Año 1014. Tras derrotar a los búlgaros en la batalla de Klyuch, el emperador bizantino Basilio II ordena arrancar los ojos de los quince mil soldados del ejército enemigo, dejando tuerto a uno de cada cien hombres para que guíen a los ciegos de regreso a casa. Durante semanas, una columna de desarrapados recorre a tientas el largo camino hasta la capital búlgara, donde los recibe el zar Samuel, que ante el terrible espectáculo de sus hombres humillados, cae fulminado por la pena. Lo sucede en el trono su hijo Gavril, heredero de un imperio amenazado que deberá defender haciendo uso de la astucia para elevar la moral del pueblo después de la última derrota. Murallas afuera, los enemigos acechan, mientras en las calles de la ciudad los soldados intentan retomar sus vidas. Hay quien se esconde y guarda silencio, está el que descubre que sus manos pueden sustituir a la vista, algunos temen parecer monstruos y no falta aquel que hace un buen negocio vendiendo preciosas cuentas de cerámica que simulan ser ojos. Y entre todos ellos hay un escriba invidente que, incapacitado para copiar lo que ya fue escrito, vuelca en el pergamino una historia que crece en él: la de los quince mil ciegos y su inesperada revancha.
Historia, inventiva y poesía confluyen en este magnífico retablo inspirado en las crónicas medievales y en uno de los episodios más crueles de las guerras bizantinas. El ejército ciego nos habla, con deliciosa ironía e ingenio, sobre las narrativas del pasado y sobre cómo el testimonio de los vencidos desaparece fácilmente en el olvido.
David Toscana was born in Monterrey in the northern Mexican state of Nuevo León in 1961. After leaving school, he qualified as an engineer and worked in Ciudad Juárez. He started to write at the age of 29. His literary influences, in terms of reading for enjoyment’s sake, were classic Spanish writers like Cervantes and Calderón as well as classic Russian writers, but in terms of the obsession with writing itself, he was influenced by the new Latin American writers Juan Carlos Onetti and José Donoso. David Toscana describes his narrative aesthetics as "realismo desquiciado" (Engl: unrestrained realism) which breaks with magic realism. Neither rhyme nor reason determine his protagonists’ actions – what goes on in their world takes place in the imagination alone, albeit as an exchange between life and fiction unfolding on more than one level. "When writing, what is important for me is keeping an eye on the concrete experience of life", states the author, who puts himself in the place of his protagonists and strives to understand what is personally at risk for them so as to bring the situation back into the very uncertain realm of everyday life. He developed his literary sense for atmosphere through Onetti and Juan Rulfo, and for the lavishly strange through Donoso. Toscana’s first novel 'Las bicicletas' (Engl: The Bicycles) was published in 1992 and opened with the laconic sentence: "The path to the cemetery was long." He thereby immediately placed himself in the Mexican literary tradition that incorporates the death motif, which, as a regional writer, he sees as situated in the barren north. This was followed in 1995 by 'Estación Tula' (Engl: Tula Station, 2000), which was also translated into Arabic, English, Greek and Serbian. In 1997 he published the short-story volume 'Historias de Lontananza' (Engl: Stories of Distance), followed in 1998 by his third novel 'Santa María del Circo' (Engl: Our Lady of the Circus, 2001). His fourth and most recent novel 'Duelo por Miguel Pruneda' (Engl: Lament for Miguel Pruneda) appeared in 2002. International literary critics have praised his works of prose for the at times biting irony that gives authentic depth to the failure and solitude of his protagonists: "There is a very rich source in my region which no one else has really tapped, which is why I feel so good about working in my own storehouse, bringing forth lots of untold stories." Since July 2003 David Toscana has lived in Berlin, where he holds a guest scholarship from the DAAD.
Pues el libro comienza de forma potente. En la batalla del paso de Klyuch o Kleidion, 1014 dc, las fuerzas bizantinas y búlgaras se enfrentan. Los bizantinos a las ordenes de Basilio II, más tarde apodado bulgaroktonos (matador de búlgaros), triunfan e infligen una dura derrota al Imperio búlgaro que lleva varios siglos como dueño y señor de las antiguas tierras bizantinas situadas entre Grecia y el Danubio, las antiguas provincias de Mesia, Dacia, Tracia y Macedonia, así como parte de los Balcanes en dura pugna con los magyares (protohúngaros), y otros pueblos eslavos (serbios, croatas....). Basilio II se hace con la friolera de 15000 prisioneros. Sorprendentemente estos prisioneros no son ejecutados, ni esclavizados, ni canjeados....son cegados. Bueno, no todos. de cada 100 uno se dejó tuerto, para que guiaran a los desgraciados de vuelta a su tierra. ¿Cuál fue el objetivo de esta decisión? ¿Sembrar el terror y la desesperación? ¿Cargar al país con una masa humana dependiente que agotara sus capacidades económicas? ¿Humillarlos? No está claro. En cualquier caso funcionó, ya que en pocos años el Imperio bizantino recuperó la frontera del Danubio, por primera vez en casi 400 años, sometiendo a búlgaros, serbios, croatas.....
Y tras este comienzo potente, nos sumergimos en un ejercicio literario, que no histórico, en el que acompañamos a distintos personajes ciegos de vuelta a sus quehaceres u oficios, es un decir. De vuelta a su familia, a los brazos de su mujer e hijos, a sus congregaciones. Vemos lo que les ocurre a escribas, herreros, ganaderos, agricultores, artesanos, padres de familia, hijos.....asistimos a su desesperación, su inadaptación, su incapacidad para retomar sus oficios y quehaceres, a su casi imposible integración en una sociedad que no está preparada para esta carga....pero todo con un punto de fantasía, de realismo mágico, de surrealismo...que convierten un texto que podría haber sido apoteósico, en algo intrascendente, desde mi punto de vista claro. Mañana ya no recordaré casi nada de lo aquí contado. Y la gran historia que subyace, ha quedado sin contar.
Humor negro, que no hace gracia. Juegos de palabras de ciegos, que tampoco hacen gracia. Pequeñas historias de la Historia, que son importantes, pero que depende cómo se cuenten, te llegarán más o menos. Yo esperaba algo diferente, para que engañarnos.
Por cierto, al parecer el oficio de desojador en el Imperio bizantino existía, ya que era una práctica habitual, que se utilizaba para la incapacitación de los enemigos, en muchos casos políticos entre la alta nobleza bizantina, incluso herederos al trono. Y el método para hacerlo estaba muy bien establecido, así como los instrumentos necesarios para ello.
Qué deciros. Podéis probar. Igual os encanta. Está bien escrito y es diferente, eso si.
A veces los premios generan expectativas pero, los libros deben leerse como lo que son: objetos extraordinarios que llevan a mundos distante, que provocan la imaginación y permiten al lector abstraerse de una realidad compleja entrando a otra, a veces más compleja. Los libros no son objeto de concurso, son de gusto o no. En este caso la novela es bien hilada, congruente, entretenida, por ratos dolorosa e incómoda pero siempre ingeniosa.
Un libro raro. Sin duda, bien escrito, pero nada memorable. Aunque es una propuesta literaria distinta, que reconstruye cómo la guerra devolvió 15.000 hombres ciegos a Bulgaria en el siglo XI, y cómo siguieron viviendo después de aquella mutilación infame, la novela no logra gustarme del todo. Hay frases, hay imágenes, hay chispazos, hay relatos que te encuentran el pescuezo, pero luego se quedan a medio camino y no terminan de matarte.
Eso sí, hay una propuesta estética de David Toscana, premio Alfaguara 2026. Pero, pero, pero, no sé...
¡Cómo me gusta David Toscana! A primera impresión puedo decir que el libro es divertido, trágico y conmovedor, con pasajes muy poéticos y también muy crudos. Me parece de genio el ejercicio de la novela: partir de un epígrafe histórico para construir una narrativa coral que relate todas las cosas que nadie se preguntó sobre los ciegos, que además de ser soldados, eran seres humanos. "Si los historiadores, en vez de ocuparse de batallas y emperatrices, contarán lo que en verdad deben conocer las generaciones por venir, habrían de dedicar muchas líneas a estos hombres que cantaban y reían y se olvidaban de la muerte, de las deudas y las ampollas, de las vilezas y el paso del tiempo, para celebrar como nadie ha celebrado jamás el triunfo de las tinieblas sobre la luz."
Hubo un punto en el libro donde sentí que el coro no llevaba a ningún lado, donde todas esas historias eran interesantes, irónicas y entretenidas pero no sé les veía (pun intended) un objetivo. La sensación duró poco porque la narración se comienza a compactar y las voces se reúnen. Esa es la única costura que quizá vi en tan bien confeccionado texto.
No tiene nada que ver, pero me gustaría comentar que me gustó más El peso de vivir en la tierra, quizá por los rusos, aunque aquí también los personajes parecen un poco rusos jajaja. En fin, lean la novela, pasarán un buen rato, en mis libros se va a la sección de "Entrañables".
Una interesante narración de los vencidos que se aleja de la narración oficial, de la de los historiadores. Y nos expone a soldado raso, al que no lidera nada, al que hizo caso y le tocó dejarse llevar por su destino, pero cuyo relato cobra protagonismo, entristece, asombra y divierte en medio de la tragedia.
El hilo conductor a veces se pierde y con ese hilo la conexión. Destacó el comienzo y el final: atrapan y sorprenden.
Este libro me tuvo súper enganchada. Me pareció increíble cómo el autor describe escenas tan gráficas y violentas desde la voz de personajes ciegos, que son nada más y nada menos que los 15 mil hombres a los que el emperador bizantino Basilio ll mandó a cegar. Sin duda, un pasaje histórico tan intrigante como aterrador. Además, me atrapé a mi misma riendo de escenas realmente trágicas, ¡ups! Creo que nunca había disfrutado tanto el humor negro en un libro, la habilidad de David Toscana para crear un humor tan complejo no se puede negar. A lo largo de la historia conocemos a varios de los hombres que formaron parte de este ejército ciego, conocemos sus profesiones y sus historias, así como el giro que dan sus vidas luego de que les sacaran los ojos. Cada historia es una reflexión en torno a muchas cosas: el amor, la locura, la familia, la vanidad, la esclavitud y mucho más. ¡Lo recomiendo muchísimo!
Un ejercicio literario interesante. A través de una narrativa que puede dar la sensación de coralidad (el narrador es sólo uno), se nos cuenta la historia de unos pobres hombres y la recuperación de su dignidad. Aunque puede hacerse a ratos un poco reiterativa, mantiene un buen ritmo y muchas veces tiene tintes de genialidad, con reflexiones y escenas muy tiernas, desagrradoras o profundas. No me ha llegado a convencer el final, aunque deberia volver a leerlo para confirmar. Yo lo recomiendo.
4 estrellas para una novela muy rara, pero muy bien conceptualizada y ejecutada. Es incómoda de leer porque habla mucho de los vicios y "bajezas" a las que llegan las personas en casos extremos. No es ilegible y no es grotesca en extremo, pero sí hace alusión a situaciones que pudieron haberse abordado de forma muy sórdida.
La verdad es que tenía mis dudas, pero está muy bien. Si que me ha parecido una fábula. Partiendo del hecho histórico, se marca una película...que telita. Además no lo alarga, pq podía perder la originalidad y frescura a poco que hubiera prolongado la novela. Con cierto sentido del humor que tb se agradece.
Una narrativa brillante que fácilmente podemos confundir con poesía. Confirmo, delirante. Profundamente humana y conmovedora. Se aprecia más que nunca ante la oleada de textos producidos por silicio.
Novela histórica que se lee como una fábula con un humor oscuro y delicioso. Me gustó la manera en la que el autor construye un relato a partir de un hecho poco conocido y le da voz e historias a los soldados cegados por su enemigo. Personajes que van de lo vulgar a lo divino y un gran capacidad inventiva. Para leerse con pausa y disfrute de la forma y el fondo. A diferencia del Alfaguara del año pasado, este ganador sí que me gustó.
Me resultó bastante incomoda de leer. Basada en hechos reales, con una crueldad inaudita y con resultados sin sentido. Brincos de un personaje a otro que resulta confuso Quizá esperaba mucho mas, por ser una novela premiada con el alto galardón Alfaguara. Lo que si, me parece con mucha investigación histórica y con pequeños toques de religiosidad
Tenía unas expectativas altísimas. No por el premio Alfaguara, por la historia interesantísima de tsar Samuil y el retorno de su ejército ciego.
Se describe con adjetivos como "feroz y divertida", "deliciosa ironía" pero no encontré nada de eso. El primer cuarto de libro uno se lo pasa con un nudo en la garganta, imaginando las escenas y juegos con ojos humanos. Quizá hemos perdido sensibilidad y algunos elementos gore ya están normalizados.
Está muy bien escrita, se hilan las historias y personajes de forma magistral para cerrar con lo que yo creo es la reflexión de esta novela fantástica
Absolutamente increible. Cada capitulo tiene algún tipo de reflexión, critica, o simple chiste que se manifiesta de forma poética o sentimental. Lejos de ser cansador, sorprende como no lo es. A lo largo de todo el texto eso se combierte en la propia ideantidad de una mini-sociedad de ciegos que cada vez conoces y entiendes e incluso quizas envidias mas y mas. Son tremendos los paralelos que crea con el hecho de no poder ver, casi parece un downgrade estar "atado" la vista. No poder experimentar historias fantasticas, la transformación de un humano en arcangel, personas que ven el infinito o cualquier cosa posible simplemente porque no la vemos. Muy muy bueno, recomiendo ah
Librazo. Oscuro, ágil, infinito, crudo. La historia de una batalla donde los bizantinos castigaron a los vencidos (búlgaros) cegando a 15 mil soldados (99 de cada cien y un tuerto), transformando la historia de sus comunidades, cada ciego se transfigura y así narra la crueldad humana, la dulzura, las injusticias, la melancolía de la condición humana. Amé totalmente.
Eran miles y miles que habían pasado por lo mismo, y sin embargo, cada uno había pasado por algo único. ¿Debía contar 15,000 historias o podía ser tan breve como los historiadores? Alguien habría de asentar el testimonio de 1 por 1, no de de todos juntos, para que los hombres de los tiempos por venir no los creyeran personajes de una leyenda.
Una novela muy buena, super agradable de leer. Una gran literatura muy sudamericana con historia de irrealidad pero que hace al lector ver la historia que está leyendo. Tiene cierta profundidad filosófica. Me ha gustado muchísimo.
4'5* qué forma tan sencillamente maravillosa de tratar temas como la fe o la experiencia de la ceguera. Divertido, profundo y con personajes memorables, como parece que acostumbra el autor.
Esta lectura la inicié arrastrado por la premisa: miles de soldados búlgaros cegados tras su derrota frente a Constantinopla. Sin embargo, el libro no se queda únicamente en el horror del castigo. A través de la figura del tuerto que guía a los ciegos, la obra construye una poderosa metáfora sobre el liderazgo, la fragilidad y la supervivencia colectiva.
Espectros vivientes, que se chocan entre sí, que atraen a los cuervos, cuyas cuencas son limpiadas por estos cual cadáver, despiertan miedo y rechazo en quienes los observan; son la imagen incómoda de una guerra que nadie quiere recordar.
La novela también muestra cómo los abusos y la humillación continúan incluso después del regreso a casa, especialmente por parte de aquellos que conservan la vista y el poder. Aun así, los ciegos aprenden nuevas formas de habitar el mundo, crean juegos, canciones y maneras distintas de orientarse y comunicarse. La ceguera deja de ser únicamente una condena para convertirse en una experiencia compartida desde la cual reconstruyen comunidad.
El libro termina siendo menos una historia sobre la derrota y más una reflexión sobre la capacidad humana de adaptarse, resistir y reinventar la vida incluso después de la oscuridad.
No estoy seguro de haber “disfrutado” El ejército ciego tanto como lo admiré por momentos, y esa contradicción probablemente sea la mejor puerta de entrada al libro. David Toscana toma un episodio histórico brutal —la mutilación masiva de soldados búlgaros por orden de Basilio II— y, en vez de narrarlo desde la grandilocuencia del espanto, lo desplaza hacia otra zona: la de la vida menuda, la fábula, el rumor, la anécdota, la superstición y hasta cierta comicidad torcida. El resultado, al menos en mi lectura, es una novela extraña: por un lado muy singular, culta y llena de hallazgos; por otro, tan entregada a su propio dispositivo que a ratos sentí que se repetía y que el horror original se disolvía en una sucesión de estampas.
Lo que más me interesó fue justamente esa operación. Toscana no cuenta la atrocidad como si quisiera aplastar al lector con ella, sino como si quisiera mostrar qué ocurre después, cuando lo monstruoso deja de ser un hecho excepcional y se convierte en condición de existencia. Allí aparece lo más inquietante del libro: no la violencia misma, sino su domesticación. Cómo un relato nacido de una herida histórica tan feroz puede avanzar con una naturalidad casi costumbrista, vestido con la cotidianidad de otro tiempo. A mí eso me produjo una incomodidad fértil, porque obliga a mirar la ceguera no solo como castigo físico o símbolo político, sino como una forma de mundo.
Hay una frase que condensa muy bien esa transformación identitaria y ese descenso hacia otra vida posible: “Pensé en darle mi nombre, decirle de dónde venía, quién era mi padre, a qué me dedicaba; pero supuse que yo ya no era el de antes ni tenía ese nombre ni venía de tal lugar ni tenía aquel padre, ¿y a qué habría de dedicarme ahora? ‘Soy un ciego’”. Esa respuesta tiene algo devastador precisamente porque no necesita alzar la voz. No hay énfasis trágico, no hay subrayado sentimental: solo la constatación de que la catástrofe no siempre destruye de golpe, a veces también reorganiza, rebautiza, redistribuye el ser. Toscana trabaja mucho en ese registro: la desgracia convertida en nueva gramática de lo cotidiano.
La novela me recordó, efectivamente, a la picaresca y a libros como Los cuentos de Canterbury o El Decamerón, y no creo que esa resonancia sea poco original ni mucho menos; está bastante inscrita en la textura del libro. No porque Toscana copie esas tradiciones, sino porque adopta algo de su lógica: el desfile de figuras, la acumulación episódica, el gusto por los desvíos, la mezcla de crudeza y farsa, la sensación de que el relato avanza menos por una tensión lineal que por una cadena de escenas y voces que van armando un mundo. También hay algo de crónica apócrifa y de leyenda oral en la manera en que circulan los personajes, los rumores y las pequeñas historias paralelas. Esa elección me pareció muy potente al principio, porque ensancha la novela y la vuelve porosa, rara, menos obediente a la narración histórica convencional.
Pero allí mismo encontré también mi principal reserva. Hubo un punto —y lo sentí con más claridad hacia el tramo en que aparecen esas pequeñas reinserciones familiares y el catálogo de anécdotas— en que el libro empezó a parecerme reiterativo. Como si, después de partir de un hecho inconmensurable, optara por una deriva más costumbrista y fabulesca que por momentos pierde intensidad. No diría que el libro se vacía, porque sigue teniendo inteligencia verbal, imaginación y una mirada muy particular sobre la historia, pero sí sentí que el mecanismo se vuelve visible: una anécdota, otra, otra más; una rareza, otra, otra; y el asombro inicial ya no siempre encuentra una renovación equivalente. En vez de crecer en gravedad, la novela a veces se dispersa en su propio repertorio.
Eso no impide que haya pasajes magníficos. El cierre, por ejemplo, me pareció uno de los grandes aciertos del libro. Cuando el narrador dice que “los historiadores hablan de grandes cosas que a pocos interesan” y opone a esa historia oficial todo lo que ella borra —los juegos, los cuerpos, los nombres improbables, las criaturas casi legendarias, los restos de una experiencia que no cabe en los archivos—, Toscana formula con mucha claridad la apuesta de la novela. Ese párrafo final no solo cierra: justifica retrospectivamente el libro entero. Su verdadera pregunta no parece ser qué ocurrió, en el sentido escolar o cronístico, sino qué queda fuera cuando una época se convierte en relato histórico. Y allí la novela encuentra una fuerza muy precisa: recordarle al lector que la historia oficial suele ser una máquina de exclusión, no de memoria.
También me gustó que Toscana se permitiera cierto espesor léxico y una musicalidad verbal que no busca quedar simpática. Hay palabras, registros y modulaciones que obligan a entrar en otra respiración del castellano. No es una novela que quiera sonar contemporánea en el sentido de la transparencia fácil, y eso le da carácter. A veces ese trabajo con el lenguaje aporta densidad y extrañeza; otras, contribuye a la sensación de artificio y repetición. Pero incluso cuando me distanciaba, seguía percibiendo que había detrás una voluntad formal seria, no solo un capricho estilístico.
Salí de El ejército ciego con una mezcla de respeto, interés y reserva. No terminó de conmoverme tanto como esperaba a partir de su premisa, y en varios tramos sentí que la novela se demoraba demasiado en su propia deriva episódica. Pero tampoco me parece un libro fallido. Al contrario: me parece una novela valiosa, singular, culta, llena de ideas, que mira la violencia histórica desde un ángulo poco transitado y que, en sus mejores momentos, consigue algo muy difícil: volver extraña la historia y al mismo tiempo volver íntima su barbarie. Tal vez no me dejó deslumbrado de manera constante, pero sí me dejó pensando en todo lo que la historia deja afuera cuando decide qué merece ser contado. Y eso, para una novela sobre ciegos borrados de la memoria, no es poca cosa.
David Toscana, con El Ejército Ciego, ofrece una lectura literaria que trasciende el relato histórico convencional para sumergirnos en una fábula poderosa sobre la guerra y la resistencia. Partiendo de un hecho real del siglo XI, cuando Basilio II ordenó cegar a 15,000 soldados búlgaros, Toscana narra desde la voz de Kozaro, el escriba ciego, quien dice: “Voy a narrar lo que no vi para que lo vea quien me escuche.” Esta declaración concentra, a mi juicio, la esencia del libro: la capacidad de la ficción para reconstruir una memoria silenciada y dar vida a quienes los vencedores han sepultado en el olvido.
La novela se aleja deliberadamente del ejercicio documental para adoptar un tono oral y poético que alterna entre testimonio, leyenda y humor negro. Así, Toscana no pretende contarnos una crónica estricta, sino crear una parábola trascendental que interpela el presente. La historia de los soldados cegados cobra dimensiones casi míticas, transformándose en un símbolo universal del sufrimiento, la impotencia y la lucha por mantener la dignidad frente a la violencia.
Lo valioso de esta propuesta es cómo Toscana utiliza el poder de la imaginación para reivindicar a los vencidos, otorgándoles voz y rostro en una narrativa que desafía el monopolio tradicional de la historia. Esa mirada desde abajo nos invita a cuestionar quién tiene derecho a narrar el pasado y demuestra que la ficción puede modificar y enriquecer la comprensión histórica sin restarle autenticidad. La novela es así un acto de resistencia literaria que invita a ser testigos de aquello que la historia oficial prefiere ocultar.
Además, Toscana establece un puente con los conflictos modernos, reflexionando sobre el destino de los jóvenes soldados convertidos en inválidos emocionales y físicos, “épica de los vencidos” que trasciende épocas y geografía. Más que la batalla, el foco está en el retorno y la reinserción social de estos cuerpos mutilados, una mirada crítica al costo humano de la guerra que nos interpela con crudeza.
Si bien su prosa delicada y su estructura poética evocan clásicos como El Decamerón o Los Cuentos de Canterbury, debo confesar que esperaba una mayor intensidad emotiva. La novela, aunque conmovedora y bien elaborada, no logró conmoverme hasta los huesos, quizá porque su fuerza reside más en la reflexión y la dimensión simbólica que en la exaltación épica o espectacular.
En definitiva, El Ejército Ciego es una lectura fundamental para comprender cómo la ficción puede transformar la historia sin traicionar su esencia, potenciando la memoria de los olvidados y abriendo la puerta a nuevas interpretaciones que enriquecen nuestra comprensión del pasado y sus resonancias en el presente. Una obra que desafía al lector a mirar más allá de lo visible y escuchar lo que el silencio intenta esconder.
Here is something one doesn’t often read about. After the battle of Klyuch in 1014, the Byzantine emperor Basilio (Basil II Porphyrogenitus, (963-1025 CE) ordered that the losing army of Bulgarians should lose their eyes. Some 14,650 men had their eyes removed and one person out of every one hundred (or 148) would lose only one eye. Those one-eyed men or tuertos would be able to direct the losing army home to the tzar Samuel (997 - 1015 CE) in Bulgaria. Once this “blind army” arrived home, Samuel, stressed by what he saw, had a heart attack and died. His son Gavril Radomir became the new tzar of the Bulgarians.
Apart from the horrors of the blinding of so many, I wondered what else could this be about? After all, this book won one of the major prizes in Spanish literature, Premio Alfaguara de novela 2026. Mexican author David Toscana focuses on the characters in that army. Not just how each one dealt with his blindness but how his family receives them and the bigger question, what do they do when they return.
Here are a few of the characters in the book. There is Premald, who lost his daughter and continues to make dolls to replace his loss. Or big Igorón, who is known as the monster, who decides that he won’t be able to make money for a dowry and decides to send one daughter to the convent, the other to a brothel. Some like Nikifor can go back to his job as a baker. Kozaro claims that he can go back as a scribe - he can still write things down, he just needs someone to read to him. Or Timotéi who can still play the part as the puppeteer. His only fault is that he keeps reminding people that he is the brother with blue eyes (his brother kept one eye, brown). Or Dimitar the doctor who thinks he can “fix” the blind while Moskono the Jew has an idea to make ceramic painted eyes for those hollowed out eye sockets. Least of all, there is Bromo the pig, the fierce warrior (it really is a four-legged beast). Everyone seems to have a plan. After all, they are not dead like others who go to war and die on the battlefield or die as a prisoner. They have a reason to live.
As you can tell David Toscana has painted a book ripe with dark humour. But then he plies something unexpected. While the blind are literally bumbling around town, tzar Gavril Radomir realizes that these people need a cause. Something to unite them again. So why not form an army of the blind and send them to attack the emperor again? Revenge for his father’s loss? Or utter stupidity? The Bulgarians need a hero and why not Gavril, who earns the title of Basilioktonos, slayer of emperors. Need I say more?
Terminar El ejército ciego de David Toscana fue un proceso interesante, porque mi percepción del libro cambió conforme avanzaba. Al inicio me costó trabajo, la naturalidad con la que se presenta un hecho tan brutal como dejar ciegos a miles de soldados me resultaba desconcertante. Sin embargo, poco a poco entendí que el foco no estaba en el acontecimiento, sino en lo que viene después.
Al cerrar el libro, me dejó una sensación de impotencia, pero también de belleza. Las historias individuales de los personajes son profundamente humanas, y aunque el hecho histórico tiende a reducirlo todo a un solo evento, el libro nos recuerda que detrás de cualquier acontecimiento existen múltiples vidas, experiencias y formas de entender una misma realidad. Esa idea resulta tan poderosa como inquietante.
En el fondo, la obra trata sobre la capacidad de adaptación del ser humano. A través de la ceguera, no solo como pérdida física sino como punto de transformación, vemos cómo los personajes reconstruyen su vida, redefinen su identidad y descubren nuevas formas de habitar el mundo. Al mismo tiempo, el libro plantea un contraste duro, una sociedad que valora a las personas mientras son útiles, pero que las desplaza cuando dejan de ser funcionales. Hay una crítica clara al utilitarismo humano y a la fragilidad del valor social.
La ceguera también puede leerse como una forma de revelación. Paradójicamente, los personajes parecen “ver” más después de perder la vista: descubren capacidades, resignifican su existencia y muestran que, incluso en la pérdida, puede haber crecimiento.
Lo más perturbador no es la violencia inicial, sino la forma en que esta se normaliza. Sin embargo, esa misma normalidad termina siendo desplazada por algo más profundo: la manera en que el ser humano, incluso en condiciones adversas, puede encontrar belleza, sentido y nuevas posibilidades.
Más que presentar una situación absurda, el libro muestra una realidad compleja, dura, pero también profundamente humana. Nos recuerda que el mundo contiene tanto crueldad como belleza, y que no siempre necesitamos ver para comprenderlo.
Es una lectura accesible, original y llena de matices, que permite a cada lector encontrar sus propias interpretaciones.
El ejército ciego es una historia que demuestra que, a veces, hay que perder la vista para empezar a ver.
Una novela poderosa y profundamente humana sobre la derrota, la dignidad y las batallas invisibles.
Sinopsis: En El ejército ciego, el escritor mexicano David Toscana, ganador del Premio Alfaguara 2026, construye una historia donde la fragilidad humana y la resistencia interior se convierten en el verdadero campo de batalla. Con su estilo sobrio y cargado de simbolismo, Toscana retrata personajes marcados por la marginalidad, el fracaso y los sueños imposibles, en una narración que reflexiona sobre el sentido de la lucha cuando el mundo parece avanzar hacia la derrota moral y colectiva.
Mis impresiones: El ejército ciego confirma la enorme capacidad literaria de David Toscana para convertir lo cotidiano y lo aparentemente insignificante en una reflexión universal sobre la condición humana. La novela no se sostiene en grandes giros argumentales, sino en la fuerza de sus personajes y en la profundidad de sus silencios. Toscana escribe con una mezcla de ironía, melancolía y lucidez que obliga al lector a detenerse y pensar. Sus personajes parecen derrotados, pero en el fondo conservan una dignidad silenciosa que da sentido a la historia. El autor muestra que muchas veces las luchas más importantes no son las visibles, sino aquellas que cada persona libra contra el olvido, la frustración y la pérdida de sentido.
Lo mejor:
* La profundidad humana y simbólica de los personajes. * El estilo literario sobrio, elegante y profundamente reflexivo. * La capacidad de transformar la derrota en una forma de resistencia narrativa. * Una novela que invita más a pensar y sentir que a consumir rápidamente.
¿Y los peros? No es una lectura acelerada ni complaciente. Su ritmo pausado y su carga simbólica exigen atención y sensibilidad del lector. Sin embargo, precisamente ahí reside su valor: es una novela para ser habitada y reflexionada, no solo leída.
Recomendado: ✔ Para lectores de literatura latinoamericana contemporánea de alto nivel. ✔ Para quienes disfrutan novelas introspectivas y profundamente humanas. ✔ Para quienes buscan una obra que combine belleza literaria, crítica social y reflexión existencial.