Todas las tardes una niña se reúne a jugar en la plaza con sus amigas y amigos. En ese simple acto del juego, del rito y la fantasía, se precipitan los hechos de una historia que no sabe diferenciar la dulzura de la brutalidad. Una novela inquietante que deslumbra por la musicalidad de su prosa y una profunda indagación en los misterios de la infancia y la paternidad. Construida a partir de diversos personajes, esta historia exhibe la ternura y el espanto como si fueran parte de un mismo engranaje.
Una novela hermosa, musical. Demuestra que ternura y oscuridad pueden tensarse en la misma cuerda. Me encanta la escritura de Vicente, las repeticiones, los juegos con el lenguaje. Las últimas treinta páginas son vertiginosas y suponen una ruptura respecto del tono anterior. Qué alegría este libro, léanlo, se disfruta mucho.
hermoso libro escrito de una hermosa forma, que jugó delicada y bruscamente conmigo, pasándo de hacerme sentir niño otra vez, con toda la inocencia, miedo, curiosidad y asombro, simplezas y alegrias, a volver a mostrarme que soy un adulto, con todo lo que arrastra ese catálogo, pero con una sonrisa que fue imposible sacarme no se porqué.
Escrito tanto para la mente compleja como para la simple como la mía, todos van a disfrutar las vivencias de los ñiñosaurios.