Bienvenidos al Agrohorror, bienvenidos a la inquietud y al desasosiego que surgen de lo insólito anidado en nuestros escenarios rurales de la España vac¡a, donde la gente ve Netflix y habla de Tarantino, ha le¡do cómics y a Stephen King, usa móviles y le pregunta a la IA, juega sobre una mesa con la güija y compra en IKEA. David Roas cosecha un conjunto de ficciones en las que lo fantástico y lo humor¡stico es cotidianamente real hasta deformarse en lo oscuro, lo grotesco y lo paródico a lo largo de campos de cereal o bosques cubiertos de niebla. Niños fantasmales, cerdos zombis, asesinos salvajes o vegetales monstruosos bajo el aliento de la Santa Compaña. Y ante esa trivialidad y esa soledad de lo rural, el foráneo, el viajero. Tú.
Escritor y crítico literario español, especializado en literatura fantástica. Es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). En la Historia natural de los cuentos de miedo se menciona en distintas ocasiones a este autor, como crítico y narrador destacado del género fantástico en España. Según el periodista y escritor Rubén Sánchez Trigos, Roas es «probablemente el mayor especialista en literatura fantástica» de España.
Recién llegué de España, de la que desconocía, ya que visité alrededor de algunos 25 pueblos en su espacio rural. Fui de Madrid a Barcelona en carro, tirando para el sur y luego de vuelta por el norte. Tuve muchos encuentros con pueblos “desolados” con estructuras medievales donde el GPS ni la señal del celular me sirvieron de algo. Incluso llegué a quedarme en algunos. El resto lo atravesé y cuando estuve a punto de darme por perdido, paraba en algún café/bar y hablaba con los residentes y en ocasiones encontraba algo que explorar. Siempre hubo una curiosidad, un monumento, meigas, santos, huellas de criaturas, libros antiguos etc. Y así, donde menos estuve fue en aquellas junglas de concreto llamadas Madrid y Barcelona (lugares muy encantadores igual). En otras palabras, en mi viaje visité el Viejo Oeste en los cuatro puntos cardinales.
Una vez de vuelta en PR, me topo con este libro de “Agrohorror”. Le menciono a mi pareja que es interesante ya que pensaba escribir sobre estos espacios de España.
Les digo, sentarme a leer estos relatos donde en el España rural existen ninjas cultistas asesinos, niños fantasmas, santas zombies, cerdos poseídos por demonios del Necronomicon y una escena sacada de Evil Dead me hizo pensar: “ya sabía yo de lo que habré salvado.” Roas captura ese espacio rural como uno liminal donde el típico turista engreído se encuentra con la oscuridad latente de esos rincones olvidados. La escritura, sencilla, digerible, excelente. Los relatos, cortos, sangrientos, graciosos, divertidos.
"Territorios" nos lleva a un mundo gótico rural pero con un toque de humor negro y otros relatos nos dejan un poso de ternura pese a lo extraño de esa España despoblada que es más un viaje en el tiempo. Me he quedado con ganas de más.
Cerdos zombis, garrulos ninjas o verduras mutantes son solo algunos de los horrores que David Roas (Barcelona, 1965) nos presenta en su nuevo libro "Territorios" (2026). El año pasado ya nos sorprendió, junto con Ana Martínez Castillo (Albacete, 1978), con la publicación de la antología de relatos "Agrohorror: Cuentos de lo Insólito Rural" (2025), que nos adentraba, a algunos por primera vez, en el fascinante género del agrohorror. Ahora bien, ¿qué es el agrohorror y por qué no había oído hablar de él hasta ahora? Puede que algunos lectores asiduos de Contrapunto reconozcan el término de otra reseña de Maria Ayete Gil: "En el campo (también) pasan cosas raras. Sobre “Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural”, aunque para otros muchos puede ser novedoso.
El agrohorror es un tipo de ficción insólita cuyos relatos tienen lugar en el mundo rural, no en esa ruralidad aislada y misteriosa ni en ese pueblo idealizado por los urbanitas, sino en la parte más cotidiana y real de la vida en el campo. A veces, este término puede confundirse con el "folk-horror", que es un subgénero del terror que emplea elementos tradicionales rurales, paganismo o folklore local para causar miedo, todo ello ambientado en pueblos semiabandonados o bosques hostiles donde se dan violentos choques entre la modernidad con las costumbres ancestrales. En el agrohorror nos encontramos pueblos actuales donde ha llegado el progreso (¡qué sorpresa!): los ciudadanos hablan de cine y literatura, usan teléfonos móviles y compran en plataformas digitales, no son retratados como “garrulos anticuados” para la mofa del ciudadano de bien (de ciudad), pero tampoco son un paraje natural, limpio e ideal como destino vacacional para descansar del ruido de la ciudad. En resumen, se trata con respeto y conocimiento la forma de vida de los personajes representados tal como es.
Siempre se encuentran elementos y situaciones insólitas o perturbadoras que amenazan la paz de los protagonistas, ya sean los propios habitantes del mundo rural, turistas o familiares lejanos que están de visita. Encontramos la presencia recurrente de los elementos paródicos y el humor para romper con la tradicional seriedad del género de terror y, al mismo tiempo, recrear la realidad rural bajo una lente distorsionada que exponga sus horrores y absurdos. Un claro ejemplo del humor de Roas es la curiosa elección de los títulos de sus historias, aludiendo a clásicos del cine de terror con un toque campestre como “La invasión de los ladrones de huertos” o “La noche de los puercos vivientes” o a obras de la literatura: “El gañán entre el centeno”.
En "Territorios", Roas demuestra su excepcional capacidad para generar inquietud a partir de situaciones aparentemente triviales mediante una prosa precisa, contenida y muy cuidada. En muchos de los cuentos, los protagonistas se enfrentan a fenómenos que no comprenden del todo, ya sean cambios en el comportamiento de los animales, mutaciones en el paisaje, presencias espectrales o una sensación de extrañeza que no pueden explicar racionalmente. Algunos de estos relatos son también una crítica a cómo los humanos intentamos imponer nuestra voluntad sobre el medio natural y los espacios que habitamos, que tiene como consecuencia la resistencia brutal de la naturaleza a que se quebranten sus límites. Algunos ejemplos se dan en relatos como “La invasión de los ladrones de huertos”, donde, desesperado por el acaparamiento de tierras por parte de unos "Jisters" para lucrarse con la agricultura biológica, un agricultor usa unos supuestos pesticidas experimentales para librarse de la plaga que asola su pueblo; en “La noche de los puercos vivientes”, unos cerdos que iban a ser sacrificados en el día de San Martín son hechizados y se vuelven terribles "gorrinos-zombies" en busca de venganza.
Las desventuras de los protagonistas también incluyen fenómenos sobrenaturales como el fantasma de un niño que se esconde en los campos de centeno de “El gañán entre el centeno”, una santa incorrupta en “La conjura de los recios” o una procesión de espíritus por las playas de San Andrés de Teixido en el relato “Rituales”. Bien podría afirmarse que las historias más aterradoras son las que carecen de toda intervención sobrenatural o natural extrema; aquellas que nos pueden resultar más incómodas son las que más se adentran en la vida cotidiana y son las propias personas quienes causan todos los males. En el cuento “A matanza do porco” un hombre desprevenido se encuentra con un extraño grupo de “ninjas garrulos”, con katanas y todo; en “Listo para usar”, aunque encontramos elementos sobrenaturales, lo que más destaca es el curioso sentido ético de la protagonista. Como anteriormente mencionamos, el agrohorror logra que situaciones cotidianas como una tradición de pueblo o un viaje turístico puedan resultar (casi) mortales para los personajes y nos haga replantearnos nuestra visión de lo cotidiano.
"Territorios" es una obra sólida y altamente recomendable para quienes se interesan por el cuento fantástico y las nuevas formas del horror. A través de sus relatos, Roas no solo ofrece experiencias inquietantes, sino que también invita a reflexionar sobre el lugar que ocupamos en el mundo y sobre los límites, a veces invisibles, que delimitan nuestros propios territorios.
Territorios, de David Roas, no es solo una recopilación de relatos: es un mapa narrativo donde lo cotidiano se agrieta con una precisión inquietante. Publicado por Páginas de Espuma en 2026, el volumen construye una unidad sólida en torno a una misma obsesión: la fragilidad de lo real.
Roas desplaza lo fantástico hacia un espacio especialmente significativo: el entorno rural. Bajo esa etiqueta que el propio libro sugiere —una suerte de “agrohorror”—, los escenarios de la España vaciada dejan de ser fondo para convertirse en agentes activos de perturbación. No hay irrupciones espectaculares: lo extraño germina lentamente, como si siempre hubiera estado ahí.
El estilo es sobrio, contenido, casi clínico. Y precisamente por eso funciona. La prosa evita cualquier exceso y confía en la fisura, en el detalle mínimo que descoloca al lector. El ritmo acompaña esta propuesta: progresivo, medido, con finales que no buscan el golpe de efecto sino el desplazamiento de sentido.
Uno de los aspectos más estimulantes es el juego intertextual. Tanto en títulos como dentro de los relatos aparecen referencias, guiños y ecos reconocibles para los lectores de terror y fantástico. No son decorativos: amplían la lectura y generan una complicidad que refuerza el conjunto.
Los temas habituales de Roas —la inestabilidad de la realidad, la percepción, el lenguaje— se mantienen, pero aquí se reformulan desde el territorio, entendido no solo como espacio físico, sino como construcción mental y narrativa.
Puede que la homogeneidad de tono y estrategia llegue a resultar insistente para algunos lectores, pero también es lo que da coherencia al libro. Territorios no busca dispersarse, sino profundizar.
Una propuesta sólida, inteligente y muy consciente de la tradición que trabaja.
Relatos de “agrohorror”, de tú a tú, la mar de cercanos. Un poco de horror en el ámbito rural, en su cotidianidad.
Humor negro superlativo, en un terror rural que me atrevería a calificar de “soft”, algo grotesco a veces pero simpático.
Utilizando un lenguaje sencillo, claro y llano, estas breves historias nos llevan a pueblos pequeños, solitarios, donde pocos turistas o forasteros llegan. Pueblos en los que algo normal, como un huerto o un puerco, se transforman en seres indomables, en figuras inquietantes.
Entre un sol de narices y un calor sofocante, entre campos infinitos de espigas de cereales y chicharras ruidosas hay un pueblo donde veraneaba de pequeño un protagonista, en la casa de su abuela. No le gustaba nada ir allí. Vuelve cuarenta años después y un niño fantasma hace que vea las cosas de otra manera, de una manera bella, tranquila.
Otros relatos hablan de sacrificios humanos para alimentar a una santa muerta pero viva, de una matanza de cerdos en la que éstos se rebelan, desatando una sutil venganza, de un vestido malignamente mágico, encontrado en el desván de una casa de pueblo de una abuela a la que se vuelve a visitar, un bosque que se rebela ante la explotación humana, un hijo que acompaña al fantasma de su madre a un santuario, cumpliendo un ritual prometido.
Historias cortas, de inicio tranquilo que se van transformando en lo inhabitual, provocando que tanto su protagonista como el lector acaben descolocados. Eso sí, insisto, con una buena dósis de humor y absurdidad.
Niños fantasma, ninjas gallegos, cosechas mutantes, santas reliquias vivientes o cerdos zombis. Curioso conjunto de relatos en el que destacan los dos más largos, ya que el resto parecen un mero esbozo de lo que podria haber sido una historia más larga.
Estrany i divertit llibre de por. Interessant també pel “toque” conyon en diversos pasatges de la seva lectura. Llàstima que no dura més de mitja tarda.