Aislados en una granja en el campo (huyendo de un mundo de pandemias constantes y de un pasado de adicciones que aún los persigue), Ella y Él buscan reconstruirse en una naturaleza que creían idílica y que pronto se revela hostil. Un frágil equilibrio que se rompe por una doble visita inesperada: la de una zorra que los acecha por las noches y devora a sus animales, y la de una joven sin pasado, la Visitante, cuyo brillo inquietante enciende toda clase de tensiones en la pareja. Allí donde converge el mito con el suspense psicológico y el relato íntimo, esta fábula salvaje es una exploración de la fascinación, el deseo, la fragilidad afectiva y la violencia emocional. En este triángulo obsesivo que forman Ella, la Visitante y la Zorra, las fronteras entre cuerpo, instinto y fantasía se rompen, revelando la ferocidad que intentamos domesticar.
Gabriela Jáuregui (Ciudad de México, 1979) es una escritora, poeta y crítica literaria mexicana.
Jáuregui nació y se crió en Ciudad de México. Realizó la mayor parte de sus estudios en los Estados Unidos. Es maestra en escritura creativa por la Universidad de California en Riverside, maestra en literatura comparada por la Universidad de California en Irvine y doctorado en literatura comparada de la Universidad del Sur de California.
Ha publicado obras en inglés y en español, incluyendo la colección de poesía Controlled Decay (2008) y la colección de cuentos La memoria de las cosas (2015). También fue una de las coautoras de la obra Taller de taquimecanografía (2012).
Es cofundadora del colectivo editorial independiente Sur+.[ Además, es presidenta del Jurado del Premio Aura Estrada.
En 2017, fue incluida en la lista Bogotá39, donde se mencionan a los escritores más destacados de Latinoamérica menores de 39 años.
Un narrador en tercera persona observa a unos personajes que, a su vez, se observan entre sí. Una visitante llega sin avisar a la cabaña donde se ha mudado una pareja. Dice haber vivido allí antes, y entonces surgen las preguntas: ¿quién es realmente la visitante? ¿La chica que ya habitó esa parte del bosque, la pareja que ha pagado por vivir allí o la zorra, que es de un bosque que existía mucho antes de que existiera la cabaña?
La visitante acaba instalándose con la pareja y comiéndose a escondidas todo el hastío que guardaban, del mismo modo en que la zorra se come todos los huevos del gallinero.
(De la novela me ha fallado la voz narrativa, pero la autora es buena generando tensión y sosteniendo esa sensación constante de que algo malo está a punto de ocurrir).
me encantan los libros en los que pareces no estar enterándote de nada, pero realmente pasan muchas cosas aunque no tengan sentido, para terminar con una sensación de “guau, qué ha sido esto”. durante todo el relato esperas que algo malo pase, y lo que pasa realmente es que dos personas están cansadas de sorportarse; lo verdaderamente fascinante aquí es cómo la autora ha convertido esa nimiedad en una historia oscura y asfixiante que te envuelve por completo.
Basicament la història d'una zorra. Sta bé. Curtet, amb un imaginari hipnòtic a moments. Però la metàfora no acaba de treure tot el suc i amb els meus traumes només veig una zorra. Otra review borracha en un bar.
Todavía tengo que procesarlo, ya que es un libro que deja mucho margen a la interpretación de lo literal y metaforico. Lo he disfrutado eso si. Me ha gustado mucho como esta escrito.
Premisa: Ella y Él han decidido aislarse de una realidad distópica rodeándose de naturaleza. Intentan mantener un equilibrio que se verá puesto a prueba por la llegada de una zorra que amenaza a sus animales, al igual que por una Visitante que pondrá a prueba sus instintos y prioridades.
Opinión: Me dejé llevar por la cubierta desde el primer momento en que la vi, intuyendo cierto simbolismo encarnado en un animal astuto y libre, seguramente protagonista de una trama con la potencia necesaria como para sostenerse en tan pocas páginas. Y últimamente, disfruto mucho de lecturas breves e intensas, ya que hacen el contraste perfecto con la densidad y extensión de otras.
Jáuregui nos presenta a una pareja en pleno proceso de cambio, transmitiendo su necesidad de huida y la carga emocional que arrastran. Nos introduce en su rutina, marcada por la necesidad de atender las exigencias que van surgiendo en un entorno tan desafiante como puede ser la naturaleza cuando uno empieza de cero. El conflicto comienza cuando sus animales empiezan a verse amenazados por la llegada de una zorra, determinada e inteligente, aprovechándose del fruto de su trabajo.
Más allá de la preocupación, su aparición desata una obsesión incontrolable en nuestra protagonista, cuyo pensamiento queda irremediablemente atrapado en las sensaciones que le genera, embriagada por la angustia y su cautivador desafío. Pero no solo será el animal el que desbarate su realidad, sino una mujer que se apodera de su rutina, modificando su entorno y haciéndoles sentir a la deriva, anticipando un desastre irrefrenable.
La narración, en tercera persona, te sitúa en perspectiva para captar una realidad distorsionada, centrada en el intimismo del discurso interno y en la sensación de desequilibrio, de inevitabilidad. Un desajuste que no solo revela la relación que podemos tener con nuestro pasado y nuestras circunstancias actuales, sino la intimidad de una pareja que se sostiene en un frágil equilibrio de naipes, soterrado e ignorado.
Me ha dejado un buen sabor de boca, aunque pueda resultar contradictorio al contrastar las emociones que me ha removido. Pero, al fin y al cabo, es el viaje que decido realizar al introducirme en este tipo de lecturas: ese que te lleva a realidades desafiantes mientras te interpela a poner ese toque de interpretación necesario para que la experiencia acabe de coger la forma adecuada.
leer este libro es sentir una mirada puesta sobre ti, sobre tu cuerpo. como si hubiera un animal acechándote sin que lo alcances a ver. un animal que ronda mientras te das cuenta de que eres su presa.
¿qué pasa cuando lo salvaje irrumpe en una vida? ¿qué pasa cuando intentamos domesticar al deseo?
De lo mejor que he leído últimamente: esta fábula de Gabriela Jauregui trata del amor, de la traición, del deseo y por supuesto de cómo nos relacionamos con otras especies. No digo más para no hacer spoilers, pero es de una sutil belleza que te deja inerme.
Las ganas que tenía de meterme de lleno en el último lanzamiento de Lava Editorial, “Zorra”, una novela breve escrita por la mexicana Gabriela Jauregui.
Una pareja, cuyos nombres desconocemos, se traslada a vivir a una pequeña granja en mitad del campo, alejándose así de constantes pandemias y dejando atrás un pasado de adicciones a las drogas. Ninguno de los dos está familiarizado con el entorno rural, por lo que deberán aprender a cultivar y a cuidar de sus animales. De un día para otro este aparente orden se verá quebrantado por dos personajes: una zorra astuta que se convertirá en una amenaza para el gallinero y una joven enigmática que acabará instalándose en casa de la pareja, desatando así toda una tormenta de atracción y deseo. ¿Sucumbirán ambos a la tentación?
La autora aborda, desde lo salvaje y lo instintivo, temas como el desgaste en la pareja, la exploración del deseo y las lealtades. “Zorra” es una historia sobre las relaciones de pareja, la monotonía, las ataduras de los vínculos y las fuerzas que los interrumpen.
La voz narrativa de Jauregui está cargada de magnetismo y misterio, es sensual y sugerente, permitiendo que el lector complete su experiencia lectora echando a volar su imaginación. La fluidez de su prosa, precisa y altamente poética, resulta admirable. La autora mexicana dibuja perfectamente las descripciones y lo hace con infinidad de detalles sensoriales, consiguiendo que el lector no sólo vea, sino que sienta la escena.
Una fábula breve y salvaje sobre las relaciones de pareja a la que merece la pena hincarle el diente 🦊
Un relato lleno de simbolismo y angustia, de estos libros en los que no entiendes del todo que está pasando y al final acabas igual de confundido que al principio. Aunque siempre se vea la naturaleza como algo relajante, aquí es todo lo contrario y añade a la atmósfera asfixiante que crea la autora.
Se me ha llegado hacer un poco repetitivo y buscaba que tuviese una conclusión más cerrada, pero entiendo que es el punto de la historia. Igualmente muy recomendable teniendo en cuenta lo cortito que es
Una fábula contemporánea sobre dos personas sin nombre que empiezan de cero aislados en una cabaña.
Hay algo sugerente en ese planteamiento, en esa atmósfera contenida que parece a punto de romperse, pero pasan las páginas y la novela se contiene tanto que acaba diluyéndose. He sentido que avanza en círculos, insistiendo en los mismos gestos y tensiones, sin escalada.
He disfrutado la atmósfera, pero he echado de menos algo de progresión. Se me ha hecho más repetitivo que inquietante.
zorra es un librito corto, pero cargado de simbología, incertidumbre, angustia, y un desarrollo de personajes lo suficientemente complejo para exigirle a un libro de poco más de cien páginas.
este libro no me ha dado nada que no esperase de una autora latinoamericana. ese enredo entre realidad, mito, y vida cotidiana del que sólo son capaces ellas, con la misma naturalidad con la que respiramos. lo cierto es que la autora tiene ese don de la economía del lenguaje que tanta envidia da. y además, se une a que describe el mundo como si lo llevase viviendo siglos, así que tú también lo sientes así, pulsátil.
me ha gustado particularmente la forma que tiene la autora de desenmarañar la fantasía que tenemos sobre la naturaleza como un lugar pacífico. la naturaleza es un lugar que no entiende del bien o del mal, y por ello proyectamos sobre ella la forma en la que la leemos. pero no es nada de eso, simplemente es el lugar que nos salva de nosotres mismes, de ser seres humanos, y precisamente por eso es sagrada.
deja pistas, también, de por qué es tan inmensa, inabarcable. se siente humilde, un librito tan finito (y tan bellamente editado). sin embargo, esconde una experiencia muy real. se siente casi como haber pasado por un conjuro, un hechizo, o algo similar que te mete en el mismo embotamiento/realidad que vive la protagonista, obsesionada con la presencia (o ausencia) de la zorra, prácticamente conectada a ella por haber tenido una experiencia de lo sublime tan brutal.
eso sí, no creo que la historia alcance a hacer las referencias que la autora anuncia con la dedicatoria. "a las zorras y lxs cachorros". creo que si su intención era crear una fábula le ha fallado la moraleja final, que no existe, aunque tampoco tenga que hacerlo necesariamente. sin duda yo lo prefiero así. pero sí que el simbolismo, en ese sentido, se queda un poco corto.
Desconcertante pero hipnótica. La historia es lenta, centrada en los sentimientos y emociones. Una pareja inicia una nueva vida que parece ir bien hasta que surjen problemas que ponen a prueba la relación. Leyendo esto puede situarse esta narración en cualquier pareja en cualquier lugar, pero la autora escoge como entorno una casa aislada en la naturaleza y como problemas nos muestra la dificultad para criar animales y mantenelos y la aparición de una zorra que hace que la protagonista se desespere y obsesione. Ante esta situación y la frustración que genera, una visitante aparece y se establece en la casa haciendo que nuestros protagonistas se ilusionen por la novedad y empiecen a magnificar los defectos del otro e idealizar las virtudes de la recién llegada. Esta "visitante" también tiene su paralelismo con la aparición de terceras personas en momentos de desilusión de muchas parejas, deja en evidencia el desgaste y deterioro de una relación, provocando una rabia visceral hacia el cónyuge. Una historia cuyo fondo es común y conocido, contada desde un prisma súper original y que te mantiene con sensación de asfixia durante toda la novela.
Libro precioso, poético y con mucho contenido sutil. Es cuando acabas y meditas en aquello que has leído cuando aparecen múltiples significados de las emociones y escenas del libro. Es posible que no haya entendido todo lo que la autora ha pretendido mostrarnos, pero aun así me ha parecido bonito y delicado. Si a esto le sumas la aparición de una zorra y unos protagonistas atormentados, el cóctel final es precioso. Y maravilloso vocabulario mejicano, que nos hace ver muchos matices de nuestra lengua.
"Ella siente algo crecer en su vientre —frustración, deseo, rabia—, no sabe ni ponerle nombre, solo sabe que esto la hincha sin hacerla sentir liviana. Al contrario. Un coágulo de penumbra en la entraña. Si camina y busca, quizás algo cambie".
Una historia desconcertante muy bien escrita. Me fascina como el lenguaje viaja de lo real-cotidiano a lo simbólico-imaginado.
Cuando no sabes si la historia te devora a ti o tu a ella. Literal que me ha explotado la cabeza. Lo que más me costó sacar de mi imaginario es aquella cabaña donde estuve el verano pasado en Bélgica, fue el sitio donde todo sucedía, no pude controlarlo.
La Visitante es el personaje mejor construido que he leído en muuucho tiempo. Gracias Gabriela.
Estamos ante una novela breve, absorbente y engañosamente sencilla.
La historia sigue a una pareja que busca reconstruir su vida en una granja aislada, lejos de un mundo marcado por la incertidumbre y las heridas del pasado.
Sin embargo, la llegada de una zorra y posteriormente de misteriosa visitante altera la aparente calma y desencadena una serie de tensiones que ponen a prueba su relación y sus certezas.
Uno de los grandes aciertos de la narración, en mi opinión, es su capacidad para combinar una lectura ágil y accesible con una notable riqueza simbólica.
La narración fluye con naturalidad, pero bajo su superficie laten temas como el deseo, la identidad, la fragilidad de los vínculos humanos y la imposibilidad de controlar todo aquello que nos rodea.
La presencia de la zorra, real o simbólica, aporta una atmósfera inquietante que acompaña al lector hasta la última página.
Con una prosa elegante y muy evocadora, la novela deja espacio para la interpretación sin perder nunca su capacidad de atrapar. Una lectura para cualquier tipo de lector, capaz de disfrutarse tanto por su historia como por las preguntas que plantea mucho después de haberla terminado.
Una historia más sobre estar perdido y el hastío hacia la vida y las relaciones pero contada metafóricamente y al menos sin romantizar al completo la vida en el pueblo.
No está mal y la historia tiene elementos interesantes (un poquito de tension que te hace avanzar), pero la prosa no ha terminado de engancharme. En conjunto me ha dejado una sensación bastante tibia, ni frío ni calor.
"Como la coartada de estar viva"(3'5⭐) A pesar de haberme gustado bastante siento que me falta algo. Lo he sentido más como un relato largo o una fábula que como una novela breve, con un hilo intrigante que para mi no llega a culminar. Me ha gustado mucho la prosa de la aurora, la forma de tratar la extraña y sensual relación entre Él, Ella y la enigmática visitante. Sin embargo me hubiera gustado saber más sobre el pasado de los personajes y su intencionalidad.
Posiblemente la lectura de "Zorra" haya sido uno de los ejercicios más desconcertantes que recuerdo de mi etapa reciente como lector; uno que quizá me ha exprimido mentalmente hasta cotas insospechadas. En varios momentos de la historia he estado tentado a cerrar el libro y a volver a empezar porque estaba juzgándome como un mal lector, como si no estuviese poniendo el suficiente empeño para entenderla. Al cabo de varios días de reposo, acabé por comprender que eso era precisamente lo que esta historia pretendía transmitir: el desconcierto, el caos más absoluto. Una obra en la que parece que no ocurre nada relevante, que se enmascara en su livianidad, en su ambiente bucólico, en su prosa sublime y certera, pero que tiene un enorme y fuerte mensaje, un pensamiento muy bien hilado y un trafondo que camina en un finísimo hilo entre lo insustancial e irrelevante y lo extravagante, sensual y emocional. Intentaré desgranar algunos aspectos que me han parecido interesantes de abordar.
Para empzar tengo que reseñar que Lava, como editorial, se ha convertido en el hogar perfecto para todos aquellos autores y autoras que tengan una filia desbordante por crear lecturas incómodas y asfixiantes. Que Vilar Madruga sea la "madrina" de esta obra, no es algo baladí; las similitudes con "El Cielo de la Selva" son muchas, pero llegadas el momento se bifurcan para crear algo único.
Partimos de un ambiente distópico-apocalíptico, donde una pandemia que debería ser protagonista no lo es y donde un presumible nuevo comienzo no es más que una soga apretándose más fuerte hasta estrangular. Jáuregui juega un poco al escondite con sus pretensiones. Nos trata de situar en lo idílico, en un mundo casi poético, en un nuevo renacer (el de una pareja que languidece), en la soledad sempiterna donde solo lo meramente humano (y lo animal) parece importar frente a las creencias, lo político, lo propio de la civilización. La esperanza se dibuja con un trazo endeble y titubeante, algo frágil. La tensión psicológica se palpa en cada dialogo, en cada gesto, en el hastío compartido de la intimidad. La mezcla del sufrimiento físico (el de él) con el mental (el de ella) se entrelazan para crear una situación conjunta, algo que linda profundamente con el desprecio, la indiferencia, el odio o la repulsión. Ni ellos, ni su amor, tienen salvación, se autodestruyen por contacto. Llega a parecer, incluso, que los personajes tienen una cierta obsesión por borrar lo poco que les queda. Se crea una esfera que envuelve a la relación en una simbiosis casi mistica entre naturaleza, corporeidad y el aura tétrica y embotada que los envuelve.
Y es de alabar la atmósfera que se crea porque la autora emplea muy pocos elementos que la sustenten: una cabaña, unos animales, una pila de leña para cortar, tazas rebosantes de chocolate... Todo aquí juega a favor del suspense y la intriga por ver que crece de una tierra tan baldía. Los cuerpos también juegan un papel, pero lo hacen con tanta frialdad que casi pareciesen partes desmenbradas de un todo, que actúan por instinto, por necesidad. Sin nada más; parecía estar leyendo un boceto. Es aquí donde tuve que hace mi primer impás. Tenía que haber algo más. La primera parte de la obra casi parecía hueca, un armazón de hormigón perfecto, pero que visto desde fuera se quedaba como una simple mole gris. Algo tan pensado y tan bien ejecutado tenía que tener un doble fondo que mis sentidos y mi criterio me estaban negando a alcanzar.
Y ahí es cuando empecé a divagar, a jugar y a creer en mis teorías, en la lectura metafórica de ciertos elementos. Pondré solo un ejemplo por no hacerme pesado. Las gallinas, presentes en toda la obra, no puede ser solo aceptadas como sustento, sino que su papel tiene que ir más allá y creo que responde muy bien a como va evolucionando el relato. Unas gallinas que popularmente pueden simbolizar la estupidez, el no querer ver o entender. Que al principio de la historia parecen no poder poner huevos (un amor muerto, en el ocaso de su ciclo vital, que no da frutos), pero que cuando llega La Visitante y despierta la pasión en los dos miembros de la pareja, parece reactivar también la fecundidad de las gallinas. ¿Casualidad? Es probable, pero y si en la lectura no se pusieran las cosas por poner, sino con un significado, como un elemento de alerta. Además, la conjunción gallinas y zorra también crea el efecto de mantener la tensión, el suspense psicológico. ¿En qué momento no aparecerán todas esas gallinas muertas? Tiene sentido. O al menos quiero que lo tenga. ¿Si mueren ellas morirá el amor? ¿Simboliza la zorra a la muerte de los físico y de los espiritual?
Porque aquí entra el otro tema peliagudo de la novela y el que, quizá, más perdido me ha tenido durante la lectura. El papel de la zorra. Una figura que aparece y desaparece, que no tiene un peso excesivo, pero que actua como una especie de sombra que se coloca sobre Él y sobre Ella y los domina, los sugestiona. Por momentos he pensado que La Visitante era una suerte de animaga capaz de convertirse en la zorra, algo que podría tener cierto sentido con el monólogo que cierra la historia. Pero siendo así o no, ¿cuáles son las verdaderas intenciones de la zorra, su rol en la historia?, ¿por qué aparece? ¿es real o imaginaria?, ¿si guarda alguna relación con La Visitante, que pretende sacar ella con esa "convivencia"? Lo que si parece claro es que hay una historia que no se nos cuenta. La Visitante es un personaje que inventa una pasado, uno que no concuerda, que no es conocido por nadie y que nadie recuerda. Aparece y desaparece, dejándolo todo como estaba. Se alimenta de ellos y los abandona con las heridas abiertas, incurables. Por momentos, construida como la embaucadora, como una tentación, una Eva divina; en otros, he llegado a pensar que era un paciente fugada de un psiquiatrico, una obsesa; también guardaba trazos de una femme fatale típica del cine francés, una Catherine Deneuve harapienta y libidinosa.
Lo único que saco en claro de su presencia es que es capaz de desatar el paroxismo del alejamiento emocional, físico y conductual de los protagonistas, pero no logro entender su trasfondo, su identidad. Supongo que esa duda impertérrita forma parte del legado de esta historia. Quizá eso sea lo que se pretende. No todas las lecturas tienen una guía. No obstante, es precisamente esa incapacidad de respuestas lo que hace que la historia sea tan inmersiva, tan fulminante para lo sensorial. Te lo puedes tomar como un paseo onírico o como un reto, quizá así suene mejor.
De Jáuregui decir que su forma de narrar me ha parecido envidiable. Es muy díficil crear esa atmósfera, esa sensación de asfixia, de suspense, de embotamiento psicológico en tan pocas páginas. Y lo hace desde un lenguaje sencillo, pero que incide en lo verdaderamente importante. No se necesitan grandes frases, ni el empleo de un vocabulario vastísimo para pegar un disparo certero en las emociones del lector. La clarividencia y la fortaleza del discurso es exquisita. Desde luego es una voz que no deja indiferente, que tiene poso.