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Espiritualidad líquida: Misticismo pop en la era del yo
Un lúcido recorrido por las nuevas creencias místicas, el esoterismo pop y la búsqueda desesperada del bienestar en tiempos de precariedad, rapidez e incertidumbre.
¿Por qué, en una época hiperconectada y tecnológicamente avanzada, resurgen con fuerza los ritos ancestrales, los imanes curativos, los médiums, el horóscopo o incluso la creencia de que hay extraterrestres entre nosotros? ¿Qué nos ha llevado a confiar más en la magia que en la evidencia empírica?
Todo esto se pregunta la periodista Marta Sader cuando, a través de un nuevo grupo de amigas, se adentra en el misterioso mundo de prácticas New Age 2.0, cada vez más presentes en el discurso público. Lo hace con escepticismo y clara vocación científica, llevada por la intención última de comprender cómo personas con las que comparte tanto pueden ver la realidad de una manera tan aparentemente anacrónica.
Desplegando un periodismo narrativo íntimo, voraz y riguroso, Sader indaga las motivaciones emocionales, sociales y económicas que hacen que las nuevas formas de espiritualidad se hayan convertido en un fenómeno mainstream del la precariedad vital, la obsesión por el desarrollo personal, la promesa de soluciones inmediatas al malestar y la búsqueda de sentido, consuelo y pertenencia en un mundo incierto.
Espiritualidad líquida es un ensayo lúcido y provocador sobre el esoterismo pop y las nuevas manifestaciones de la fe en el siglo XXI, una herramienta imprescindible para comprender por qué, en la era del yo, la espiritualidad vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.
¿Por qué, en una época hiperconectada y tecnológicamente avanzada, resurgen con fuerza los ritos ancestrales, los imanes curativos, los médiums, el horóscopo o incluso la creencia de que hay extraterrestres entre nosotros? ¿Qué nos ha llevado a confiar más en la magia que en la evidencia empírica?
Todo esto se pregunta la periodista Marta Sader cuando, a través de un nuevo grupo de amigas, se adentra en el misterioso mundo de prácticas New Age 2.0, cada vez más presentes en el discurso público. Lo hace con escepticismo y clara vocación científica, llevada por la intención última de comprender cómo personas con las que comparte tanto pueden ver la realidad de una manera tan aparentemente anacrónica.
Desplegando un periodismo narrativo íntimo, voraz y riguroso, Sader indaga las motivaciones emocionales, sociales y económicas que hacen que las nuevas formas de espiritualidad se hayan convertido en un fenómeno mainstream del la precariedad vital, la obsesión por el desarrollo personal, la promesa de soluciones inmediatas al malestar y la búsqueda de sentido, consuelo y pertenencia en un mundo incierto.
Espiritualidad líquida es un ensayo lúcido y provocador sobre el esoterismo pop y las nuevas manifestaciones de la fe en el siglo XXI, una herramienta imprescindible para comprender por qué, en la era del yo, la espiritualidad vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.
232 pages, Paperback
Published May 28, 2026
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Community Reviews
Displaying 1 - 5 of 5 reviews
July 10, 2026
3,5/5
Una acercamiento distinto a la cuestión del magufismo que nos circunda, sin llegar a ser demasiado profundo, pero tampoco puramente preliminar. Adolece de una estructura poco clara, un tanto improvisada. Desfilan por sus páginas todo tipo de creencias y tratamientos pseudomédicos estrambóticos, para acabar el ensayo con un alegato en favor de la medicina psicosomática como forma de superar el paradigma cartesiano. Un ensayo periodístico de estilo fácil y ágil. Diferente en cuanto que empático, ya que la autora intenta comprender a sus amigas y familiares, que creen en mierdas de todo tipo. No las juzga, o no demasiado, sino que busca comprender. Se apoya en el manido concepto baumiano de lo líquido. No obstante, cae en lo de siempre, en los pecados de la posmodernidad, en la visión siempre cándida hacia el buen salvaje.
Una vez que la izquierda ha rechazado el marxismo y cualquier tipo de teleología, se es racional, pero no mucho, y se cae en la justificaciones más peregrinas de lo que las culturas "periféricas" pueda llegar a hacer o creer. Se le da caña, y con razón, a toda la magufería adoptada en Alemania en el periodo de entreguerras y con los nazis, pero se es blando con los chamanismos y espiritismos de las culturas "originarias". La autora se dice deudora de la tradición racional ilustrada (que circunscribe estrictamente a Francia, olvidándose de la Aufklärung, sin entrar la Dialéctica de la Ilustración), pero hace pelillos a la mar con las extravagancias y creencias supersticiosas. La antropología necesita de parques temáticos intactos para que los egresados y profesores de la materia puedan hacer sus pinitos estudiando las maravillas de vaya usted a saber qué de un pueblo incontactado de Papúa Nueva Guinea, para luego dar la turra sobre las múltiples posibilidades alternativas al capitalismo (alternativas que en ningún momento son su superación, acaso una romantización del comunismo primitivo, en el mejor de los casos). Y aquí pasa lo mismo: muy dura con las magufadas cuando llegan a Occidente, que se mercantilizan y se monetizan, muy romántica y sensible con las magufadas cuando vienen acompañadas de las vestimentas de lo "otro".
Entonces, ¿a qué conclusiones llega la autora? Pues que creemos en mierdas por distintas razones, todas culpa de la modernidad y el capitalismo: sesgos, falacias, porque los grupos que se forman en torno a creencias magufas reinstauran una suerte de comunicación que el capital ha dinamitado, pero también refuerzan el narcisismo e individualismo que todos llevamos dentro por motivo de la competitividad (vinculación a la extrema derecha), porque nos hace sentirnos parte de un grupo, porque nos exime de una comprensión profunda de nosotros mismos cuando es más fácil decir "jiji, sí, es que soy tauro, es tan típico de mí", etc. Este diagnóstico es, quizá, lo que más interesante me ha parecido, además de la cantidad de magufadas que no conocía y la autora rescata.
Una acercamiento distinto a la cuestión del magufismo que nos circunda, sin llegar a ser demasiado profundo, pero tampoco puramente preliminar. Adolece de una estructura poco clara, un tanto improvisada. Desfilan por sus páginas todo tipo de creencias y tratamientos pseudomédicos estrambóticos, para acabar el ensayo con un alegato en favor de la medicina psicosomática como forma de superar el paradigma cartesiano. Un ensayo periodístico de estilo fácil y ágil. Diferente en cuanto que empático, ya que la autora intenta comprender a sus amigas y familiares, que creen en mierdas de todo tipo. No las juzga, o no demasiado, sino que busca comprender. Se apoya en el manido concepto baumiano de lo líquido. No obstante, cae en lo de siempre, en los pecados de la posmodernidad, en la visión siempre cándida hacia el buen salvaje.
Una vez que la izquierda ha rechazado el marxismo y cualquier tipo de teleología, se es racional, pero no mucho, y se cae en la justificaciones más peregrinas de lo que las culturas "periféricas" pueda llegar a hacer o creer. Se le da caña, y con razón, a toda la magufería adoptada en Alemania en el periodo de entreguerras y con los nazis, pero se es blando con los chamanismos y espiritismos de las culturas "originarias". La autora se dice deudora de la tradición racional ilustrada (que circunscribe estrictamente a Francia, olvidándose de la Aufklärung, sin entrar la Dialéctica de la Ilustración), pero hace pelillos a la mar con las extravagancias y creencias supersticiosas. La antropología necesita de parques temáticos intactos para que los egresados y profesores de la materia puedan hacer sus pinitos estudiando las maravillas de vaya usted a saber qué de un pueblo incontactado de Papúa Nueva Guinea, para luego dar la turra sobre las múltiples posibilidades alternativas al capitalismo (alternativas que en ningún momento son su superación, acaso una romantización del comunismo primitivo, en el mejor de los casos). Y aquí pasa lo mismo: muy dura con las magufadas cuando llegan a Occidente, que se mercantilizan y se monetizan, muy romántica y sensible con las magufadas cuando vienen acompañadas de las vestimentas de lo "otro".
Entonces, ¿a qué conclusiones llega la autora? Pues que creemos en mierdas por distintas razones, todas culpa de la modernidad y el capitalismo: sesgos, falacias, porque los grupos que se forman en torno a creencias magufas reinstauran una suerte de comunicación que el capital ha dinamitado, pero también refuerzan el narcisismo e individualismo que todos llevamos dentro por motivo de la competitividad (vinculación a la extrema derecha), porque nos hace sentirnos parte de un grupo, porque nos exime de una comprensión profunda de nosotros mismos cuando es más fácil decir "jiji, sí, es que soy tauro, es tan típico de mí", etc. Este diagnóstico es, quizá, lo que más interesante me ha parecido, además de la cantidad de magufadas que no conocía y la autora rescata.
La espiritualidad líquida a la que aludo no se le parece demasiado. Es un término que he tomado prestado de Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco-judío que usa la «liquidez» como metáfora para describir la condición de la sociedad contemporánea. En ella, instituciones, empleos, identidades y vínculos que antes parecían sólidos ahora se derriten, se transforman rápidamente o desaparecen. La espiritualidad líquida, a diferencia de la que propone Corbí, está llena de sistemas de creencias —aunque no sean los de las grandes religiones— que prometen dotar de sentido a la vida. A la paz interior se llegaría a través de todo tipo de artefactos: esoterismo, pseudociencias, rituales, pensamiento mágico, incluso autoayuda. Ninguno de ellos exige un compromiso duradero. Se puede entrar y salir de diferentes cultos sin consecuencias; mezclar prácticas, tomar y dejar lo que interese de cada camino espiritual, de cada rito ancestral, de cada libro de moda. No es necesario el silencio prolongado al que alude Corbí: la espiritualidad líquida es una búsqueda sin fin que exige movimiento, consumo, experiencia, bienestar inmediato. Se podría decir que busca más alivio que trascendencia.
La espiritualidad pura, tal y como advierte Marià Corbí, no es una explicación de los misterios de la existencia, ni una respuesta a la vida y la muerte, ni una solución a los problemas: es una «libertad completa» que, a partir del propio camino de contemplación y profundidad de la espiritualidad, se consigue en el pensamiento, en la sensibilidad, en la acción y en los proyectos de vida.
July 15, 2026
Tengo más preguntas que respuestas, lo digo en el buen sentido.
Han pasado suficientes días para reposar la lectura y escribir una reseña más o menos decente.
Cuando terminé el libro, primero pensé en que no había conseguido comprender por qué Marta Sader seguía teniendo esas amigas. Es cierto que no termina de retratar en qué creen estas mujeres y en qué no, sino que tan solo añade conversaciones sueltas, por lo que es posible que, si las conociera, pudiéramos encontrar puntos comunes en los que darnos la mano y querernos.
Conforme fueron pasando los días, me empecé a dar cuenta de que mi rutina está plagada de ese "pensamiento mágico" sobre el que reflexiona la autora. Me gusta manifestar que van a ocurrir cosas buenas, cuando estoy muy indecisa me gusta coger una carta de una baraja del tarot que me regalaron para ver si me ayuda a decidirme, siempre toco madera cuando digo algo malo que podría pasar, etc.
Me pregunté qué me diferenciaba a mí de esos grupos que son abiertamente espirituales y ojeé el libro, ya no para leerlo, sino en busca de respuestas. Esto es algo que hago a menudo con mis libros en general: si tengo una duda sobre un tema que sé que he leído, busco el libro en concreto y miro las partes que señalé en el pasado en busca de alguna respuesta (¿no es eso algún tipo de pensamiento mágico también? ¿Creer que los libros tienen la respuesta a todo como si fueran una bola de cristal?).
Al revisar "Espiritualidad líquida", me di cuenta de que había varios factores clave: que estoy bien, que me gusta buscar información sobre las cosas que no comprendo y que tengo espíritu crítico. Marta Sader explica que sus amigas son mujeres inteligentes, es decir, que razonan sobre lo que creen y que no siguen ciegamente cualquier pensamiento o guía que se les presenta. También son conscientes del sistema capitalista en el que vivimos, de que hay gente que quiere aprovecharse de ellas. Incluso cuenta la traumática anécdota de una amiga que, por fiarse de la persona equivocada, estuvo a punto de morir en un ritual.
Mi espíritu crítico y mi formación me hacen inclinarme más hacia el racionalismo, lo demostrable o la ciencia, pero también me obligan a aceptar que hay cosas que nunca voy a comprender o conocer y, sobre todo, que estoy bien.
Precisamente, ahora que acabo de terminarme "Calibán y la bruja" estoy más convencida de que ser plenamente racionalista también entraña cierto peligro, pues te obliga a mirar el mundo desde un único punto de vista que no acepta réplica. En el libro se explica cómo el racionalismo se usó (entre otras muchas herramientas) para fomentar la caza de brujas y así eliminar de las comunidades a la adivina, la curandera o la partera. Se pretendía domesticar a la población al servicio del capitalismo, y qué mejor forma que dividiendo a las clases bajas y enfrentándola entre sí para además obligarlos a seguir un sistema y no las supersticiones o enseñanzas de unas mujeres que, además, se negaban a amoldarse a sus nuevos roles. Una vez la clase dominante vio que su poder no se vería amenazado porque ya no había posibilidad de que la clase baja se uniera contra ellos en revueltas (habían enfrentado a pueblos enteros, a familias y a hombres y mujeres), la caza cesó.
¿Significa eso que defiendo las pseudociencias o que un niño sea autista por culpa de conflictos de sus antepasados? No, significa que acepto que la espiritualidad forma parte del ser humano y, por lo tanto, no es justo hacerme creer a mí misma que solo puedo guiarme por la razón.
Ojo, Marta Sader no defiende a capa y a espada estas creencias, sino que analiza los factores que facilitan su promulgación y señala cómo el sistema capitalista se apropia de ellas y las convierte en una forma más de controlar (y aprovecharse) a las masas. La mayoría del libro son ejemplos y ejemplos de lo peligrosas que son estas creencias, de cómo algunos se aprovechan de ellas y de las consecuencias (en ocasiones letales) que conllevan.
¿Ha quedado claro lo que quería decir? Probablemente no, pero creo que no hay una forma fácil de hablar de este libro sin que el que lee crea que se está completamente en contra de la espiritualidad o completamente a favor, y eso es parte del problema. Hay que aceptar que existen matices de grises, que "lo místico" es muy peligroso y, a su vez, es terriblemente irracional ignorar lo espiritual.
Han pasado suficientes días para reposar la lectura y escribir una reseña más o menos decente.
Cuando terminé el libro, primero pensé en que no había conseguido comprender por qué Marta Sader seguía teniendo esas amigas. Es cierto que no termina de retratar en qué creen estas mujeres y en qué no, sino que tan solo añade conversaciones sueltas, por lo que es posible que, si las conociera, pudiéramos encontrar puntos comunes en los que darnos la mano y querernos.
Conforme fueron pasando los días, me empecé a dar cuenta de que mi rutina está plagada de ese "pensamiento mágico" sobre el que reflexiona la autora. Me gusta manifestar que van a ocurrir cosas buenas, cuando estoy muy indecisa me gusta coger una carta de una baraja del tarot que me regalaron para ver si me ayuda a decidirme, siempre toco madera cuando digo algo malo que podría pasar, etc.
Me pregunté qué me diferenciaba a mí de esos grupos que son abiertamente espirituales y ojeé el libro, ya no para leerlo, sino en busca de respuestas. Esto es algo que hago a menudo con mis libros en general: si tengo una duda sobre un tema que sé que he leído, busco el libro en concreto y miro las partes que señalé en el pasado en busca de alguna respuesta (¿no es eso algún tipo de pensamiento mágico también? ¿Creer que los libros tienen la respuesta a todo como si fueran una bola de cristal?).
Al revisar "Espiritualidad líquida", me di cuenta de que había varios factores clave: que estoy bien, que me gusta buscar información sobre las cosas que no comprendo y que tengo espíritu crítico. Marta Sader explica que sus amigas son mujeres inteligentes, es decir, que razonan sobre lo que creen y que no siguen ciegamente cualquier pensamiento o guía que se les presenta. También son conscientes del sistema capitalista en el que vivimos, de que hay gente que quiere aprovecharse de ellas. Incluso cuenta la traumática anécdota de una amiga que, por fiarse de la persona equivocada, estuvo a punto de morir en un ritual.
Mi espíritu crítico y mi formación me hacen inclinarme más hacia el racionalismo, lo demostrable o la ciencia, pero también me obligan a aceptar que hay cosas que nunca voy a comprender o conocer y, sobre todo, que estoy bien.
Precisamente, ahora que acabo de terminarme "Calibán y la bruja" estoy más convencida de que ser plenamente racionalista también entraña cierto peligro, pues te obliga a mirar el mundo desde un único punto de vista que no acepta réplica. En el libro se explica cómo el racionalismo se usó (entre otras muchas herramientas) para fomentar la caza de brujas y así eliminar de las comunidades a la adivina, la curandera o la partera. Se pretendía domesticar a la población al servicio del capitalismo, y qué mejor forma que dividiendo a las clases bajas y enfrentándola entre sí para además obligarlos a seguir un sistema y no las supersticiones o enseñanzas de unas mujeres que, además, se negaban a amoldarse a sus nuevos roles. Una vez la clase dominante vio que su poder no se vería amenazado porque ya no había posibilidad de que la clase baja se uniera contra ellos en revueltas (habían enfrentado a pueblos enteros, a familias y a hombres y mujeres), la caza cesó.
¿Significa eso que defiendo las pseudociencias o que un niño sea autista por culpa de conflictos de sus antepasados? No, significa que acepto que la espiritualidad forma parte del ser humano y, por lo tanto, no es justo hacerme creer a mí misma que solo puedo guiarme por la razón.
Ojo, Marta Sader no defiende a capa y a espada estas creencias, sino que analiza los factores que facilitan su promulgación y señala cómo el sistema capitalista se apropia de ellas y las convierte en una forma más de controlar (y aprovecharse) a las masas. La mayoría del libro son ejemplos y ejemplos de lo peligrosas que son estas creencias, de cómo algunos se aprovechan de ellas y de las consecuencias (en ocasiones letales) que conllevan.
¿Ha quedado claro lo que quería decir? Probablemente no, pero creo que no hay una forma fácil de hablar de este libro sin que el que lee crea que se está completamente en contra de la espiritualidad o completamente a favor, y eso es parte del problema. Hay que aceptar que existen matices de grises, que "lo místico" es muy peligroso y, a su vez, es terriblemente irracional ignorar lo espiritual.
August 16, 2026
Pff tengo tantas opiniones al respecto... Ahora que lo he reposado unos días siento que es un libro necesario, pero incompleto: es lo que tiene el periodismo divulgativo, puede informar respecto a un tema, pero no acaba de profundizar ni en el proceso personal ni ofrece un movimiento en respuesta al problema que presenta.
Estoy muy de acuerdo con lo que desarrolla Sader: lo que hoy en día entendemos por espiritualidad es, en realidad, una mezcla de industria del bienestar y una mercantilización de conceptos espirituales robados a otras culturas. El capitalismo ha acabado por comerse la espiritualidad, exactamente igual que lo hace con todo lo demás.
Me hubiera gustado un texto con menos ejemplos extrambóticos de negocios espirituales fraudulentos y un poco más, tanto del proceso individual de la gente para entrar en este mundo y desencantarse de él (que es también muy duro de asumir), como una propuesta de una espiritualidad sana e integrada: me ha faltado una suerte de guía para la mística desde un lugar de puro desinterés.
Estoy muy de acuerdo con lo que desarrolla Sader: lo que hoy en día entendemos por espiritualidad es, en realidad, una mezcla de industria del bienestar y una mercantilización de conceptos espirituales robados a otras culturas. El capitalismo ha acabado por comerse la espiritualidad, exactamente igual que lo hace con todo lo demás.
Me hubiera gustado un texto con menos ejemplos extrambóticos de negocios espirituales fraudulentos y un poco más, tanto del proceso individual de la gente para entrar en este mundo y desencantarse de él (que es también muy duro de asumir), como una propuesta de una espiritualidad sana e integrada: me ha faltado una suerte de guía para la mística desde un lugar de puro desinterés.
September 8, 2026
Tenía muy pocas expectativas con este libro. Sobre todo por el tipo de escritora, es decir, puro prejuicio pero, tiendo a pensar que la investigación periodística no va a llenarme ese "vacío" de propuesta política que tienen que tener algunos temas y que es más fácil encontrar en un ensayo al uso que en este tipo de lectura.
No obstante, es un buen libro y aunque, carece de propuesta contra la que combatir esta nueva espiritualidad liquida y todo lo que está acarrea de negativo, te permite bajar a la tierra algunos conceptos y corrientes pseudocientíficas.
De este tema me preocupa soberanamente la cantidad de gente inteligente e informada (a priori) que cae en la anticiencia, lo que me lleva a la idea de que todo el mundo necesita algo a lo que agarrarse, sea Dios (cualquiera de ellos) sea la revolución socialista, o este nuevo espiritualismo...
No obstante, es un buen libro y aunque, carece de propuesta contra la que combatir esta nueva espiritualidad liquida y todo lo que está acarrea de negativo, te permite bajar a la tierra algunos conceptos y corrientes pseudocientíficas.
De este tema me preocupa soberanamente la cantidad de gente inteligente e informada (a priori) que cae en la anticiencia, lo que me lleva a la idea de que todo el mundo necesita algo a lo que agarrarse, sea Dios (cualquiera de ellos) sea la revolución socialista, o este nuevo espiritualismo...
August 15, 2026
Me ha resultado curioso y entretenido. Cómo la autora, desde el escepticismo y la escucha, hace un recorrido por las diferentes formas de espiritualidad que están proliferando, precisamente en una sociedad en la que hemos alcanzado un gran desarrollo gracias a la ciencia, la tecnología y la razón.
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