Una de las grandes paradojas de este mundo son los curiosos caminos de la naturaleza a la hora de la reproducción. Mujeres que no se sienten listas para la maternidad y quedan embarazadas, mientras que otra cierta cantidad de mujeres que anhelan tener un bebé en sus brazos y su cuerpo no les permite tenerlos por el tiempo necesario, Eilidh Lawson es uno de esos casos, quien luego de años y años de tratamientos de fertilidad ve como tristemente sus sueños quedan truncados al perder al único bebé que su cuerpo había alcanzado a albergar. Junto a su matrimonio prácticamente fracasado, decide tomar sus cosas y marcharse, llegando a un pequeño pueblo en las Tierras Altas de Escocia, Glen Avich, donde creció y el único lugar que ha considerado realmente su hogar en su corazón. Así comienza esta historia entrañable, que ha sido todo un descubrimiento.
Encontré este libro en mi librería favorita, pero tristemente no pude comprarlo debido a su alto precio, así que tuve que conseguirlo de forma digital, como he hecho con mis últimas lecturas y cada vez que tenía tiempo leía un capítulo y otro y otro. Prácticamente no podía soltarlo.
Lo más interesante de esta historia es que está narrada en primera persona a través de gran parte de los personajes, lo que permite saber no solo lo que piensa uno, sino todos, el sufrimiento de Eilidh, su nueva vida en el pueblo de Glen Avich trabajando junto a tu tía abuela en su tienda, también nos permite conocer la historia de Jamie McAnena (su amigo de la infancia, con quien vuelve a reencontrarse), padre soltero de una niña pequeña llamada Maisie, abandonada por su propia madre para seguir su carrera en Londres y con esfuerzo trata de sacar adelante a la niña, más aún que actualmente la abuela de la pequeña, Elizabeth, acaba de fallecer. Pero uno de los más curiosos personajes que narra una parte del libro es la propia Elizabeth, quien aún después de la muerte narra lo que va ocurriendo con algunos de los otros personajes, expone sus puntos de vistas, sus sentimientos hacia sus hijos, su fallecido esposo, su nieta Maisie y sus amistades, al mismo tiempo que interviene de diversas formas para ayudar a Eilidh y a Jamie en la búsqueda de la felicidad. Fue uno de los puntos que más me gustó de “Cuida de Mí”, porque dependiendo de la creencia de cada uno, siempre ha existido la pregunta de, ¿qué hay más allá luego de que el alma de una persona exhala su último suspiro?, muchas veces decimos o pensamos que los que ya no están aún nos cuidan, que si pensamos en ellos en cierto modo aún viven en nuestros corazones y el hecho de que la autora haya colocado a Elizabeth como uno de los narradores es una muestra de ello, en mi opinión. Los otros personajes también están muy bien escritos y estructurados, incluso los que tienen una escasa participación.
La relación entre Eilidh y Jamie fue muy bien abordada y muy bonita de presenciar, ambos son dos personas que han sufrido a través de sus ideales no alcanzados y tristemente se han encerrado en sí mismos, pero en el fondo lo que ambos buscan es volver a soñar y sentir, aunque Eilidh se muestra mucho más terca a abrirse de nuevo a pesar de que todos piensan que debe arriesgarse, pero nadie dijo que las cosas eran fáciles, mientras tanto, lo primero que vemos florecer es la relación entre Eilidh y Maisie hasta a convertirse en una parecida a madre e hija, inconscientemente nos vamos dando cuenta lo mucho que a Maisie le han afectado las pérdidas de su madre y su abuela Elizabeth. Nada está al azar en esta historia que recomiendo absolutamente a todos los lectores que quieran leer sobre Escocia en las Tierras Altas, sobre el reencuentro, la pérdida y la reconciliación.
"Lo que ahora sé es que la esperanza no es eterna, pero que hay vida después de la esperanza".
-Cuida De Mi, Daniela Sacerdoti.