Un híbrido luminoso entre la memoria, la crónica personal y el ensayo literario que invita a mirar de frente la vejez y sus umbrales.
Liliana Muñoz acompaña a su tía abuela Yoli ―nonagenaria, alegre, lúcida― durante los días en que la enfermedad hace visibles los límites de la vida.
Lo que empieza como un intento por fijar recuerdos se convierte en una meditación sobre el paso del tiempo y la fragilidad del cuerpo.
Con una prosa contenida, la autora reconstruye escenas de infancia, charlas de sobremesa, chismes jugosos y anécdotas disparatadas que revelan una entrañable constelación familiar: el buen humor de Yoli, el singular carácter de sus hermanas, la entrega silenciosa de su hija Ceci, la devoción de sus sobrinos. La autora va tejiendo una reflexión sobre los cuidados, el tiempo y la memoria entre Mérida y Barcelona, entre lecturas compartidas y visitas al médico.
Los umbrales es el retrato íntimo, tierno y sereno de una vida en apariencia común, que, al ser contada, revela su extraordinaria profundidad. Un libro que esconde una celebración: la de una vida sencilla, bien vivida, y la de un lazo familiar lleno de humor, afecto y complicidad.
Liliana Muñoz (Mérida, México) es editora, ensayista y crítica literaria. Edita la revista de crítica Criticismo. Ha colaborado en diversas revistas y suplementos, como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de la Universidad de México, Confabulario del periódico El Universal, La Palabra y el Hombre, Zenda o Literal Magazine. Ha impartido cursos y seminarios en el Tecnológico de Monterrey, la Escuela de Escritura de la UNAM y la Casa Estudio Cien Años de Soledad de la Fundación para las Letras Mexicanas. Fue finalista en el II Concurso de Crítica convocado por Letras Libres y jurado en la tercera edición. Textos suyos han aparecido en las antologías El ensayo 3 (UNAM, 2023) y Doce certezas mientras tanto (UAM, 2025).
Este es un libro necesario, doloroso y enternecedor.
No había forma de no ponerle la máxima calificación ya que me habló de una manera muy personal. Desde hace unos años he estado viviendo por algo muy similar que vivió la autora con este libro y la entiendo.
Es un libro que me ha inspirado y quisiera poder escribir algo similar sobre mi propio caso. Para eso es la literatura: inspirar y tocar vidas.
Muy recomendado. Ahonda sobre la memoria, el amor, la vejez, el deterioro y el cuidado. Bellísimo.
Imagino que entras o no entras, pero no entendería lo segundo, cuando esta autora consigue aquí algo muy difícil que debería ser tan simple: narrar la vida. Definir la vida es una tarea loquísima, pero en mi caso siempre vuelvo a los seres queridos, a los momentos de felicidad y a los recuerdos. Esta novela habla de todo eso desde la perspectiva de una pérdida que todavía no ha sido, pero que podría ser inminente. Es ordenada en su desorden (Liliana no narra la enfermedad de su tía abuela de forma lineal), es sincera y está llena de amor y de pena.
La verdad es que me ha llegado bastante; pese a que no me identifique con la situación, he empatizado mucho, creo que la prosa y el ritmo contribuyen bien a ello (y el tema de tener a la familia lejos…). Me parece que tiene mucho mérito partir de un suceso tan propio y concreto y que se sienta tan universal (algo habitual, pero te tiene que salir bien) porque al final todos queremos a alguien con locura.
“Hay, al menos, dos formas de atravesar el tiempo y, en cierto modo, las hacemos a la vez. Por un lado, en solitario: cada uno hace su vida, va forjando su carácter, toma ciertas decisiones y luego llega al final, convertido en la persona que ha elegido ser; por otro lado, en compañía, a través de los otros, lo que piensan de ti, lo que relacionan contigo, las imágenes y recuerdos con los que te asocian”.
Todas las personas que marcan nuestras vidas se convierten en personajes literarios de nuestra memoria, y es innegable que algunos están mejor escritos y dibujados que otros. La tía Yoli alcanza la inmortalidad (mientras así lo queramos) a través de las letras, y qué mejores letras que las de Liliana Muñoz: no faltan el humor ni la ternura, ni la tristeza ni el recuerdo de las viejas aventuras, porque al final eso es la vida: una aventura a la que venimos a cumplir nuestra misión. La de Yoli fue tal vez amar a todos sus hijos y nietos y hacerlos reír en cada oportunidad. Ahora nos toca a nosotros esclarecer nuestra misión y decidir si es digna de permanecer en otras memorias.
ay wow, qué bueno que lo seguí no sé al principio pensé yo y su tía qué? chistoso, porque sabía que el libro sería bueno pero no quería inmiscuirme en su vida familiar al final, me metí y los amé, a todos, con sus disfuncionalidades, con la muerte tan presente y la vida tan viva, con esas reflexiones sobre ella misma (creo que al final el libro ni va sobre la tía ni sobre la prima, sino sobre la escritora) y sobre la escritura
un homenaje a los vínculos, a la ardua tarea de vivir dejando huella, a la sonrisa y al humor la frase con la que cierra me fascina, me hace sonreír, a pesar de
Liliana nos presenta un libro delicado y optimista, que invita a pensar en la familia, la memoria, el paso del tiempo, la distancia, la felicidad, la literatura y los afectos improbables. Con una voz propia singular, reflexiva y, a la vez, ligera y divertida, nos abre una ventana para adentrarnos en la vida de Yoli y en un universo íntimo donde lo cotidiano se revela lleno de sentido y belleza.
Quería encontrarme, encontrar a mi mamá, terminé encontrando también a mis tías que he perdido y a este sentimiento de duelo anticipado que últimamente consume mi vida. El inicio es uno de los inicios más bonitos que he leído “no sé escribir cartas de amor, así que te voy a escribir un libro” porque este libro es en sí mismo una carta de amor a la vida, a la muerte que encuentra espacio en todos lados, a las versiones de nosotros, a quienes cuidan y son cuidados.
Me apapacho, me hizo leerme en las palabras de alguien más. “Tengo que decirle cosas que no sé si serán verdad o mentira; que todo estará bien que podrá vivir tranquila un poco más”
La prosa ensayístico-narrativa de Liliana nos acerca a los temas de la fragilidad, la familia, la distancia, el amor como vínculo primordial, la memoria y las tensiones entre vida leída y vida vivida, desplazando sentidos que los abstraigan de su raigambre humana y corporal con sencillez y humor. Es un logro meritorio. A ella la conocí como una de las ensayistas del libro Doce certezas mientras tanto (UAM,2025) y su facilidad para narrar historias que ejemplificaran el tema de su ensayo me llamó la atención y por ello decidí seguir su pista, por ello llegué a estos “Umbrales” suyos. Le deseo una gran trayectoria estilística.
Una historia que trata sobre lazos familiares, es una novela linda que habla sobre el envejecer, se resguarda en la memoria de la tía abuela Yoli y en hechos que buscan la felicidad ante lo inevitable, de tono autobiogŕafico esta primera novela de Liliana Muñoz nos acerca a la calidez de Mérida en Yucatán, y de una sobrina editora que ama los libros, coincido que al terminar de leer este libro me provoca esas ganas de tener por escrito aquellas historias familiares que guardan los míos.
Escribir sobre la felicidad también es una forma de mirar la vida.
Los umbrales es un homenaje a Yoli, la tía abuela de Liliana Muñoz, una mujer vital, divertida y luminosa, de esas personas que parecen tener una manera propia de estar en el mundo y de contagiarla a quienes las rodean.
Es un libro que habla de la memoria, del paso del tiempo, de los vínculos familiares, de la enfermedad y de la muerte, pero que, por encima de todo, me parece una celebración de la vida. No porque en ella no haya desgracias, sino porque hay personas que, incluso habiéndolas vivido, eligen mirar el mundo desde otro lugar. Yoli es una de ellas.
Me ha gustado especialmente cómo Liliana convierte una historia tan íntima en algo universal. A través de los recuerdos, las distintas versiones de una misma vida y las reflexiones sobre la escritura, consigue que una mujer a la que no conocemos nos resulte cercana y que acabemos pensando también en nuestras propias relaciones, en lo que recordamos y en cómo nos recordarán.
Y es un libro que tiene muchas capas. Una de las que más me interesó, y que tuve ocasión de compartir con la autora, fue el lugar que concede a Ceci, la hija de Yoli, que durante diez años ha sido su cuidadora principal. Liliana la llama «la protagonista escondida de esta historia», y me parece una manera preciosa de reconocer a quien sostiene una vida mientras la suya propia va quedando en segundo plano. También me hizo pensar en todo lo que implica cuidar, en el desgaste, en el amor, en la identidad que se construye alrededor de ese papel y en el vacío que puede quedar cuando termina.
Además, tuve la suerte de compartir un club de lectura con la autora y fue una experiencia tremendamente enriquecedora. Nos habló con una generosidad preciosa de su proceso de escritura, del cuidado casi obsesivo que pone en cada palabra, de las decisiones narrativas, de la posición del yo como una especie de testimonio y de cómo la memoria se convierte en literatura.
Me quedé también con una idea que me parece muy bonita: la de escribir desde la felicidad. Porque la literatura no tiene por qué encontrar su profundidad únicamente en el sufrimiento. También puede hacerlo en el humor, en el afecto, en las pequeñas alegrías y en esas personas que nos enseñan otra manera de vivir.
Y quizá por eso es un libro que puede seguir creciendo con cada lectura y con cada mirada.
Un regalo encontrar libros así. Y también autoras que se comparten de esta manera.
Un bonito homenaje de Liliana a su tía Yoli. A la que describe como un alma llena de juventud, con sus conversaciones caóticas y alegres. Los paseos sola hacia el faro. Bailar cumbias. Yoli, atemporal, con su aroma a jabón, tan dueña de sí misma. Siempre metiendo a todo el mundo en líos y que eso sea, precisamente, lo que haga que todos vuelvan a tener ganas de vivir. Las pinturas de Hopper o la luz verde de Gatsby. Y es que a veces no importa tanto como vivimos las cosas, sino cómo las recordamos ♥️
Este libro me lo recomendó mi vecina librera. Me dijo que se había reído mucho con el, y que también había sentido mucha nostalgia al vivir lejos de su familia biológica (a la que quieres, la que aporta).
Es una auténtica maravilla, cortito, muy sencillo, de los que estás leyendo y parece que estás mirando un vídeo de un perrito y un bebé jugando. De los que sonríes con nostalgia y te mueven las tripas. Lo recomiendo mucho, por hacer un homenaje a las personas que pasaron por la vida y lo hicieron de disfrutonas.
Un libro hermoso que habla del amor, la enfermedad, los libros, la hamaca, los cuidados, la muerte. Uffff. Un retrato íntimo Una vida bien vivida. Sencilla
Después escribiré una reseña más extensa y detallada, pero me gustaría decir algo con urgencia: necesitaba muchísimo este libro. Gracias, Liliana, por escribir.
Empecé a leer con la expectativa de que atravesaría las emociones con respecto a la relación de una de mis tías, más allá de eso, encontré que atravesó muchas otras emociones que ni yo misma sabía que podía encontrar leyendo el libro, cualquiera encontrará una parte de este libro por la que se sienta conmovido, esto segura.
Creo que es la primera vez que termino de leer un libro y simultáneamente me estoy riendo y llorando. Se me hizo muy corto, hubiera querido conocer más y más detalles de la autora, de su vida familiar, de sus comidas favoritas y de su casa en Mérida. Como yucawach que soy me identifiqué con casi cada aspecto del vivir dividido en dos hogares, familias y mundos. Yo, también, fui crecido por tías abuelas con sentido del humor muy fino, con un generosidad invaluable y con sonrisas hermosas, que aunque ya no estén conmigo, las sigo recordando con todo mi cariño. Liliana me hizo llorar una página sí y una no. Esas descripciones del cuerpo frágil, postrado en una hamaca de un ser amado, son escenas que ya he visto con mis propios ojos, y vaya que son duras. Pero el manejo de escenas tiernas con golpes de realidad por el paso de los años en el cuerpo y en la mente de uno y de quienes te rodean, fue extraordinario. Quisiera conocerte, Liliana, y que me contaras cómo le haces para escribir de tu familia de una manera tan firme y a la vez tan dulce.
Cuando se narra desde lo íntimo se corre el riesgo de engrandecer lo que es mínimo. Liliana Muñoz salva ese riesgo con creces al sostenerse en la universalidad de la literatura. Bajo la excusa inicial de un homenaje amoroso, Los umbrales se convierte en la aprehensión definitiva de la memoria. No sólo la de la tía abuela, también la de la autora misma. La narración es cuidada, delicada y precisa. No renuncia a ser metafórica sin querer embelesar. La literatura que acompaña al texto es un soporte magistral. Sin pretensiones ni esnobismo. La simple decisión de una certeza singular en los libros. Un satélite de lecturas que orbita el acontecer. Los umbrales nos muestra que lo real es un constructo, que la memoria es una elección (muchas veces inconsciente) y que lo único verdadero es lo que recordamos. También nos enseña que la memoria es un buen lugar para habitar. Liliana logra su promesa de literaturizar a su tía abuela. Le ha garantizado una existencia más allá de su devenir.
Brillante, conocer a la autora y poder hablar con ella del libro, del proceso, de los limites entre la verdad y lo que inventamos a medida de que lo explicamos, las relaciones familiares y sobre todo, la vida de las mujeres. Mujeres que en su mayoria creen que no han hecho mucho en la vida, nada relevante o importante, como Ceci, pero que en realidad lo han hecho todo y siguen haciendolo. Vivir, acompañar, luchar, cuidar. Me ha encantado la lectura, ligera, divertida y profunda.
Lili!!!! Gracias infinitas por darnos tu prosa, tus palabras llenas de bondad, ternura, sabiduría, e intimidad. Justo esto: la vida misma, llena de remembranzas, de etapas: de inicios u finales, pausas y continuaciones.
Me hiciste recordar mucho a Mechita (mi abuelita que pasó por todos los umbrales de su vida incluido el de la muerte hace unos meses). Es que ha sido imposible no llorar y no enternecerme más. 5 es poquito!!!!
Qué forma más hermosa de honrar a alguien y sobre todo, a ellas: su persona, sus recuerdos, su forma de ser, sus reflexiones, sus miedos, sus dolores y alegrías. "Ya no voy a volver a ser joven, Liliana, ya se me pasó el tren. Ya me casé, ya tuve hijos, tuve nietos. ¿Y ahora qué sigue? Ahora sólo están los días."
Hay algo del memoir que me atravesó emocionalmente; una herida de abandonar el hogar, el regreso constante, el dejar de pertenecer, la familia, los cuidados, etcétera.
Hay algo también del ensayo (de pronto referencias literarias, de pronto frases) que me hacían subrayar.
Sólo hubo algo del final, entre pensar el duelo desde las risas o sobre una manera de entender lo cotidiano que me dejaron ahí, con algo inconcluso, ambiguo.
Espectacular. Aunque no conozco a Liliana, soy una mexicana viviendo en Barcelona, y eso hace que tengamos cosas en común. Por nuestra historia, leer su novela se sintió como un apapacho al corazón, leer algo que le da forma a un sentimiento que llevas años paseando sin atreverte a decir. Gracias Liliana, y por favor, sigue leyendo y escribiendo <3
[…] Lo que sucede en la novela de Bioy es, en el fondo, lo que sucede con cualquier forma de vida cuando se vuelve recuerdo. Intentamos retener la imagen de la persona ama-da, pero, a medida que se aparta del presente, deja de ser presencia y se desplaza a otra dimensión, la de la memoria.
“El pasado te invita a saldar cuentas o acumular remordimientos, te dice que hay que recuperar el tiempo perdido, resolver en diez días lo que debías haver resuelto en diez años”
Lo empecé a leer para mi viaje a Monterrey pero me tardé en terminarlo porque estaba un tris melancólico. Definitivamente volvería a leer a Liliana.
La sencillez y amabilidad con la que está escrito el libro hace que sea muy ameno de leer. Tiene hermosas reflexiones acerca del paso de la vida, los recuerdos que guardamos. Es un precioso homenaje a su tía abuela!