David Ramírez ha dedicado toda su vida a imaginar historias: las que se inventaba de niño cuando jugaba con sus amigos, las que ha escrito para cine y televisión, las que lleva años dibujando y publicando. Pero ¿por qué David Ramírez hace lo que hace? ¿Qué le empuja a contar historias una y otra vez?
Este cómic en dos partes nace como un intento de responder a esa pregunta. Un ejercicio de introspección con el que se propone abrir y revolver en su interior para encontrar respuesta no solo a esa cuestión, sino también a todas las que inevitablemente descubrirá por el camino. Un viaje construido a partir de recuerdos y anécdotas que hilvana un retrato en el que, sin renunciar a su humor habitual, David Ramírez se adentra en su vida para tratar de encontrar la razón de todo.
No sabia que un libro te podia abrazar. Sigo a David Ramirez desde hace años, porque cada vez que publica una historia me hace sonreir. Compré este libro creyendo que podia ser un recopilatorio de material que ya habia leido, pero todo es material nuevo. Leerlo del tirón en un par de dias ha sido un stendhalazo para el alma, que me ha dejado calentito por dentro, y me ha hecho olvidar por un momento el momento que vivimos. Porque hay abrazos que te hacen olvidar el mundo que te rodea.
Bonito y tierno cómic autobiográfico que alterna el humor propio de Ramírez con una dosis nada desdeñable de nostalgia. El autor nos explica con arte y un amor inmenso por el medio el por qué eligió el cómic como forma de expresarse, mientras rememora episodios de su pasado dolorosos como forma de terapia para él, y de catarsis para el lector.
En definitiva, un David Ramírez en plena forma, entregándonos su corazón en bandeja en la que es hasta la fecha su obra más personal, reflexiva y hermosa, sin por ello perder su característico e idiosincrático sentido del humor. Muy recomendable.
En esta nueva obra David Ramírez nos abre su alma y nos deja ver con nostalgia ternura y ese humor tan suyo, los motivos que le llevaron a escoger su profesión. Una bonita lectura que se equilibra muy bien entre recuerdos nostalgicos, a veces dolorosos, los momentos tiernos y los de humor escatológico y tontorrón.