Todas las tardes una niña se reúne a jugar en la plaza con sus amigas y amigos. En ese simple acto del juego, del rito y la fantasía, se precipitan los hechos de una historia que no sabe diferenciar la dulzura de la brutalidad. Una novela inquietante que deslumbra por la musicalidad de su prosa y una profunda indagación en los misterios de la infancia y la paternidad. Construida a partir de diversos personajes, esta historia exhibe la ternura y el espanto como si fueran parte de un mismo engranaje.
Una novela hermosa, musical. Demuestra que ternura y oscuridad pueden tensarse en la misma cuerda. Me encanta la escritura de Vicente, las repeticiones, los juegos con el lenguaje. Las últimas treinta páginas son vertiginosas y suponen una ruptura respecto del tono anterior. Qué alegría este libro, léanlo, se disfruta mucho.
Cartografía de los dinosaurios es una novela de niños. No sobre niños, sino de niños. Los bloques fundamentales desde donde se construye el relato son sus juegos y la narración misma pareciera estar controlada por ellos. Sin embargo, lo pueril no quita lo adulto en ningún caso: la novela es traspasada por hechos trágicos y por fulgores de adultez que hacen cambiar completamente lo que podría haber sido un relato para niños. Lo crudo penetra lo tierno y lo tierno lo crudo. Ninguno es separable gracias a una narración ambigua que transita entre ambos registros.
Niños, adultos y plaza son la tríada que de forma orgánica integra el mundo de la novela. La palabra orgánica aquí no debe ser pasada por alto. Lo orgánico nace, crece, se descompone y revive en una manifestación diversa, tal como tantas relaciones y objetos en la obra. De la misma manera, en lo orgánico forma y contenido no son claramente separables, tal como la narración lúdica y descarnada a la vez, de los juegos y sufrimientos narrados. A ratos pareciera que el autor está jugando con las palabras, pero que lo está haciendo en serio. No deja que se acabe el juego cuando se van los personajes de la plaza. No deja que se acabe el juego cuando el mundo de los niños se razga por temas adultos. Se deben seguir plantando piedritas para que crezcan dinosaurios. Esta es, en mi opinión, la gran invitación que propone esta preciosa novela.
hermoso libro escrito de una hermosa forma, que jugó delicada y bruscamente conmigo, pasándo de hacerme sentir niño otra vez, con toda la inocencia, miedo, curiosidad y asombro, simplezas y alegrias, a volver a mostrarme que soy un adulto, con todo lo que arrastra ese catálogo, pero con una sonrisa que fue imposible sacarme no se porqué.
Escrito tanto para la mente compleja como para la simple como la mía, todos van a disfrutar las vivencias de los ñiñosaurios.