La misión jesuítica de San Javier, en la provincia de Santa Fe, fue muy valorada por su forma de adoctrinar a los moqoit en el cristianismo y en las costumbres occidentales de la agricultura, la cría de ganado y la defensa de los españoles. Estuvo a cargo de la reducción Florián Paucke, un sacerdote de Silesia que llegó a América en 1749 y regresó a Europa con la expulsión de la orden, en 1767. Paucke dejó una obra que permite conocer esa época y la realidad de los indios moqoit, sus costumbres y el entorno de las misiones.
En ese contexto histórico, Pablo Cruz cuenta una historia inquietante, que lleva al lector a vivir el conflicto de la lucha por la libertad, las almas y los dioses. La protagonizan personajes tensionados entre dos mundos: sedentarios o trashumantes, blancos u oscuros, los salvajes y los que se decían civilizados. Una historia hipnótica, que navega por las aguas secretas del río Paraná, por las del misterio y las de la magia antigua.
Con un estilo poético denso y opaco, Jabirú es la segunda novela del autor santafesino Pablo Cruz, seleccionado en "Remanso Salvaje", el club de libros dirigido por Salvaje Federal.
La novela se inscribe en una tradición con un modesto canon en la literatura argentina: el relato pre-independentista del Virreinato del río de la plata. Otros ejemplos son "Zama", "Rio de las congojas", "El entenado", "Las niñas del naranjel" y todas tienen un aproximamiento interesante y "Jabirú" no es la excepción. Es un procedimiento de narrar lo argentino desde una completa otredad, es renarrar los orígenes de una nación que aún no existe en el tiempo histórico de la novela pero que, desde la postura enunciativa de esta literatura, es una estrategia evidente.
"Jabirú" sigue una misión franciscana en Santa Fe y desde el estilo impecable del texto es posible sumergirse en la sensación sofocante del calor litoraleño, la humedad, el viaje que siguen dos frailes y su comunidad de moqovíes en el contacto cultural entre las comunidades europeas y las sudamericanas. No es una novela repleta de acción, el texto es preciosista, se detiene a iluminar un paisaje imaginario sobre el pasado y lo que queda de eso en la actualidad.
Cómo el resto de la literatura de este género, hay una pregunta subyacente rondando sobre «La tragedia argentina»: esa melancolía que puebla a muchos textos de géneros diferentes para encontrar de una vez y por todas qué hay para entender de la historia para la literatura de hoy. El procedimiento que usa para responder esta duda no es la más sagaz, incluso es algo cliché. Sin embargo, esos pequeños momentos que no me parecieron tan fuertes no opacan el trabajo estético detrás de esta novela de viajes. "Jabirú" se suma al triunfo de esa literatura que se embebe de la historia colonial para imaginar una estética para el presente.