Es como si un manual de natación dedicara doscientas páginas a explicar qué es el agua a alguien que lleva media vida nadando y las cien restantes a decirle que cierre la boca para no tragar agua.
Compré este libro porque sufro misofonía y esperaba encontrar algo que aportara herramientas reales para afrontar un problema que puede llegar a ser extremadamente incapacitante. Después de terminarlo, mi sensación es que he leído 300 páginas para que me expliquen algo que una persona con misofonía ya sabe desde hace años: que ciertos sonidos molestan, que generan ira, ansiedad, frustración y una sensación de invasión.
La autora confunde constantemente hacer que el lector se sienta identificado con aportar algo útil.
Una persona que compra un libro sobre misofonía no necesita que durante decenas de páginas le expliquen qué se siente al escuchar ciertos sonidos. Precisamente lo compra porque ya lo sabe. Lo que espera es entender mejor el problema y encontrar herramientas específicas para manejarlo.
Durante la primera mitad del libro tuve la sensación de estar leyendo una introducción interminable. La autora repite las mismas ideas una y otra vez con distintas palabras, anuncia constantemente que más adelante llegará la parte práctica y crea la expectativa de que por fin aparecerán las herramientas que uno está buscando. El problema es que cuando llega esa supuesta parte práctica, la decepción es enorme.
Las soluciones propuestas son, en esencia, las mismas técnicas genéricas que aparecen en multitud de libros sobre ansiedad: respiración diafragmática, mindfulness, observar pensamientos, aceptar la incomodidad, reformular ideas, utilizar objetos para descargar tensión, intentar cambiar la interpretación de lo que ocurre...
El mayor problema del libro es que parece tratar la misofonía como si fuera principalmente un problema de interpretación mental. Según el enfoque que plantea, si conseguimos entender que el sonido no es peligroso, que la otra persona quizá no pretende molestarnos y que podemos regular nuestras emociones, podremos reducir la respuesta.
Pero alguien con misofonía severa no está sufriendo porque piense que una silla arrastrándose va a matarle. Ya sabe perfectamente que no existe un peligro físico. El problema es que el sonido aparece y provoca una reacción automática, brutal e inmediata. Cuando el cuerpo ya está activado, decirte frases como "este sonido me molesta pero no es peligroso" resulta de una utilidad muy limitada transmitiendo una visión muy simplificada del tema y dañando el intelecto del que lo sufre.
El libro parece escrito para situaciones de molestia moderada, no para personas que llevan años sufriendo desencadenantes intensos, repetitivos e incontrolables. Hay una enorme diferencia entre sentirse incómodo por un ruido y vivir una reacción que te altera completamente el estado físico y emocional.
La autora se pasa buena parte del libro anticipando posibles objeciones del lector, como si necesitara justificar de antemano las limitaciones de sus propias herramientas y blindarse ante las críticas más que aportar soluciones.
La autora reconoce que quizá algunas técnicas no funcionen en casos severos, que la misofonía no es homogénea y que cada persona necesita un abordaje diferente. Sin embargo, después de leer las herramientas que propone, incluso tengo dudas de que puedan resultar realmente útiles más allá de casos muy leves o de situaciones de simple molestia. Y después de terminar el libro la pregunta sigue siendo la misma: si precisamente los casos más graves necesitan otro enfoque,, ¿dónde está ese enfoque? Ah, sí... En su consulta.
Al terminar el libro me queda la sensación de que estamos ante un producto más centrado en el marketing y la publicitación de la autora y su consulta que en ofrecer soluciones reales. Puede servir para alguien que acaba de descubrir qué es la misofonía y necesita ponerle nombre a lo que le ocurre, pero para alguien que ya convive con ella y busca herramientas prácticas, la aportación es nula.
La distancia entre lo que el libro promete y lo que realmente ofrece es decepcionante. Durante toda la lectura parece que la respuesta está en el siguiente capítulo, en el siguiente ejercicio o en la siguiente herramienta. Pero cuando llegas al final, la sensación es que has recibido muchas explicaciones sobre el problema y muy pocas soluciones útiles para enfrentarlo.