Elena Moreno Scheredre regresa con una gran novela sobre la emigración de los vascos que salieron de la costa vizcaína hacia Idaho, Nevada, Utah. Un conmovedor relato sobre la esencia de la nostalgia y el valor, y una inolvidable historia de amor contra todo pronóstico.
Domingo Arsuaga, marinero en Lekeitio emigra, sin palabras que pronunciar, al oeste americano que le convertirá en pastor. Pero la soledad y el aislamiento no son buenos compañeros. Aconsejado por un amigo, pide una mujer para casarse que proceda de su tierra. Valentina Alzola, una joven cocinera que sueña con un hogar propio, acepta cruzar los mares, sabiendo que las cartas que ha recibido no han sido escritas por su pastor. Con un arcón en el que guarda las sábanas remendadas de la princesa Zita de Borbón, embarca rumbo a Nueva York con el corazón esperanzado y el miedo a encontrar al hombre que le ha jurado amor eterno. No sabe nada de América, ni se atreve a imaginar lo que le aguarda.
Miles de vascos viajaron procedentes de la costa vizcaína hasta el oeste americano desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Huían de la pobreza, la guerra, la falta de oportunidades. Casi todos prosperaron trabajando, ellos como pastores de ovejas y ellas, las mujeres, olvidadas por la historia, regentando hostales, cuidando de la comunidad y siendo el vehículo de transmisión de la cultura, las raíces y el amor a la tierra. La historia levanta el acta de los hechos, pero la literatura nos hace sentir las emociones de los que las vivieron.
Elena Moreno Scheredre nació en Bilbao. Estudió Ciencias de la Información en Barcelona, ciudad en la que residió durante algunos años. Ha trabajado en radio, televisión y prensa escrita, aunque siempre quiso dedicarse a contar historias. Imparte talleres de escritura creativa, actividad que le apasiona, y colabora habitualmente en el periódico El Correo.
En 2014 recibió el premio de literatura Aixe Getxo, localidad donde reside y que forma parte de sus escenarios literarios.
Un bosque de álamos en Idaho termina dejando la sensación de una novela que apunta hacia grandes temas —la emigración vasca, la soledad extrema, el desarraigo y la construcción de identidad—, pero que apenas profundiza en ellos. La autora abre líneas muy potentes, especialmente en la psicología del aislamiento y en el vacío afectivo de sus protagonistas, aunque muchas veces se quedan en apuntes dispersos más que en un verdadero desarrollo emocional o histórico.
La relación entre Domingo y Valentina funciona más como una idea que como un vínculo construido. Se comprende lo que representan el uno para el otro —supervivencia, compañía, sentido vital—, pero falta recorrido íntimo, conflicto compartido y evolución afectiva para que el lector sienta ese amor que la novela insiste en presentar como trascendental. Paradójicamente, la tensión emocional previa al encuentro resulta más intensa que el propio romance, mi imaginario voló.
También la parte histórica parece quedarse corta para una novela de más de quinientas páginas. La emigración vasca al oeste americano aparece como telón de fondo atractivo y poco explorado en la ficción, pero la reconstrucción histórica se percibe superficial, apoyada muchas veces en referencias puntuales, fechas o pinceladas costumbristas que no terminan de dar verdadera densidad al contexto. Necesitaba más.
Lo más interesante termina siendo, aquello que la novela desarrolla casi de manera involuntaria: la deshumanización de la soledad. Domingo no busca una esposa; busca un espejo que le devuelva su identidad después de años de aislamiento. Y Valentina no viaja solo hacia América, sino fuera de una vida marcada por la carencia afectiva y la negación de sí misma. Ahí sí aparece una reflexión poderosa: el ser humano necesita del otro no solo para amar, sino para sostener la propia conciencia y no desaparecer en el silencio.
En conjunto, la novela deja ideas sugerentes, escenas con fuerza psicológica y un tema poco transitado.
Ojalá pudiera poner en palabras todo lo que me hizo sentir y pensar este libro. Pero como no quiero hacer spoiler, solo diré que sus descripciones eran tan perfectas, que sentía estar disfrutando de serie o una película en la comodidad de mi sofá.
Los últimos capítulos me mantuvieron despierta en la madrugada y con el corazón en un puño. Pero en el final, cerré el libro con una sonrisa de aceptación y un leve movimiento afirmativo de que este es un librazo que merece ser recomendadisimo!
Al principio se me hizo un poco raro leer novela histórica narrada en presente, pero una vez me he acostumbrado, el libro me ha encantado. Sabía que había población vasca en Idaho, pero leer cómo fueron sus comienzos, aunque sea en la ficción, me ha resultado muy interesante. Me quedo con ganas de ir a Boise a ver lo y aprender más sobre el tema.
Lo que más me ha gustado: todo lo que he aprendido sobre las personas vascas que emigraron a Estados Unidos, su vida allí, sus recuerdos, sus costumbres, su añoranza y su hilo siempre irrompible con su tierra natal y su idioma. Todo ello, visto, como siempre, desde la sensible pluma de Elena Moreno Scheredre.
Bien ambientado y abordando temas interesantes, creo que profundiza poco en algunos de ellos, pierde oportunidad de acercarse más a los personajes en este sentido