«ADAM Lo he escrito para sacármelo de encima. Como un exorcismo. A veces lo hago. A veces me pongo en lo peor y lo convierto en ficción, a ver si así desaparece. O, por lo menos, deja de doler tanto. Cuando has transformado todo ese miedo en un personaje, en alguien que no eres tú al cien por cien, aunque todo el mundo te diga que sí que lo eres, parece que la angustia pesara un poco menos, o hasta que te pudieras dar un abrazo. A lo mejor la historia de este guion acaba tan mal porque yo quiero que la mía acabe bien». — — — — — «AISHA Para mí tampoco es sencillo, Omar. Aquí (señalando su corazón) me pesan muchas cosas. Y aquí (señalando su cabeza), también. No tengo que explicarte por qué estoy luchando conmigo. Y con mi fe. Pero en esa lucha, de entre todo lo que me pasa por dentro, elijo el orgullo por un hijo que no se ha rendido cuando han intentado que se rindiera. Y que, en vez de callarse y bajar la cabeza, ha peleado por lo que creía justo. Si en eso consiste tu forma de ser, yo lo abrazo». — — — — — «OMAR (A ADAM.) Gracias.
ADAM (Lleno de amor y tristeza, lo acaricia.) Nosotros también nos merecíamos un final casi feliz».
Terminar la obra de teatro El asesino de Riders, de Nando López, me ha removido mucho.
Es una de esas lecturas que no pasan sin más. Me ha hecho ver situaciones que incomodan, que en algunos momentos me han contrariado, y en otros me han dolido y emocionado a la vez. Y, sobre todo, me ha hecho empatizar mucho con la historia principal, una historia de amor muy actual, muy cercana.
Hay algo en cómo está contada que habla de esa forma de amar que durante mucho tiempo no se ha dicho en voz alta, y aquí aparece con naturalidad. Y junto a eso, también está muy presente la importancia de la amistad y de sentirse parte de algo, de tener un lugar.
Pero más allá de todo eso, me quedo con algo muy personal: esa sensación de “¿por qué callé cuando tenía que haber hablado?”. De lo importante que es no marcharte de una discusión con alguien a quien quieres sin intentar arreglarlo… porque a veces luego ya es tarde.
Es una obra que se lee rápido, pero que se queda dentro más tiempo del que parece.