Humo es la lucidez de la decepción, se nota la melancolía que siente el autor ante la política. Turguénev escribe una novela que es, a la vez, una punzante sátira social y un drama romántico asfixiante. A través de Litvínov, un hombre que busca la sensatez en un mundo de "muñecos muertos", el autor analiza la Rusia del XIX con una frialdad que, según cuentan, le costó la enemistad de sus contemporáneos, aunque yo no lo veo ni más crítico que otros, ni más punzante que otros autores rusos. ¿Por qué se tituló Humo? El símbolo del humo: Todo en Baden-Baden —las ideas políticas grandilocuentes, los debates eslavófilos y la pasión recuperada con Irina— se deshace como el humo del tren, como las volutas, humo, nada más que humo. Nada es sólido, nada construye. La crítica a la "seriedad" aristocrática, Turguénev denuncia la pose de una élite que habla francés para distanciarse de un pueblo que desprecia, y que confunde la retórica con la acción y que son tan patéticos que pierden con facilidad el hilo de su conversación, con quién hablaban y de qué. Irina Osinin: Un personaje femenino fascinante, atrapada entre su lucidez y su incapacidad de romper con un sistema que la consume. Su relación con Litvínov es un duelo de vacilaciones. Aunque creo que es como todos esos muertos con los que se vive desde hace diez años. Modernidad y estancamiento. Reflejo de una sociedad que desea ser moderna, que hace leyes por la libertad, pero responden como niños malcriados, necesitan herramientas pero que las fabrique otro, necesitas esclavos que trabajen para ellos, peor son modernos y liberales. Una lectura cínica, bella y en algunos puntos muy actual, a veces, el progreso se pierde en discusiones de salón. ¡Feliz lectura!
Humo es la penúltima novela de Turguénev y la única que no tiene como escenario Rusia (transcurre en Baden-Baden), aunque todos los personajes son rusos y Rusia es el gran tema de conversación entre ellos. Y Turguénev aprovecha para echar una mirada sobre sus compatriotas y su tierra con mordacidad y un sarcasmo despiadado. Tanto que le supuso la rotura definitiva con no pocos conocidos, entre ellos Dostoievski, que le retrató burlescamente en Los demonios a través del personaje de Karmazínov. Turguénev se definía como un defensor de la civilización, pero en momentos de extrema polarización de la sociedad, sus posturas más bien eran vistas como pro occidentalistas y anti eslavófilas. Su ensañamiento con los reaccionarios, los eslavófilos radicales y la alta sociedad (de la que él provenía) impregnan no sólo el trasfondo de la novela sino la historia de amor superpuesta, con un personaje femenino interesante y odioso a partes iguales. La novela no me ha impresionado como otras de sus contemporáneos, pero conocer el contexto histórico y personal en que fue escrita. la da un valor de documento que tiene su interés.