Keiko Takemiya (竹宮惠子), earlier known as 竹宮恵子 (note: it's the first kanji in her given name, 恵→惠) is a Japanese mangaka.
She is one of the 24-Gumi (Magnificent 49ers), the group of female manga artists that pioneered the shoujo genre. Professor of manga studies at Kyoto Seika University.
As expected, the third volume of Kaze ki no uta presents Gilbert's backstory in all its disturbing and heartwrenching details.
The volume focuses on the abuses (both physical and emotional) to which Gilbert is subjected from a very young age by his uncle Auguste and various other men.
It's a far from easy or comfortable read and its trigger warnings should be kept well in mind.
From a purely literary quality, I'm loving the way Takemiya is going back and forth in time to add layers of understanding to the story and its characters.
The artwork is simply amazing - evocative and rich. The visual representation of Gilbert's desperation is certainly amongst the most impressive things I've ever seen.
La portada es una maravilla... hasta que entiendes su significado. Entonces se te retuerce el estómago en odio y aborrecimiento puro y duro.
Nos quedamos en un flash back de Auguste, el hombre que está haciendo sufrir a Gilbert en Lacomblade porque no va a visitarlo, y la cosa tiene telita cuando nos enteramos de quién es.
Por lo visto, este tal Auguste fue adoptado siendo muy joven. Su hermanastro empieza a violarlo junto con sus amigos (o eso se intuye por varias escenas). No contento con eso, cuando su hermanastro se casa, su mujer (la que sería su cuñada) también abusa de él y mantienen relaciones relativamente consensuales. ¿En qué desemboca esto? En el nacimiento de Gilbert, un niño ilegítimo que es abandonado nada más nacer por su madre en una jaula de oro como es la alta sociedad de Francia, sin educación, con unos sirvientes que le dan comida, una cama y ningún cariño.
¿Quién lo acaba acogiendo? Auguste, el cual decide usar al pobre niño para desquitarse por el maltrato recibido por parte de su hermanastro y su cuñada. Cría a Gilbert envuelto en alcohol, permitiéndole hacer lo que quiera, tratándolo como a un animal (incluso lo obliga a desnudarse y a comer de un plato en el suelo en una escena muy turbia cuando apenas sabe hablar). Le da cariño ocasionalmente y se lo niega con golpes cuando el niño lo saca de quicio. Lo vuelve loco, inestable, y lo convierte en una especie de atracción de circo a ojos de la sociedad francesa.
Entonces aparece Bonnard, un hombre conocido por su gusto por los críos en el sentido más vomitivo. Empieza a acercarse a Gilbert, que le sigue el juego con la pícara inocencia de aquel al que le han permitido todo... y ocurre algo que te destroza el corazón (en serio, se pasa muy mal pese a que no es totalmente explícito): Gilbert es violado antes de los 10 años por un hombre en el que había empezado a confiar y... ¡es culpado por ello! Auguste, el desgraciado que debería haberlo protegido, lo culpa de la violación sufrida.
Y, posteriormente, Auguste empieza a violar a Gilbert, el cual deja caer que es su propio hijo, fruto de aquella violación por parte de la cuñada de Auguste a este. Esto es peor todavía. Estamos hablando de que Gilbert es su hijo/sobrino, incesto en toda regla de primera generación. Por supuesto, el niño no lo sabe.
Confundido, destrozado y sin recibir ni un ápice de amor por sus parientes desde su infancia, Gilbert empieza a creer que esas violaciones son "auténtico amor". En estos momentos el niño está entre los 9 y 11 años de edad, lo que lo hace todavía más horrible.
Paradojicamente, Keiko Takemiya dibuja estas agresiones entre Auguste y Gilbert con una belleza tan descorazonadora, que resultan dolorosamente ambiguas. ¿Es amor? Claro que no, pero la necesidad de Gilbert y la "preocupación" ocasional de Auguste por él casi nos hace dudar. Por eso creo que esta es una obra maestra, porque a veces olvidamos que algunos depredadores no llevan máscara de monstruos sedientos de sexo, si no una fina y blanca piel de cordero.
Este, lógicamente, es el origen de la actitud libidinosa de Gilbert, pues no tardamos en sacar una conclusión clara: el niño ha sido tan maltratado, tan despojado del amor de unos padres o, simplemente, de alguien de confianza, que empieza a relacionar los abusos sexuales al amor, y esa es la única forma en la que se siente querido.
Me parece increíble que una historia de hace tantos años puede albergar semejante complejidad en el desarrollo de un personaje y una tragedia tan brutal que, hasta hoy en día, levantaría ampollas.
No existe la maldad congénita. Existen las malas decisiones, las malas experiencias y la maldad subrogada; esa condición por la que, en honor de las propias maldades que hemos sufrido, las replicamos en otros, no necesariamente con la intención de dañarlos. Es común que la gente que ha sufrido bullying o malos tratos repliquen esos comportamientos, igual que no es extraño que una persona que ha sufrido abusos, en el futuro, sea un abusador. No es la norma, pero es algo que ocurre. Y en esta historia de en el tercer tomo de La balada del viento y los árboles es precisamente en eso en lo que quiere ahondar Keiko Takemiya.
Ahondando en el pasado, Takemiya toma distancia y nos cuenta, por extenso, cómo se conocieron Gilbert y su tío, Pascal. Cómo evolucionó su relación. Y por extensión, cómo paso Gilbert de ser un niño apocado y extremadamente sensible a ser una persona auto-destructiva que se maltrata a través del sexo ocasional donde le tratan como poco más que un objeto.
Esto implica, obviamente, que la violación está incluso más presente que en anteriores tomos. De forma más prominente, más explícita y si bien no más violenta, si más delicada, al ser ya ni siquiera un adolescente el abusado, sino un niño. Por fortuna, Takemiya es consciente de lo horroroso de la situación, no permitiéndose romantizar nunca la situación. Todo cuanto sufre en sus carnes Gilbert, incluso cuando empieza a pedirlo cuando entiende que el único contacto humano que va a recibir es a través del maltrato y la violación, son planteadas como momentos de puro horror. Auténticas pesadillas donde es inconcebible ver nada de belleza o placer, siendo nada más que ejercicios de sumisión y poder que sólo minan un poco más profundo a todos los implicados.
Esto nos da también una nueva perspectiva sobre Gilbert. No es que sea naturalmente horrible, como lo creen todos, sino que es su modo de defenderse. No conoce nada más allá de los placeres sensuales y lo que gana de ellos. Él necesita contacto humano, como cualquier otra persona, y el único modo que conoce de ganarlo es ofreciéndose a los demás. Todo a causa de una infancia de abusos que él mismo sigue perpetuando sobre su cuerpo.
Y todo eso viene de su tío. De Pascal. Víctima de abusos de Gilbert, queriendo vengarse de ellos imponiendo el mismo peso sobre el hijo de su hermanastro, al final no hace más que perpetuar la misma condena: imponer una vida de auto-destrucción e imposibilidad de ser feliz que hace que Gilbert le vea como él ve a su hermanastro: con miedo y fervor, con odio y amor, incapaz de comprender cómo alguien a quien quiere y se supone que le ha de querer de vuelta puede hacerle un daño tan aborrente e inhumano.
En ese sentido, La balada del viento y los árboles es un magistral retrato de los abusos y sus consecuencias. Algo a lo que cabe sumar que su dibujo delicado y preciosista no decae y sus personajes ahora tienen un marco desde donde se mueven. Pero también tienen una posibilidad de redención en el futuro: del maltrato y la auto-destrucción también se puede salir.
Pero para eso, antes, ha de permitirse que alguien nos convenza de que no somos inherentemente merecedores de todo lo que hemos sufrido en nuestras vidas.
Muy difícil de seguir leyendo a ratos (especialmente si tienes algún tipo de trigger alrededor de la violencia sexu4l como es mi caso), pero una genialidad en lo que se refiere a entender cómo los ciclos de abuso suceden y se refuerzan y la responsabilidad de aquellos que sostienen el silencio necesario para que lo sigan haciendo. Las metáforas visuales siguen siendo una maravilla, no sé si he visto estados emocionales tan complejos como la disociación plasmados de una forma tan bella y efectiva antes.
Nos metemos de lleno en la historia de Gilbert, con su pasado e infancia. Se podía entrever muchas cosas, pero es muy duro de ver que un niño haya tenido que vivir tantas cosas, haber hecho tantas cosas para sobrevivir...