La galleta maría Fontaneda fue una presencia permanente en las despensas, las televisiones y las radios de los hogares españoles del siglo XX. Redonda, la cenefa en el borde, su nombre en mayúsculas ocupando el centro. Un talismán capaz de invocar el recuerdo blando del recreo y la leche caliente de la merienda. De lo dulce, de lo infantil, del descanso. Aún hoy ocupa un lugar importante en el imaginario colectivo. Pero tras su forma familiar también se hallaba una cadena de trabajo silencioso y feminizado; la coreografía de gestos precisos de las galleteras que revisaban, alineaban y empaquetaban los dulces recién salidos del horno.
Veinte años después del cierre de la histórica fábrica Fontaneda, Laura Sanz Corada, hija de una de aquellas galleteras, regresa a Aguilar de Campoo para adentrarse en el archivo industrial y familiar. Desde allí reconstruye la memoria del territorio y traza el retrato colectivo de una generación de mujeres que comenzaron a trabajar siendo prácticamente niñas, que crecieron junto a las cintas de envasado y vivieron como un duelo la venta de la fábrica a una multinacional y lo que vino luego: los despidos, la huelga, los encierros y, al final, los escombros.
Con una lírica desbordante, Sanz Corada avanza entre relatos esquivos e inciertos y testimonios poblados de olvidos y silencios para responder a una pregunta inalcanzable: ¿qué queda de la memoria de un lugar cuando este desaparece?
«Laura Sanz Corada regala su mirada poética a la antropología y abre los cajones de la memoria. Este libro tiene olor, sabor y textura. Como esas cajas de galletas que, aunque se empeñen en guardar hilos y agujas, no pueden quitarse del todo su olor original». _ Virginia Mendoza
Antropóloga social y escritora. Ganadora del I Premio de ediciones en el mar, por su poemario Matar la geografía de los cuerpos de piedra (2022). Es autora del ensayo La nostalgia del pastor es la mía, publicado en la revista costarricense Wimblu (2023). Ganadora del I Premio de Poesía al Natural de Huétor Santillán (2024) y accésit del II premio de no ficción de La Caja Books (2024), de próxima publicación. Forma parte de la antología de diarios íntimos La desconocida que soy, vol.1 (2018) y Diarios de encierro (2020), por Índigo Editoras, y Las caminantes (La niña azul, 2024). Ha publicado en medios como Anáfora, Caracol Nocturno, Détour, Zéjel o Digo.palabra.txt.
"Galleteras" és un acte de justícia, de memòria col·lectiva, és posar paraules a la nostàlgia, és anar a l'arrel i mostrar el que s'amaga darrere del símbol de la galeta maria, les seves engrunes. És remenar i pastar els ingredients entre les capses d'assortit de galetes. És visibilitzar el que és invisible i dignificar les dones i les seves mans, uns dits embolicats d'esparadrap que van sostenir generacions senceres.
L'autora és filla d'una de les galleteras, neta de l'encarregat de la vainilla i descendent d'aquest engranatge i ens desgrana que hi ha més enllà de l'imaginari col·lectiu.
Vint anys després del tancament de Fontaneda (i de l'enderrocament) escriu sobre la seva família i a través del fet personal explora la col·lectivitat. Posa paraules a aquesta herència i rememora com va créixer amb la presència constant d'aquest indret a la seva vida.
Plasma com tot un poble configura la seva quotidianitat al voltant de la fàbrica, i com aquesta modifica el paisatge, com modula l'entorn, les relacions i s'ho menja tot. On abans hi havia cultiu, cereals i terres a guaret, ara hi ha grans naus on es fan galetes.
Nenes, chiguitas a Palència, que esperaven fer els catorze anys per anar a treballar a la fàbrica. Adolescents que creixen i es fan grans abans d'hora enmig de la cadena de treball.
Dones que van ser testimonis de la feminització i precarietat del seu treball, dones a qui la gent menysté anomenant-les galleteras, dones que van posar el cos per defensar els seus llocs de treball. Dones a qui la globalització i el sistema va apartar quan ja no els hi van resultar útils.
Ens cartografia el territori i ens el narra, revisa arxius i posa al centre les verdaderes protagonistes.
Un relat que esdevé un homenatge i que aglutina tots els ingredients necessaris perquè m'hagi arribat ben endins: protagonistes potents i lluites col·lectives.
Unes pàgines que ens transporten a la infància, a moments i olors concretes. Amb un estil intimista on destaquen els silencis que afloren records dolorosos ens fa reflexionar al voltant de qui construeix la memòria històrica i el relat.
"Qué miedo que solo quede el relato, o qué bien que exista el relato. En realidad: qué miedo heredar un relato que no sea del todo nuestro. Y sin embargo: qué suerte poder reescribirlo. Porque reescribir también es pertenecer. Reescribir,a veces, es quedarse".
La memoria y el testimonio de las trabajadoras de la fábrica de galletas Fontaneda nos trasladan el retrato de un pueblo, cuya actividad principal giraba alrededor de esta actividad. Un libro muy bien estructurado y maravillosamente escrito.
«Cada vez que mi madre viene a visitarme trae un paquete de galletas, como si en Madrid no existieran los supermercados, como si en Madrid no pudiera comprarlas en el almacén de la esquina. Las mismas galletas, misma marca, mismo paquete, misma procedencia. O como si nadie en esta ciudad hubiera oído jamás hablar de ellas. Sabe que en mi casa no tenemos dulce, pero aun así insiste: He comprado galletas.Cuando se va, queda un paquete a medio comer. Las migas esparcidas sobre la encimera, el plástico abierto, el hilo de apertura rojo enredado. Nuestro cordón umbilical»
Es la memoria de una tierra. Una memoria colectiva hecha de memorias particulares: la de su autora, la de su madre, la de todas esas mujeres que lucharon por ‘tener un trabajo’ digno (como si no fuese suficiente el trabajo que tenían ya por ser mujeres y en el mundo rural, más)… mi memoria, incluso. Es un justo homenaje y una reivindicación a un legado apagado a medias por el vaivén de los tiempos modernos. A medias porque algo queda más allá de ese olor que seguimos sintiendo (gracias a tu abuelo, Laura) y esa tradición industrial que sigue viva en Aguilar, a medias porque ¿qué queda de todo aquello, de aquellas Fontaneda troqueladas con el nombre de su cuna que comía España entera? Pues quedan libros como éste, que son pura lírica documental.
A pesar de la intencionalidad del cáracter disgregado y desparramado del texto, forjado a través de diversos collages de diarios, testimonios, noticias, monólogos internos, etc. para tratar de desenmarañar la memoria colectiva, no puedo evitar que me saque de quicio este estilo contemporáneo. Es una pena porque el tema me resulta realmente interesante pero esta manera de narrar no es para mí.
Laura Sanz regala su mirada poética a la antropología y abre los cajones de la memoria porque su libro tiene olor, sabor y textura. Es como esas cajas de galletas que, aunque se empeñen guardar hilos y agujas, no pueden quitarse del todo su olor original.