Estamos ante un interrogatorio a la propia vergüenza gorda, a la propia desvergüenza gorda, al propio goce gordo. ¿Qué tenemos que hacerle a la escritura para que nos muestre a nosotras, escondidas tal vez en nuestro lenguaje que ha aprendido a pedir perdón sea como sea, quizá de manera inconsciente? ¿Cómo, y por qué, nos tapa ese lenguaje? Gorda sinvergüenza explora la sensación de estar delante de gente y no poder ser una misma y el descubrimiento de que algunos espacios en los que creías que sí podías serlo como el virtual estaban siendo sucedáneos cómplices. Habitar el propio cuerpo de manera radical es la única compleja y ambigua respuesta, así como el camino para llegar a esa euforia que provoca poder ser una misma donde y como no se debe.
Aida González Rossi (Santa Cruz de Tenerife, 1995) estudió Periodismo y el Máster en Estudios de Género y Políticas de Igualdad en la Universidad de La Laguna. Ha publicado poemas en revistas, webs y fanzines como Oculta Lit, Dragaria, Digo. palabra.txt, La Tribu o Marcapiel. Mantiene una columna en Atlántico- Hoy. En 2017, su cuento «Casas, desiertos o bosques» resultó ganador del XX Premio Internacional de Relato Breve de la Universidad de La Laguna. Ha publicado los poemarios Deseo y la tierra (Cartonera Island, 2018) y Pueblo yo (Liberoamérica, 2020). Leche condensada es su primera novela.
leer gorda sinvergüenza es como meterse en el (ciber)universo de aida y verla desbordar sus límites, romper con las lógicas que le han sido impuestas, tirarse pedos, hablar sin sobrepensar, okupar espacio de forma divertida, vibrante, alegre y ponerse crop tops y eyeliners de colores.
leer a aida es ver a una mujer gorda disfrutar de la existencia y ser irreverente, sin por ello obviar la existencia de la violencia y su impacto en nuestros cuerpos. porque aida es listísima y mientras te habla de internet, de cibernovies y de avatares, hace reflexiones valiosísimas sobre lo que supone ser gorda.
leer gorda sinvergüenza es cruzarte con otra gorda en el metro, una gorda que lleva un crop top y una falda ajustada y que te mira y te demuestra que se puede. se puede sentir orgullo por estos cuerpos, se puede existir tranquila en ellos, porque también se puede hacer red para protegernos entre nosotras de todo lo hostil.
ahora solo quiero que haga calor para ponerme yo mis croptops y hacer topless en la playa, tías, y que otras me vean y sepan que se puede❤️🩹
Un ensayo acerca de la gordofobia espectacular, con unas anotaciones brillantes y que te pega una paliza increíble desordenando todo para que luego puedas poner las cosas en el sitio que de verdad corresponden. Con metáforas sobre pedos jediondos y videojuegos, un toquecito de poesía y tintes autobiográficos el libro no sólo es que merezca la pena leerlo, es que me parece de lectura obligatoria. He empezado esta reseña diciendo que es un ensayo sobre la gordofia, sí, pero quiero terminarla diciendo que, sobre todo es un relato honesto, un abrazo y un grito a que habitemos y disfrutemos nuestros cuerpos como acto revolucionario
"Qué triste ser alguien que no puede ser quien es. Encerrada dentro, soñando con salir. Yo no soñaba con adelgazar: yo soñaba con que alguien me viera. Yo soñaba con comportarme como yo"
Ser gorda, serlo de cualquier manera, asusta al sistema al recordarle que los cuerpos no son eso que se ha inventado y se pueden desbaratar y pueden traspasar los límites y más allá de esos límites lo que hay es un castigo y un no encajar y un ser todo eso sobre lo que cae una construcción simbólica que nos hacer creer que ser gorda es lo peor que nos podría pasar.
Este libro abre la veda a una temática hasta ahora inexplorada por mí en el ámbito de la lectura. Creo que el primer paso, como en muchas aspectos de la vida, es reconocer nuestra ignorancia y después ponerle remedio.
La gordofobia atraviesa todo nuestro sistema, nos impone a todas una forma de ser y estar en el mundo reducida, asfixiante y generadora de vergüenza. Nos convierte en víctimas y a la vez reproductoras de la violencia. Por esa perpetuación consciente o inconsciente son completamente necesarias voces como la de Aída.
El ensayo recoge una serie de ideas potentes intercaladas con la experiencia propia de la autora, lo que hace que cualquiera de nosotras (especialmente las personas gordas) podamos sentirnos identificadas y acompañadas.
La gordofobia tiene muchas formas y, como el machismo, es una realidad que nos ataca a todas de manera constante.
Aún hoy a mis 25 años, teniendo un cuerpo no gordo pero tampoco normativo, sigo enfrentándome a comentarios sobre cómo era mi cuerpo cuando era una niña. Con 25 años voy a la oficina y escucho cada día (cada día, de verdad) comentarios sobre el cuerpo. He reconocido a muchas mujeres en esa retórica de “justificar, compartir y celebrar que están dentro de la norma y que cuando caen se sienten culpables, por lo tanto, al sentir esa culpa, se les perdona un poco porque también aceptan y validan la norma al rechazarse.”
Una lectura necesaria ante una violencia que no se acaba, solo se transforma.
Aida un dia (muchos días) tecleó este ensayo “a pesar de la vergüenza”, dice. Aida no sabe que le ha dado un abrazo largo largo a mi niña interior. Últimamente me enfadan muchas cosas y tengo pocas ganas de callarme. Y cuanto más pienso que debería porque “soy una refunfuñona” y porque “no todo es una batalla”, me encuentro con más motivos aún para seguir, si se quiere, “refunfuñando”. Entre ellos, porque pienso en cuanto tiempo de mi vida he perdido queriendo tener otro cuerpo y quitar esto de aquí y estirar esto de allá. En cuantas veces he pensado que no tenía derecho a negarme a algo por mi cuerpo.
Pero no ahora con 27. Con 7 ya lo pensaba. Es una idea que te persigue en todas partes: en casa, en clase, en el médico, en la calle. La vecina lo señala, la pediatra dice que desayunes 4 almendras, en el colegio te dicen “si te pincho, te deshinchas?”, en casa se alaba caber en una 34. Entrar en algún círculo del infierno de dante no es nada comparado con lo que se vive en un provador. La mirada de juicio de tu madre señalando el defecto. La publicidad ofreciendo milagros para reconducir “el desastre”. Imaginarte una versión de ti más adulta y normativa.
Y no es la vida que quiero para las que suben ahora, no quiero entrar a un aula y ver a alumnas escondiéndose porque les da miedo existir. Por “si no me muevo no se me ve y si no se me ve no me harán bullying”. Porque “en el fondo la culpa es mia por tener este cuerpo”. Y claro, si una crece con miedo, asco y rechazo a sí misma, a cuantos años luz está de desearse? ¿Cuántas violencias va a dejar pasar por alto?
El tema de los fittings en los rodajes ya lo dejamos para otro día.
La verdad es que me llega este libro en el momento en el que más me gusto y mejor me encuentro conmigo misma. Pero qué gusto esta conversación que abraza a todas las versiones de mí que no se sentían igual de bien que ahora.
“Me entrego a lo que seré, y lo que soy no es mi culpa, y entonces no merezco la opresión que otras sí. No tengo derecho a ser yo, entonces: no eres, serás. ¿Y quién eres, si serás?”
Un ensayo imprescindible sobre la godofobia y la opresión sufrida por ella. Reflexiones interesantísimas sobre la creación de identidades virtuales y su adecuación a nuestro soy interior más representativo que nuestro soy exterior. Lo tóxico del body positive y la culpa que genera esta sociedad actual capitalista en la que no solo podemos, sino que debemos comprar productos y servicios para mejorar nuestro aspecto en todo momento.
Llevo viviendo como persona gorda toda mi vida. A veces mejor, otras peor, pero nunca aceptada; sobre todo, por mí misma. Una infancia llena de consejos, de palmaditas en la tripa y esperanzas de que, cuando creciera, todo se estrecharía. No sé si todo siguió igual porque no sumé centímetros desde los diez años, pero aquí estoy con treinta y seis, corriendo detrás de cualquier nuevo libro publicado que hable de gordofobia y me valide de alguna manera.
He sido la adolescente silenciosa, la que no hacía ruido por si despertaba a alguna voz cercana que dijera la palabra que tanto retumbaba en mi cabeza. La adolescente que abandonó el instituto por no seguir escuchando insultos (siempre el mismo). También he sido la veinteañera rodeada de dietas que me hacían perder hasta las ganas de levantarme por la mañana y la que se puso a hacer deporte nada más tener un bebé, no vaya a ser que…
Puedo decir que el volumen de mi cuerpo ha marcado el ritmo y las decisiones de mi vida. Quizás a estas alturas lo vivo de una forma muy diferente, pero todo sigue ahí.
Me hubiese encantado que mi yo de dieciséis años pudiera haber tenido a mano libros como el de Aída. Para mí, libros salvavidas. Por desgracia, en aquella época no había nada parecido; por eso ahora recomendaré este como uno de los más liberadores.
Iba a escribir sobre lo que no me ha gustado, pero me parece una chorrada desperdiciar caracteres en eso cuando lo que no me ha gustado, realmente, es sorprenderme a mí misma casi tapando la cubierta del libro para que nadie viera lo que estaba leyendo. Por lo tanto, aquí una gorda que espera no tener vergüenza en algún momento de su vida, simplemente por existir.
"Qué triste ser alguien que no puede ser quien es. Encerrada dentro, soñando con salir. Yo no soñaba con adelgazar: yo soñaba con que alguien me viera. Yo soñaba con comportarme como yo."
Pocas veces vamos a leer un libro que respira sinceridad por los cuatro costados. He leído poco este género literario, pero me gusta salir del registro de vez en cuando.
La autora tiene una pluma exquisita y casi poética lo que hace que este libro, ya de por si cortito, se lea en menos de una hora. No es su primer libro, pero si que es el primero que leo de Aida y sé que no será el último. Su pluma es adictiva, yo ahí lo dejo 😂.
Me ha llamado la atención que el libro tiene notas al pie de página, en el que la autora nos deja reflexiones teóricas. Leerlo es toda una experiencia y muy gratificante.
Es difícil reseñarlo y opinar de el porque es un libro que tiene que ser leído para descubrir toda su esencia. Aunque si os diré, centrándome en el aspecto técnico, que es un libro muy bien construido y escrito.
Si quieres salir de tu zona de confort, explorar nuevas lecturas o, simplemente quieres descubrir si te gusta el género, te lo recomiendo.
Un libro muy curioso e interesante. Que, aunque la autora lo define al final como una novela para gordas creo que yo lo definiría como un ensayo sobre la gordofobia.