Lectura muy ligera que se agradece después de la densidad de "Memorias del subsuelo".
El arranque de la novela es interesante a nivel de estructura narrativa, porque condiciona de forma importante la lectura. Al empezar por el funeral, impone la perspectiva con la que debemos juzgar todo lo que vendrá después. El velatorio se presenta como una coreografía de hipocresía donde nadie asiste de forma "pura"; para sus colegas y su viuda, la muerte de Iván Ilich no es una tragedia, sino un simple trámite, un obstáculo o una oportunidad de ascenso. Este teatro social inicial nos adelanta que la vida del protagonista estuvo vacía de relaciones humanas genuinas, y establece el tono frío y milimétrico de la obra, indicándonos desde el primer minuto en qué detalles y sombras debemos fijar la mirada.
Esta frialdad en su despedida es la consecuencia directa de cómo eligió vivir. Tolstói lanza una crítica al estilo de vida de su época (cuyos valores no distan mucho de los que imperan hoy en día). El éxito de la vida de Iván se midió bajo el prisma del materialismo, los triunfos laborales y el constante esfuerzo por escalar a nivel social. Al priorizar esta vida de escaparate, dejó de lado los pilares fundamentales, como el amor, que son los que realmente influyen y marcan al resto de personas. La novela nos recuerda que el verdadero legado del ser humano no se resume en lo que ha conseguido amasar o lograr, sino en la huella que deja en los demás al irse. Aunque sobre el papel la existencia de Iván fue absolutamente "ejemplar", al no haber cultivado vínculos reales, se va sin dejar nada y será irremediablemente olvidado.
Como contrapeso a este vacío, la obra introduce a Guerásim, un personaje que funciona en dos frentes simultáneos. Por un lado, evidencia cómo la alienación de la burguesía desconecta al individuo de su humanidad y de la búsqueda de lo verdaderamente real. Por otro, la empatía pura y la honestidad con la que este joven sirviente campesino afronta la enfermedad actúan como un espejo para el protagonista; es a través de esta interacción genuina como Iván Ilich comprende al fin la gran tragedia de su existencia: esa fue exactamente la conexión y la forma de actuar que le faltó cultivar a lo largo de toda su vida.
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Iván Ilich ya no se levantaba del diván. No quería acostarse en la cama y estaba echado en el diván casi siempre, de cara a la pared, sufriendo en soledad aquellos dolores inevitables y dándole vueltas a la cabeza a la misma pregunta sin respuesta: «¿Qué es esto? ¿Será cierto que es la muerte?». La voz interior respondía: «Sí, es cierto». «¿Por qué tanto sufrimiento?». Y la voz respondía: «Por nada, porque sí». Más allá de aquella situación, no había nada.
Tolstói nos sume en las horas finales de Iván Ilich, un funcionario de carrera judicial con una muerte agónica. En un estadio inicial de la obra Tolstói se vale de la percepción de Piotr Ivánovich, amigo y compañero de estudios y profesión de Iván, para narrar los sucesos posteriores a la muerte del funcionario y cómo sus semejantes reaccionan a la noticia.
Tras esta primera toma de contacto con el difunto, Tolstói cambia al punto de vista de Iván y retrocede a unos meses antes del inicio del letal dolor. Muestra una retrospección fugaz de la vida del protagonista que fine con el origen de su dolor. A medida que la novela avanza, esto dolor acrece y da pie a dos males emocionales y psicológicas adicionales, que van tomando cada vez más importancia en detrimento del mal físico que pese a aumentar pasa a un segundo plano en cuanto a fuente de agonía respecta.
Los dos ejes claves, tratados por Tolstói de forma profunda y sobrecogedora, que atormentan a Iván se estructuran en torno a la idea de la muerte, aparentemente inaceptable en uno mismo; y a la idea de la vida correcta, que Ilich recorre una y otra vez, lamentándose de haber malogrado sus días.
Añadir que esta edición de la obra —Penguin Clásicos publicada en 2026— contiene un ilustrador prólogo de Juan Gabril Vásquez que proporciona una visión lúcida sobre el contexto vital del autor en el momento de escribir el libro. En especial, las observaciones sobre la relación entre Tolstói y Turguénev al tiempo de la muerte del segundo y de la correspondencia entre ambos autores rusos resultan de real interés al poder uno intuir una posible influencia de estos hechos en el texto.
A nivel de riqueza literaria es innegable su prominencia, un clásico de la literatura rusa de uno de los autores más aclamados de la historia. Su estructura —con los dos puntos de vista, de Piotr Ivánovich e Iván Ilich—, y los ejes sobre los que el protagonista padece y reflexiona convierten a la obra en algo más que una novela, al incurrir en ideas filosóficas y adentrarse en la naturaleza humana quirúrgicamente. A modo de conclusión, es una obra totalmente recomendable, ha sido mi primer Tolstói y aguardo con ganas descubrir más obras del escritor.
Es un libro que plantea preguntas esenciales sobre como elegimos vivir nuestra vida, y las consecuencias que esto puede tener.
Creo que es realmente relevante la crítica que hace al funcionamiento de la sociedad. Aceptar aquello que todos consideran digno puede dirigirte a vivir una vida que no es la tú quisieras haber vivido. Una vida de "éxitos" que se convierte, de forma inconsciente, en una existencia miserable. Es interesante pensar hasta que punto, en la sociedad actual, avanzamos hacia ciertas metas solo por costumbre y aceptación social, mientras olvidamos lo realmente importante.
"Se le ocurrió que tal vez era cierto lo que antes le había parecido completamente imposible: el que hubiera vivido de una forma indebida. Pensó que esos breves impulsos de combatir aquello que las personas de más alta posición social consideraban bueno, esos impulsos que había reprimido enseguida, tal vez representaban lo auténtico, mientras que todo lo demás era falso."
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Esta obra tiene el poder de romper en pedazos a cualquiera que conozca el dolor de una enfermedad grave. Sus páginas reflejan el verdadero calvario en el descenso a la salud perdida: la soledad voluntaria e involuntaria, el sentimiento de inutilidad, la constante comparación con el reflejo de lo que un día fuiste y el fantasma de la culpa por la vida no vivida... Es una pena que sea un libro tan breve
La muerte da paso a un relato circular, de lectura rápida. Conocemos una vida anodinamente exitosa, convencional, que sin embargo se le revela finita al protagonista. En la vida de Iván Ilich Tolstói parece condensar su crítica a la sociedad de la épica, burguesa, presa de convencionalismos y buenas formas. Sin darte casi ni cuenta, el relato te lleva del éxito social al miedo a la muerte, miedo que solo desaparece con ella.