HaeRin huye de Londres y regresa a su Hanuri natal, el pueblo del que se marchó siendo una niña. Deja atrás una carrera literaria en declive, una relación rota y la sensación de haberse traicionado. Dice que ha vuelto para escribir. Quizá solo busca esconderse.
Kang Min-Woo fabrica faroles como lo hicieron los suyos durante generaciones. Sus manos conocen la tradición, pero su duda es si quedarse ha sido una elección o una forma de no arriesgarse.
En el mercado del pueblo, Ji-Hun prepara té en el salón que heredó de su abuelo, el hombre que lo rescató del orfanato y le dio un hogar.
So-Yeon pinta el mismo puente una y otra vez, atrapada entre su miedo a avanzar y las expectativas de su madre. Ambos se observan desde la distancia, paralizados por el miedo a dar el primer paso.
Entre conversaciones sobre arte y miedo, entre tés compartidos y silencios cómplices, las cuatro vidas se entrelazan.
Faroles entre la niebla, de Han Seo Woon, es una novela romántica sobre huir y quedarse, sobre empezar de nuevo y sobre la belleza agridulce de los finales que no prometen nada.
Hanuri es un pueblo pequeño que parece silencioso cuando llega Song Haerin, una joven que vuelve a sus cimientos de la niñez, una escritora que vivía en Londres y que llega para encontrarse.
La palabra que para mí describe muy bien esta novela es "tradición", porque la autora nos envuelve en ella: Haerin se quedará, por un tiempo determinado, en la pensión Haneul, y su estadía será muy diferente de lo que se habría imaginado; conocerá a Kang Min-Woo, un joven de treinta años quien pinta faroles en su taller, y de quien, poco a poco, se irá enamorando.
Pero no solo es una historia de amor, en un pueblo pesquero se muestran más talleres, labores que pasan de generación en generación, técnica tras técnica, muy bien dibujadas, como la preparación del té, sedas, hierro, entre otras artes.
También intervienen otros personajes como Aanh Ji-Hun y Lee So-Jeon; estos dos destacan de alguna manera y serán parte de la evolución de los personajes.
Me sorprendió la ternura y lo poético de cada escena, porque cada tanto tropezaba con alguna frase y la serenidad del paisaje, los escenarios son totalmente visuales, transportan con facilidad como los hechos ocurridos, como el despertar de cada uno, como la emoción, con mis lágrimas rodando al leer Faroles entre la niebla, porque es eso, una guía entre tanta niebla.