Aleana será una habitante más de Buenos Aires: tal vez la vimos ayer en el subterráneo echando al aire sus discursos. José Sbarra sólo grabó a fuego su imagen insobornable, dentro de una novelística aparentemente simple.
Fue maestro normal, periodista, escritor y guionista de la televisión. Publicó varios libros infantiles y juveniles. Después llegaron sus obras más oscuras: Obsesión de vivir, Marc, la sucia rata y Plástico cruel. Falleció el 23 de agosto de 1996, tras padecer HIV.
Fue un escritor oscuro y nunca masivo. Dejó obras extrañas, entre ellas una novela, Plástico cruel.
Probablemente uno de los libros más tristes que he leído. Tan cotidiana, tan real, tan cercana que es imposible no reflexionar sobre la soledad de Aleana, sobre los lugares que se le dan a la locura (y por tanto a la normalidad) a la hipocresía y al adaptarse a una sociedad. Fábula escorpiana si las hay, Aleana es una novela conmovedora para cualquiera que reconozca en su protagonista a tantos hijos-padres-madres de esta ciudad de Buenos Aires.
"Cambian los paisajes, cambian los nombres de las cosas, cambian los años; pero por dentro todo continúa igual. El dolor no se distrae; lo que ya vivimos no se puede modificar, y somos lo que hemos vivido, pues lo que podríamos vivir es siempre una ilusión que nunca se alcanza".
Qué tristeza infinita, pero qué potencia vital también. Y qué momento del país (y del mundo) para leer este testimonio de todo lo que está roto, de todo la crueldad, pero también de todo el amor, aunque esté condenado a asfixiarse, al final. Porque no es lo mismo que haya estado alguna vez, aunque sea como breve destello, a que nunca lo haya habido.
Aleana es la historia de una mujer, de alguien con quién quizá nos hayamos cruzado en cualquier ciudad del mundo pues representa a la mujer marginada, esa señora vestida con cualquier cosa, que consideramos una loca porque va gritando por la ciudad frases incoherentes contra todo y contra todos, es una marginada de la sociedad, alguien invisible o al que evitamos mirar pues nos habla de problemas, de dramas, pobreza... pero a la vez, si nos paramos a escucharla reconoceremos un fondo de verdad en sus palabras, una historia latente de la que podemos aprender mucho.
Hay otros personajes pero no tienen mucha importancia, como mucho Felipe, su hermano-hijo, quién tiene una relación estrecha con ella, quizá la más estrecha que la protagonista haya tenido en su vida aunque sea algo unilateral en sentimientos. Aleana no tiene a nadie más en su vida, esa falta de amigos, de un amor, de una familia que cuide de ella nos llega al alma, es imposible no sentir compasión por ella aunque sea un personaje que ni la quiera ni la necesite. Es complicado contar todo lo que me ha hecho sentir esta lectura, es una historia intensa y más cuando vemos lo breve que es.
Creo que es una historia que tod@s deberíamos leer, quizá el lenguaje usado o su estilo en sí, la pueden convertir en algo confuso pero a la vez pensemos que estamos delante de los pensamientos de una mujer que ha pasado por mucho y no siempre está conectada a la realidad, a veces el pasado la ataca y es cuando se descontrola su narración y su forma de comportarse.
Me parece una historia bonita, triste, difícil de leer y que deja ganas de ser releída. Te da la sensación cuando terminas que no le has sacado todo lo que podías y que si vuelves a empezarla conectaras mucho más con ella, cosa peligrosa, desde luego.
En definitiva, es una historia que recomiendo totalmente, se lee en un momento pero te deja con muchas cosas sobre las que reflexionar.
__________________________ Reí m’jita, reí como si fueras feliz. Reí que las otras gentes hacen lo mismo. ¿o creías que ellas eran felices? Tenés qué aprender a engañarte. Ése es el único secreto de la vida.
No, doña Paloma, no sé fingir, no quiero, o no puedo. Yo quiero una felicidad que sea cierta o nada. __________________________ Antes, cuando alguien me preguntaba ¿en qué piensa? Creía que debía contar una a una las cosas que pasaban por mi mente. Con el tiempo aprendí que cuando alguien pregunta ¿en qué piensa?, lo que menos le importa es conocer nuestros pensamientos. Sólo le interesa bajarnos de esas nubes que son inaccesibles para los otros. Por eso respondí lo que se suele responder cuando nos formulan esa pregunta: - En nada _________________________ Estoy harta de mi condena. Estoy harta de ver claramente esa astilla clavada en mi carne, de conocer cuál es el orificio por el que me desangro, de saber el cauce por el que corren mis lágrimas y no poder hacer nada por impedir ese torrente, por arrancarme esa astilla. __________________________ ¡Ah!, claro, ¿ve? Éstos son los nuevos sabelotodo, claro, porque ellos miran películas extrañas, leen libros extraños, hacen cosas extrañas, se ponen ropas extrañas, se cuelgan imágenes del Buda en lugar de crucifijos, los jóvenes modernos… ¿saben algo más jovencitos?, ustedes podrán tragar mucha cultura, pero cuando pase el tiempo se van a dar cuenta de que sólo conocen aquello que les tocó vivir, aquellos que les tocó sufrir en carne propia… ___________________________
Como nos tiene acostumbrados Sbarra es un escritor que plasma a los marginados. En este caso a una mujer marginal, diferente que creció en "un rancho" bajo la pobreza y sin entender muy bien el mundo; o quizá entendiéndolo muy bien.
Para la protagonista, Alana, su familia y ella misma fue parida por ella. Sus padres y una suerte de hermano que es adoptado por dos señoras acaudaladas.
En sus periplos irá por Buenos Aires, o mejor dicho, nos irá narrando sus días. Como duele la soledad, como se puede alienar la mente y decaer en una suerte de locura. Así mismo el libro no está excepto de crítica social. Cave rescatar su amistad con unos hombres jóvenes, igual de marginados pero no alienados. Se deja ver ya al principio que ambos son homosexuales, no es un plostwist. Y dudo que el autor así lo quisiera, todo ese entramado viene al cuento de la "libertad" sexual como metáfora incisiva. También perfilan otros marginales pero no tienen el peso de los gays.
También veremos la evolución de Aleana que pasará de vociferar discursos que a su entender son lo correcto del mundo a pasar a las máscaras de la hipocresía para finalmente redimirse.
qué hermoso, me lo leí de un tirón. crudo, tierno, honesto. una simpleza desgarradora como todo lo que escribe sbarra "si supieran qué lejos estoy de la demencia; si me escucharan unas horas, un rato, un instante apenas...(...) sucede que yo, que acuñé al mundo, que le di de mamar, que limpié su primer sexo, que soporté su más antigua furia; yo que me parí vieja, yo, pese a estar de vuelta de tantas cosas, todavía, necesito un poco de ternura." <3 esta ultima parte me hizo acordar a otro escrito de sbarra: Todo existe caprichosamente. Las estrellas están a modo decorativo y, por supuesto, dios está de sobra. El misterio es sólo vacío. Los gatos existen para enseñarte a hundir los ojos en el silencio. Octubre podría llamarse adiós o jueves o laúd. La paz es tedio. El sol se pavonea lleno de oro. Y la luna finge ser un transatlántico que está de fiesta. Nada concuerda con nada. Y sin embargo, yo, a escasos metros de mi final, espero todavía una ración de amor.
Aleana "resume en sí todo el peso de las marginaciones milenarias y universales" dice la contratapa. Con este libro conocí a Sbarra y se impregnó dentro de mí de una forma furiosa, triste y preciosa. Le otorga belleza a personajes como Aleana, una señora solitaria de la que nadie se preocupa. Es como si él tuviera la capacidad de mostrarte con una lupa lo más despreciado del mundo y te hiciera sentir que eso es realmente a lo que vale la pena prestarle atención. Esa persona marginada encarna la vida y esa situación despreciable ES la vida. Y no puede ser de otra forma.
Uno de los Sbarra que me faltaba. Breve novela donde Aleana nos va narrando sus delirios —«vivo pagando el daño que me causaron los demás como si el delito hubiera sido mío»— y los diferentes personajes que pueblan su vida. La soledad sobrevuela sobre esta colección de desarrapados hijos de la marginación.
Pobre Aleana, demandando «una felicidad que sea cierta o nada». Tan solo, únicamente, «alguien que pronuncie mi nombre con amor»
Sbarra escribe muy poéticamente. Me hubiera gustado haber escrito esta novela. Qué piensan los locos? Por qué enloquecieron?
La locura, el amor, los vínculos afectivos, la represión estatal, el censura de la sexualidad no heteronormativa, la familia y la amistad son temas que recorren el presente libro.
Es de una magnífica belleza. Quizás lo que plantee no exista, pero que conmovedor poner la vista en los locos.
Este libro es un poco distinto. Siento que esa ironía de los otros está más oculta. La historia es dura y como siempre Jose sbarra hablado desde los márgenes, desde la martinalizacion en dónde nos pone el mundo, nuestra familia.
Maravilloso. Crudo y doloroso pero maravilloso 💚 Me llevo muchas citas que hicieron eco dentro de mí. Sbarra te toma de la mano sin permiso y te lleva a escuchar las voces que habitan en el margen, las vociferantes y también los susurros.
"Te odio porque he padecido tanto que ya no puedo temer la crueldad del infierno ni puedo esperar nada del cielo estéril. Te odio y te lo digo ahora, porque ya no puedes hacerme más daño. El horror conocido superó al posible horror de lo que todavía ignoro."
Sbarra debería ser obligatorio. Este es un libro triste, profundo, certero. Deseo que todos lleguen a él, tanto como deseo que este libro les llegue a todos. Seríamos mejores personas.