Íñigo Aguas regresa con una novela adictiva, llena de clichés y superándose a sí mismo. No te la pierdas.
Después de leer al autor desde sus inicios y tras 3 años sin publicar, me ha dejado sorprendido. He sido feliz una vez que he cerrado el libro. Se ha superado con creces: ha vuelto más fuerte, más maduro, utilizando sus herramientas y su manera de escribir, manteniendo su sello. Ha innovado en muchas cosas y estoy gratamente orgulloso de Íñigo Aguas, porque su evolución es un hecho y este libro se ha convertido en uno de mis favoritos del año.
Quiero dejar claro de antemano que es un libro lleno de clichés de este tipo: el rico y el pobre, con sus similitudes y sus respectivas vidas; un enemies to lovers impresionante y bien ejecutado; un amor prohibido… Y, para ser un libro LGTBIQ+, tengo que decir que es de los mejores, porque no busca una dramatización forzada. Lo maneja tan bien que todo se siente natural.
Cody y Alastair se conocen de una manera graciosa, pícara, llena de humor y de rabia. Lo vives como si fueras tú y te enamoras de ellos sin lugar a dudas. Sus historias familiares te conmoverán: son duras, reales y muy necesarias de ver.
Además, la premisa es directa y no decae. Incluye una escena que, advierto, es tan real que duele. Se abren subtramas que potencian la novela y no restan, y hasta los personajes secundarios están en su justa medida.
Aparte, una de las cosas que Íñigo sabe hacer bien son las escenas spicy. O sea, son tan reales que te las transmite fácilmente: tienen alto contenido y no se corta en nada. Hay giros de historia que puedes ver venir, pero todo encaja y la historia fluye sola.
Por primera vez he derramado lágrimas con un libro suyo, con ese desenlace tan rompedor. No puedo decir más porque debes descubrirlo. Es un libro lleno de amor, supervivencia, cariño, comprensión, de romper con el miedo y evitar el odio.
¡Enhorabuena, Íñigo! Te has coronado y tu novela es perfecta.