Después de años investigando a la extrema derecha, de leer a intelectuales e historiadores pero también de enfrentarse a amenazas en las calles y en los juzgados, Antonio Maestre seguía sin encontrar respuesta a la pregunta más incómoda: ¿Por qué se produce la radicalización ultra de personas que nunca han sido extremistas? ¿Qué lleva a personas con las que compartes trabajo, o incluso familia, que jamás harían daño a nadie, a replicar comportamientos fascistas? ¿Qué les pasa por la cabeza para que de pronto vean como enemigos a erradicar a las personas más vulnerables y asumir las ideas más tóxicas de nuestra historia?
Para Maestre, la respuesta pasa necesariamente por una aproximación íntima y emocional, casi psicológica. Porque el auge de la extrema derecha no tiene tanto que ver con las razones externas (la crisis económica, el descontento social, el desmantelamiento del Estado de bienestar), como con el interior, con cómo los hombres han sido educados en valores machistas y misóginos, como la dominación, la humillación y la violencia, de lo que es difícil escapar incluso para él mismo. Según sus palabras, «todos podemos tener pulsiones fascistas y en ocasiones actuamos haciendo posible que esa ideología vaya ganado posiciones en nuestro día a día. Repasando mi niñez y mi adolescencia he comprendido que me crie como un fascista y que lo extraño es no desarrollarte como adulto de la misma manera».
Me crie como un fascista es un ensayo honesto e implacable que mezcla biografía, análisis y lecturas para ofrecernos una original aproximación al auge del nuevo fascismo. Un viaje personal que comienza en lo doméstico, en nuestros barrios y nuestros hogares, para desde ahí invitar al lector a entender un fenómeno preocupante que está ganando terreno en todo el mundo. Y es también un libro que nos propone herramientas para combatirlo y punto de partida para ello: necesitamos cambiar el resentimiento imperante por la empatía hacia el otro
El libro me ha gustado mucho porque ofrece un lúcido análisis, desde la vivencia personal del autor, del fenómeno de la deriva ultra y fascista de nuestras sociedades, que conecta con la socialización masculina y el rechazo al feminismo. Sin embargo, para mí, la nota más llamativa ha sido la del dolor que he sentido al leerlo por ver en sus páginas múltiples ecos de mi juventud, de los elevados estándares para los hombres de mi adolescencia (que, me temo, es la de todos y también la de los chavales de hoy -trabajo como profesor en un IES- en sus dinámicas sociales y vitales más íntimas y conformadoras de sí mismos) y de la tendencia propia de caer en las garras del fascismo. Poder frenar a la barbarie también pasa por atender a este frente en nuestros ámbitos más cotidianos y modestos, que para mejorar las condiciones materiales con la grandilocuencia de las grandes gestas ya están fundamentalmente otros. Absolutamente necesaria su lectura.
No conozco ningún libro escrito desde el lugar y la mirada desde el que está escrito éste, y eso de por sí, por el tema y el momento que vivimos creo que es un motivo para recomendar su lectura.
No compro la totalidad del argumento o la manera de transmitirlo, porque creo que sin quererlo sí que en ocasiones hay algo de condescendencia hacia los hombres jóvenes, pero desde luego que creo que es un libro que debería leerse mucho y, sobre todo, debatirse mucho. Creo que una cosa que logra es mover la conversación varios pasos mas allá de donde estamos ahora.
Debería ser lectura obligatoria para hombres mayores de 16 años. Nos explica como nos criamos como fascistas (desde cualquiera de sus acepciones) desde la más tierna infancia, hasta que pasamos a serlo nada más pisar el instituto.
Lleno de frases para subrayar, quizá me falte un hilo conductor más sólido pero queda en un segundo plano con la explicación con la coda final.
Extraordinario ensayo sobre los procesos de socialización que tenemos los hombres, especialmente blancos y heterosexuales, a la hora de relacionarnos entre nosotros y de qué manera eso pervierte e intoxica todo vínculo que establecemos (ya ni te cuento en relación con las mujeres). Tiene reflexiones que son para tallarlas en piedra, te das cuenta de tantas cosas que hasta ahora no imaginabas. Léelo, regálalo, seguro que te viene a la mente alguien que debería leerlo.