Una emocionante memoria familiar que recorre un siglo de tensiones entre Rusia y Ucrania.
Tras la muerte de su abuelo en la ciudad ucraniana de Tokmak en 2022 —recién ocupada por el ejército ruso— y la posterior expropiación de su casa por los colonos, la escritora y periodista Margaryta Yakovenko emprende una investigación sobre su historia familiar. Un recorrido que se inicia con su bisabuelo a comienzos del siglo XX bajo el Imperio ruso, continúa con su abuelo en la Ucrania soviética y llega hasta España, en el presente, donde la autora se enfrenta a la imposibilidad de volver a su ciudad natal.
Combinando con gran destreza biografía, material familiar e Historia, y valiéndose de la ficción para llenar los huecos a los que no llega la memoria, Ocupación es un desahogo y un ajuste de cuentas con lo que nunca podrá ser reparado, pero también es la historia de un país, de un continente y de un siglo en Europa marcado por las guerras.
Tras debutar con 2020 con la novela Desencajada, Margaryta Yakovenko parte de una realidad y de un dolor muy concretos para profundizar en las heridas que dejan los conflictos en millones de vidas anónimas y en la necesidad de saber quiénes somos en unos tiempos en los que «la identidad es una ficción que cambia».
Margaryta Yakovenko nació en Tokmak, Ucrania, en 1992, pero se trasladó a un pueblecito de la costa de Murcia a los siete años. Es periodista especializada en Política Internacional. Ha sido redactora y editora en PlayGround y actualmente trabaja en El País.
En “Ocupación”, Margaryta Yakovenko convierte una historia familiar en una reflexión europea sobre la memoria, el desarraigo y la identidad. El punto de partida es íntimo y devastador: la muerte de su abuelo Víctor en los albores de la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022. A partir de esa pérdida, la autora inicia una búsqueda que es a la vez genealógica, histórica y emocional, reconstruyendo las vidas de sus abuelos y de sus bisabuelos en una Ucrania marcada durante generaciones por distintas formas de ocupación y sometimiento.
“Mi abuelo murió y todo lo que me queda es este dolor que me esfuerzo en transformar en palabras porque, mientras escribo, él está a mi lado. Vivo. […] La memoria funciona así, de vez en cuando te inunda una sensación, se recrea una secuencia de imágenes en tu mente, ante los ojos. Existe dos mundos al mismo tiempo: el mundo presente y el mundo pasado. No ocurre lo mismo cuando imaginas al futuro. El futuro no tiene la suficiente fuerza. Quizás por eso escribimos tanto sobre lo que pasó, es lo único que somos capaces de entender” (140)
La novela destaca por su capacidad para entrelazar la investigación, tanto histórica como genealógica, con una escritura de gran sensibilidad. Yakovenko observa el pasado con un rigor de periodista, pero también con la fragilidad de quien intenta comprender qué permanece de nosotros en la memoria de los demás y en la tierra que dejamos atrás. El libro avanza entre archivos, fotos, sueños, recuerdos y silencios familiares, mostrando cómo las grandes convulsiones del siglo XX —del Imperio austrohúngaro al bloque soviético— continúan resonando en el presente europeo.
Sin caer nunca en el sentimentalismo, la autora plantea preguntas universales: qué significa pertenecer a un lugar, cómo se hereda el trauma y por qué necesitamos enterrar a nuestros muertos para poder seguir viviendo. La prosa, contenida y luminosa, encuentra belleza incluso en el dolor y convierte esta historia particular en una meditación colectiva sobre el origen, la pérdida y el futuro de Europa.
Narrativa sencilla y amena, pero profunda y con mucha carga emocional. La historia narrada por la autora es sin duda desconocida e íntima a partes iguales, y la combinación de la labor investigativa para desenterrar su pasado combinado con la reflexión histórica/cultural me parece una forma súper interesante de entender la ocupación de Rusia y cómo el conflicto se remonta más allá de barreras culturales e historias familiares. Muy recomendado!