«Mi autorretrato es una tarántula sin ojos», escribe Elaine Vilar Madruga, y los poemas de Las tarántulas son, entonces, esa telaraña que atrapa a memoria del cuerpo, el agujero desde donde emergen los miedos, y los deja a la vista. Fiel a su estética, que reivindica la belleza de lo macabro, lo pútrido y lo animal, y con una precisión magnífica, la autora nos invita a mirar de cerca eso que siempre estuvo bajo nuestros pies: lo que crece y vive en la oscuridad, como la tarántula, esperando el momento oportuno para revelarse.
solo algo que se puede nombrar a sí mismo es algo vivo
Este poemario es un aperitivo previo a algo más grande que está por llegar. Me fascina de Elaine su palabra insectil, lastimada, feminista, selvática, mortal y arácnida traída de sus novelas La tiranía de las moscas y El cielo de la selva, y también de su tierra y sus entrañas. No hay nadie como ella.
la memoria será el pretexto para la desmemoria porque borrar es un gesto imperecedero borrar nos sobrevive
Premisa: Poemario repleto de carne, de nacimiento y muerte, de erotismo y feminidad, de metamorfosis y memoria. Las tarántulas como símbolo, secretoras, recorren su hábitat repleto de epidermis. Denuncian la represión y la injusticia a través de una belleza contenida en entrañas. Detonante y visceral: Elaine en estado puro.
Opinión: Estoy cumpliendo con mi propósito de leer más poesía, un género que siempre he sentido amenazante y ajeno, basándome en una experiencia hipotética que no podía proporcionarme ninguna evidencia empírica de esta falta de sintonía. Quizá no había recorrido el camino necesario para sentir la curiosidad genuina por experimentar el desconcierto al que nos pueden llevar las palabras.
¿Qué mejor manera de romper hipótesis desajustadas que a través de los versos de una de mis autoras favoritas? Tenía la certeza de que conectaría con el latir de su mensaje, con la forma lacerante con que reordena las letras, formando palabras inconexas que desfiguran la realidad y la cargan de sentido.
No tengo el bagaje lector en el género para poder contrastarlo y valorarlo con la objetividad suficiente, pero creo que es innecesario. Es imposible no destacar algunos elementos recurrentes que traspasan las páginas y también las consciencias: la fuerza de la mujer, aunque acallada y estrangulada, el poder de la naturaleza como cárcel y útero, la incomodidad de lo terrenal, limitante y estimulante al mismo tiempo.
Elaine escribe de forma intensa, áspera, oscura, envolvente. Te traslada a un mundo desapacible del que, extrañamente, no quieres escapar. Como si fueses la costra que se agarra a esa herida que necesita sanar pero que es intermitentemente levantada por quien quiere que la sangre sea el flujo preponderante.
Me quedé colmada de emoción, incapaz de gestionar la mezcla imposible, hija de mi avidez y su visceralidad. Un espacio en el que el raciocinio deja de tener sentido y las preguntas sin respuesta funcionan como ente explicativo y justificador: del todo y de la nada.
Reconozco que me compré el libro por su cubierta, pero sin duda ha sido todo un descubrimiento leer a Elaine. Algunos poemas me han gustado muchísimo y yo tampoco he sabido cómo nombrar el silencio de mis trompas. Tampoco he sabido cómo nombrar el olor putrefacto de las hojas, de las flores marchitas, de unas arañas que se meten a contracorriente en nuestras venas. Este libro es litio para los depresivos.
La poesía no es mi género pero este libro de Elaine no decepciona, conserva su estilo.
Agregamos además de las mosquitas a las tarántulas. Si bien, debe existir o no, no lo sé, un multiverso que esté construyendo, lo está logrando con cada libro que publica.
Me gusto mucho "Aria" recordé ese momento en que cantan "que todos duerman"
Con algunos ecos del simbolismo de Vitale y las vanguardias como el surrealismo y el dadaísmo, Elaine construye un poemario donde la entidad múltiple de las tarántulas crece por momentos y luego se difumina entre otras más como la ciudad y la poesía.
Hay similitudes entre el cuerpo de la tarántula y mi mano cuando escribe con los dedos garrote con los dedos aferrados a la cuerda de una idea con los dedos suicidándose en palabras como las poetas de antaño que iban al paso de la nada cuando nadie más veía
Unas metáforas y lenguaje preciosos, construidos sílaba a sílaba, que llegan a lo más hondo y acarician el agujero negro que todas tenemos en nuestro interior. Creo que hay que estar en un mood concreto para apreciar del todo este poemario: es oscuro, íntimo y profundamente feminista. Lleva a cabo una denuncia política y social a través de su poesía, tratando temas difíciles a través de la conexión con la tierra y sus insectos. Hay algunos poemas que no me han terminado de convencer, pero igualmente ha sido una muy buena primera toma de contacto con esta autora que desconocía.
Hay ideas buenas y algunas metáforas sugerentes. La mayoría son algo predecibles, pero nada exagerado: vamos, unos poemitas fumables. Lo que pasa es que igual tengo un problema con esperarme algo extraordinario y luego me decepciono por no encontrarlo.
Sus versos no tienen ritmo. Por eso le puse 2 estrellas. Soy una quisquillosa de mierda con la métrica. Bueno, son los encabalgamientos. Eso de cortar el verso donde no se debe ¿sabes a lo que me refiero?
Que venga alguien a decirme esquenoséqué del anisosilabismo...
Mira, es que me pongo malita.
Luego está el asunto de la poesía comprometida. Que lo llevo muy mal. Pero eso para otro día. Todo esto para decir que me gusta más la narrativa de Vilar. Pues nada...
“Solo algo que se pueda nombrar a sí mismo es algo vivo”
—Elaine Vilar Madruga, Las Tarántulas.
(4.5) 🌟
Definitivamente tengo que apreciar más la poesía. Me encanta. La trato de deshilachar cuando lo requiere, la comprendo, la lloro y me inspira con cada verso.
Las Tarántulas volvió a traer ese amor incomprensible que le tengo a la poesía. Ese amor-odio. Hay fragmentos de vidrio, otros de concreto. Todos me dejaron sangrando.
La poesía en este libro es como entrar a un sueño, los poemas se sienten como imágenes, el libro entero parece ser más un organismo donde se conectan los poemas hay palabras que se repiten como la tarántula, muestra siempre algo hermoso pero no lo dejo ser simplemente hermoso lo une siempre a algo incómodo. Crítica de cierta forma la idealización del cuerpo femenino. Deja sensaciones y no conclusiones
elaine transita y hurga los margenes a través de su poesía. habita el vacío, el silencio, la desolación de su cuerpo y territorio, el viejo como el nuevo. creo serà de esos libros que los sigues pensando hasta tiempo después.
hablar de poesía es redundante en estos tiempos como lo fue en los suyos en esas tierras de la alhambra donde la mujer arrastró sus ojos por el desfiladero de la existencia ❤️🩹
Es una lectura intensa y oscura, ideal si buscas historias que te saquen de tu zona de confort, aunque puede resultar demasiado agobiante para estómagos sensibles.