5 mejores novelistas del período 2008-2010 de la Argentina.
Sólo Martín Kohan puede convertir un viaje en chevalier en una obra de introspección tan atrapante y cautivadora. Es tan complejo y mundano al mismo tiempo, me recordó un poco a La Tregua y otro poco al Bahía Blanca de MK porque todo el tiempo parece que no pasa nada pero pasa de todo. Uno de los pocos escritores tipos que se pueden seguir leyendo con respeto y alegría.
Me gusta Kohan, pero siento que estoy leyendo al autor más que a un narrador. Quizás influye que ya leí varios de sus libros y también lo escuché mucho en entrevistas. Su voz se me vuelve muy reconocible, casi imposible de separar del texto. Incluso cuando la novela introduce un diario que, en teoría, propone una voz distinta a la de Fernando, esa diferencia no termina de sostenerse. Es el mismo registro.
Algo similar me sucede con otros personajes. La voz de Rosario, por ejemplo, tampoco se despega del todo, vuelve a aparecer esa misma cadencia.
Al mismo tiempo, es una prosa que invita a quedarse. Hay algo en el ritmo, en la forma de narrar, que hace que uno avance casi sin darse cuenta, incluso cuando en términos de hechos no ocurre demasiado. La lectura se sostiene más en ese despliegue de la escritura que en la acción.
Por momentos disfrute de la manera de escribir pero no me terminó de convencer el libro. La descripción del viaje hasta casi molesta. Demasiada pomposidad a un viaje de flechabus. Como si estuviese cruzando el atlántico en una travesía del SXIX. La tercera parte me pareció muy forzada. El final no me convenció. No me lo creí
Kohan siempre me atrapa desde el primer párrafo. Cómo es que logra convertir las cosas más sencillas en una prosa tan linda yo la verdad no lo sé. Tkm, Martín.
Está bien, es el estilo de Kohan, rodear una frase, repetir un verbo, machacar con sinónimos, avanzar y luego retroceder, buscar la precisión y el ritmo, blablabla, pero ponele un poco de gasolina a ese motor narrativo que traca traca y na que ná. La primera parte está narrada en primera persona: Fernando.Todo es un gran meh. En la segunda parte, que está narrada en segunda persona, por lo menos está la angustia amorosa que siempre da pie a cierta acción. Acaban de terminar al hermano del protagonista, por lo tanto, habrá harto diálogo y Kohan sabe usar bien ese recurso. Eso sí, hay un momento en el que el narrador se pasa a la tercera persona, se olvida de la segunda, porque claramente Kohan se siente más cómodo hablando desde ese lugar. Me recordó al llorón oceánico Vuong que escribe una supuesta novela carta a su mamá y por decenas de páginas se olvida de que está escribiendo una y luego dice como si nada: "ejem, como te estaba diciendo en esta carta". Y en la tercera, como mi experiencia kohaniana de alguna forma había anticipado, se pasa a la tercera persona, en la cual puede desplegar sus dotes narrativos. Pero creo que llega tarde. Ya nada nos importa. Ni el incendio que acontece (está lejos, no afecta), ni que una mujer quede encerrada en el baño del bus (no hay ningún acto desesperado), ni etc,. etc,. etc., porque es una novela que nació muerta, es decir, sin tensión. Chao.
La escritura de Kohan me encanta. Más aún cuando explora un viaje a las queridas sierras cordobesas, pasa por Villa de Las Rosas, mi lugar favorito. Sensible, cercano, cotidiano y no por eso menos abrumador, rupturista de los lugares comunes, de cualquier estabilidad o rutina. Siempre pasa algo, se desee o no.
Como persona que ha hecho muchas veces en su vida el viaje Buenos Aires-Córdoba (aunque sin parada de almuerzo en Venado Tuerto), aprecio infinito este aporte al canon literario de la experiencia de un viaje de larga distancia en micro. Kohan tiene un gran talento para ver y, más que nada, para nombrar y poner en palabra esas pequeñas cosas que no nos dábamos cuenta de lo extensamente compartidas que son hasta que no las leemos en el papel. La despedida prolongada en la terminal, casi absurda, el deseo de que no se siente nadie al lado, la ruta pasando como una cinta transportadora negra y blanca al otro lado de la ventanilla.
Sin embargo, unos peros que añado post lectura de otras reseñas porque comparto la misma impresión: sus personajes suenan como el autor. Probablemente, he estado sobreexpuesta a entrevistas, pero lo escucho a él. También, en ese yeite de meter la biografía de Güiraldes como interés de un abogado... hay algo ahí. Por otro lado, no me había dado cuenta de ese progresivo alejamiento trabajado desde la persona gramatical que emplea en cada sección (inteligente guiño al título llevado a la forma). El problema es que es cierto que todo lo que ocurre en el último tramo, sin duda el único cargado de peripecias, se siente lejano, menos interesante. La acumulación de desgracias no ayuda.
Hay una vuelta que es un poco ¿angustiante? esta novela que tiene que ver con el corazón de lo que plantea. Diría para chapear (y a riesgo de pifiar medio fuerte) algo lacaniano, porque sé que Alexandra es psicóloga. Pero me refiero a esa idea de que no existe la comunicación. Y un poco lo que está aquí es eso: no siempre hay comunicación, pero incluso, con nosotros mismos. No siempre sabemos de dónde surgen los deseos ni las decisiones que tomamos. Un poco confieso que me desespera, no se puede ser tan caprichoso. En el personaje de Rosario está condensado eso que anticipa el final de Fernando. Hay algo de egoísmo ahí, de un sí porque sí que no es contemplativo con los sentimientos ajenos que, bueno, no es que una novela tenga que tener ninguna carga moral ni la necesita tener, pero me pregunto cómo opera en el mundo de hoy, en el que todo el tiempo estamos queriendo rescatar a la empatía como un valor frente a una sociedad en la que reina el ego. Pero en fin, es Kohan y me quedo con que es una novela súper bien construida, que te da ese cachetazo final y con los miles de detalles que mencioné al principio que, para mí, va a hacerla memorable
Estuve a punto de ponerle cuatro estrellas porque me había quedado con ganas de saber más sobre algo que se menciona en la primera parte de la novela. Pero hacia el final se insinúa un poco más de eso que estuve esperando y, no sé bien por qué, me hizo muy feliz. Así que sí: ahí tenés mis cinco estrellas.
MARTÍN, NO SÉ SI VAS A LEER ESTO PORQUE SÉ QUE NO SOS MUY DE LAS REDES SOCIALES, SMARTPHONES, O LO QUE SEA... PERO QUIERO DECIRTE QUE ME ENCANTA CÓMO ESCRIBÍS, Y QUE SOS UN GENIOO0OOOOo
Kohan hace algo que casi en cualquiera me molestaría. Pero de algún modo él logra hacerlo sin que me moleste. Dice lo mismo tres veces, de manera distinta. Y de alguna manera me gusta. Lo que logra es hacer un énfasis exactamente en donde tiene que ser y creo que hay una línea muy fina entre eso y caer en la redundancia. Se tiene que ser buen escritor para lograr lo primero.
Todo el libro describe cosas muy cotidianas. Un viaje en micro, lo que pasa en el trayecto, la estancia en un pequeño pueblito de la provincia cordobesa.
Como alguien que creció en pueblo y vive en ciudad, disfruté de la descripción de los contrastes entre estos dos. Aquí uno de los varios pasajes que que me gustaron:
“Es costumbre recibir al forastero con una breve o no tan breve apología de la nueva vida, de la tranquilidad y la naturaleza y la posibilidad de encontrarse con uno mismo, lo que se descuenta como cosa de por sí deseable, sin omitir la condena implícita de la inexistencia enajenada de las grandes ciudades, que es casi siempre de donde llega el que recién llega, que es casi siempre donde vive y como vive”.
Primera vez leyendo a Kohan, tengo que decir que me encantó. Tengo todo el libro marcado y siento que abre muchísimos temas de debate de los que podría estar conversando horas con un amigo. Por momentos me pareció que alargaba mucho cosas sin sentido para la historia (como dedicarle varias páginas a relatar lo que estaba pasando en una película en la tele). Me hizo acordar MUCHO a Los llanos de Federico Falco y también quizás a Saer en esto de irse de mambo con los detalles. Resto una estrellita porque el final es totalmente ABIERTO quedaron muchas cosas inconclusas no me gusta que me jodan a mi !!! Me encantó Kohan, voy por más.
Amo a Kohan. Y si bien esta novela no fue la excepción, y me resulta siempre muy placentero pasar tiempo en su cabeza, merodeando entre sus infinitas tribulaciones mentales, me incomodaron algunas cosas, como el cambio a 2a persona en la 2a parte y el uso del futuro para relatar el pasado. Me resultó pesado, sentí que le restaba fluidez a la lectura. Y sobre el final el exceso de minuciosidad siento que deshilachó un poco la tensión narrativa que de hecho, no es lo que prevalece en este texto. Dicho esto, recomiendo su lectura, sin duda alguna.
Me rompió el corazón esta novela, ¿por qué? Porque arranqué a leerla muy entusiasmada... me encantó, me hizo pensar HASTA que llegó a la última parte: la vuelta. Me gustó la referencia al Martin Fierro en cuanto a estructura y al estilo borgeano del narrador. Pero es como que en esta última parte la historia se desinfla. :(
Le doy cuatro estrellas por lo que me hizo sentir.♥
sentí por momentos que era una extensión de los llanos, un capítulo nuevo, el viaje. me encantó el detenimiento en lo banal, en lo mundano ,y a la vez , en contrapartida, reflexiones sobre el amor, la rutina , la vida, los comienzos
El que explica és, a grans trets, molt senzill... però la forma de fer-ho deixa sovint reflexions potents o és capaç (sobretot als busos!) de transportar-me perfectament a moments que he viscut. Bastant xulo!!!