Carlos es un hombre solitario que vive en Londres y escribe para comprender su vida; cuida ancianos, sobrevive al frío, la precariedad, y a la invasión repentina de unas moscas gigantes. Ese cuaderno que alimenta cada día se vuelve el retrato inolvidable de un hombre común enfrentado a sus propios abismos, una manera honesta y ferozmente lúcida de encontrar sentido.
«Incluso la vida más ordinaria se vuelve extraordinaria al escribir sobre ella».
Buscando elevar el pulso de sus días, la rutina del trabajo como cuidador de ancianos, la humedad londinense y la aparición de unas moscas inmensas en su casa, Carlos escribe. Lo hace con una lucidez que suele rozar la crueldad y un humor que lo salva. Lo que empieza como un desahogo se convierte en un laboratorio moral: qué significa cuidar, resistir el tiempo, dejarse acompañar. Cuaderno inglés, Premio Clarín-Alfaguara 2025, es el retrato de un hombre solitario, aunque dispuesto a asombrarse y atento a la belleza: los bosques al anochecer, correr descalzo, desayunar mientras lee, las bibliotecas y la música country. Con una mezcla tierna de ironía y compasión, Daniel Morales desmonta la épica del exilio y la falsa nobleza del sufrimiento para mirar de frente la vida común, sus epifanías secretas, los destellos cómicos, ciertos recovecos por momentos sórdidos, tantas veces luminosos.
Dijo el jurado:
«Una novela encantadora, protagonizada por un personaje memorable, mezcla del Stoner de John Williams y el Bartleby de Melville, aquel héroe kafkiano avant la letre cuyo lema vital rezaba: “Preferiría no hacerlo”. También es una novela humilde, yo me siento orgulloso de haberla premiado». Javier Cercas
«Daniel Morales remixea con una elegancia del siglo 20 algunos temas claves contemporáneos y de paso crea a un personaje distante, cercano, raro y entrañablemente universal e incluso (a su modo) querible». Alberto Fuguet
«Una novela con mucho humor. Sencilla en su estructura y en su estilo y encantadora por eso mismo». Mariana Enriquez
Cuaderno inglés no habla de grandes acontecimientos ni de vidas extraordinarias. Habla de lo contrario: de la precariedad emocional, de los trabajos invisibles, de la dificultad de relacionarse con otros sin sentirse agotado o expuesto, de la vergüenza silenciosa y de esa sensación de haber llegado tarde a todo. Y, sin embargo, en esa aparente pequeñez hay una enorme verdad humana.
Daniel Morales construye un narrador inseguro, melancólico y observador, alguien que parece debatirse entre el deseo de desaparecer y la necesidad de ser comprendido. Cambia de ciudad, de trabajos y de relaciones, pero descubre que la herida viaja siempre con él. No hay épica del exilio ni romanticismo de la precariedad; solo una vida común observada con una lucidez incómoda y, al mismo tiempo, llena de compasión.
Creo que la novela acierta cuando muestra que la vulnerabilidad no siempre adopta formas dramáticas. A veces aparece en una conversación incómoda, en una visita social que deja semanas de agotamiento mental, en la necesidad de justificar unas moscas muertas o en el miedo constante a decepcionar a quienes alguna vez creyeron en nosotros. El narrador vive pendiente de la mirada ajena y eso lo vuelve humano.
También me ha gustado mucho cómo la literatura aparece aquí no como una pose intelectual, sino como refugio y forma de supervivencia. Los libros funcionan como compañía, filtro amable entre uno mismo y el mundo, espacio donde todavía es posible encontrar cierta belleza cuando la vida exterior parece demasiado áspera o decepcionante.
Y quizá por eso me he sentido tan cercana a esta lectura. Hay libros que uno admira y otros en los que uno se reconoce. Yo no he leído al narrador desde fuera, sino desde una experiencia emocional muy próxima: esa mezcla de deseo de conexión y necesidad de aislamiento, el cansancio social, la sensación de desajuste, la importancia que adquiere la opinión ajena cuando uno se expone desde algo auténtico.
Sin dramatismos excesivos ni artificios, la novela deja una idea muy sencilla y muy triste: incluso las vidas más pequeñas, rutinarias o fracasadas contienen una intimidad inmensa, llena de contradicciones, miedo, ternura y pequeños destellos de asombro. Y quizá el verdadero peligro no sea fracasar, sino dejar de asombrarse del todo.
A veces en la sencillez se encuentran historias increíbles. No es un libro con miles de plots ni miles de cosas sucediendo a la vez, es un libro para acompañar al protagonista en sus vivencias y en sus miserias. Carlos, el protagonista, tiene alrededor de 40 años y decide mudarse a Inglaterra a ‘cambiar de aire’; en dicho país salta de trabajo en trabajo hasta que queda como cuidador de personas mayores y/o con algún tipo de enfermedad a la vez que hace house sitting e intenta sobrevivir en un país que hasta respirar es caro. En todo este meollo es que nos hace replantear acerca de la soledad, la culpa de haber tomado ciertos caminos pero a la vez de las cosas que a uno le hacen feliz. En un mundo que constantemente busca causar impacto y estímulos efímeros, este tipo de historias son un mimo al alma.
Excelente. Divertido. Simple. Pasan cosas cuando escrbimos. Parece q lo simple se volviera hermoso. Al menos no parece tan malo. Pongo 4 por queno me gusta lo de las moscas.