Nora corta telas y viste cuerpos mientras descose y desnuda el suyo: un cuerpo marcado por el deseo y el paso del tiempo. Rodeada de arte, objetos detenidos y vínculos frágiles, su vida parece suspendida en un equilibrio precario entre lo que fue y lo que aún late. Ánimo de mi cuerpo es una novela íntima y sensorial que explora la feminidad como territorio de memoria, percepción y conciencia. Con una prosa que bordea la poesía, Paula Stilstein construye un relato introspectivo y atmosférico, cercano a Clarice Lispector en su profundidad interior, a María Gainza en su mirada artística y a Marguerite Duras en su reflexión sobre la corporalidad y el tiempo.
Un libro que se mueve como tela entre las manos, donde las frases son el hilo que cose y descose y da forma al cuerpo.
La historia arrancha con un deseo que no es binario sino oscilante, el de ver a un niño y pensar «podría haber sido mío». Pero en esta historia las decisiones se desplazan y al final solo queda la sensación pegajosa de que el cuerpo tuvo capacidad y no la usó.
Todavía me estoy riendo de cada vez que pienso en qué hay un personaje llamado Náusea, aunque me costó medio libro entender la importancia de su nombre. El libro no va de risas, aunque las hay. Es un libro profundo como la mirada del Buey, amplio en interpretaciones como las pinturas del Río de la Plata, pero con una historia concreta: la de Nora. Está en el cruce justo de una realidad y un realismo mágico del pueblo donde se sabe todo, aunque atravesado por la modernidad de una migración que toca ya a cualquier ser humano. Animo de mi cuerpo abunda en frases poéticas que dejan al cuerpo preguntándose si hay mejor forma de definir esa realidad. De lectura rápida y profunda, esta novela de Paula Stilstein se lee con lápiz en mano y mirando a la nada o al techo cuando termina cada capítulo.
Novela breve pero que me ha resultado exigente, de mucha introspección y prosa poética.
No he pensado en una trama, he disfrutado de las imágenes de la naturaleza y de la sensibilidad de Nora, la costurera ya mayor que busca entender su cuerpo, en cuanto a deseo, vejez y maternidad postergada.
De forma fragmentaria se explora la feminidad de la mujer, muchas veces sin ser algo explícito, a veces ligado a lo animalesco, como la figura del buey que aparece en repetidas ocasiones.
A pesar de sus casi setenta años, Nora es una mujer vulnerable y con un deseo carnal que sigue presente en ella. Como costurera, trabaja lo físico, el cuerpo es su mundo, y no quiere quedar desligada de él.
Sensorial e introspectiva, esta lectura requiere para mí una reflexión posterior, después de haberla dejado posar en mi mente.
Me he tomado este libro como una experiencia sensorial y artística, ya que deduzco que la historia surgió cuando la autora vio el cuadro que aparece en la portada, quizá explicando el significado o los hechos que hay detrás del mundo onírico que representa. Por lo demás, a nivel literario, pues bueno. No soy fan del realismo mágico, y no he logrado conectar. Eso sí, me ha servido para descubrir a la maravillosa artista detrás de la portada, Emilia Cantor.
Ánimo de mi cuerpo es un corsé que a pesar de ser bellísimo, porque está escrito de una forma preciosa, aprieta y domina como la vida misma. Es una esperanza congelada en una clínica de reproducción asistida, un silencio subtitulado a través de una mirada, no ser capaz de asumir el principio de la vejez. En definitiva, es no poder escaparte del cuerpo, porque es de lo único de lo que no se escapa. Angustia, inquietud, misterio, incertidumbre por no saber qué va a pasar de un capitulo a otro, confusión… Paula Stilstein, no sé cómo lo has conseguido, pero a pesar de haberme perdido por el camino de tus palabras, no he podido dejar de leerte hasta el final, he sido incapaz de huir de tu historia, y lo único en lo que pienso ahora mismo es en la imagen de ese ojo de buey, y en la necesidad que tengo de hablar contigo y que me expliques lo que has querido transmitir con ese fin de la historia, que me ha dejado un poco descolocada, pero me ha encantado, porque creo que era justo como tenía que acabar todo.
Tengo sentimientos encontrados con este libro. Por un lado, siento que me ha costado un poco meterme en la historia pero aún así la forma en la que está escrita la novela es tan poética que te atrapa y te hace leerla con calma y atención.