“Rocky, ahora no vas a salir a la calle porque ya estoy cansada de que te traigan sucio. Cuando Diego termine de leer, ¡si tiene tiempo! te va a cambiar el collar anti” Representativa, real y hermosa historia de familia europea emigrada al Uruguay. Cariñosa y tardía carta dedicada al Padre. Recuerdos de un escritor encarcelado y aislado durante muchísimo tiempo.
Todos ingredientes interesantísimos, ricos, cargados hasta los bolsillos de ganas de hacerte reflexionar, pero narrados de una manera que a mí me resultó espantosa.
Cuando “el Ruso” usa la voz de niño cuesta mantener los ojos en pie y, aunque ameno, el relato entra de lado porque son los recuerdos de un abuelo usando la primera del presente de un niño y…ufff, no es para cualquiera.
El resto es peor porque Mauricio elige usar la segunda persona con sus padres para contarnos cosas a los lectores y, uff… ¿nunca tuvieron de pareja a alguien que se dirige al perro para mandarte un mensaje a ti?
Es insoportable.
El autor escribe una carta a su viejo y en el fondo es preciosa pero en la forma una indigestión. En su microcosmos un desahogo y canto a la vida y en nuestra lejana ventana un bostezo.
Un libro de mil millones de estrellas para la familia Rosencof.
Un librito efectista y recomendable si te gusta corto de café y con siete de azúcar.
Un infumable si buscabas literatura.
ay que perrito lindo! Ay que bonito cómo le dice a Mauricio Rosencof que le doy dos osos polares a su libro.