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160 pages, Paperback
First published January 1, 1997
La lógica del relajamiento es la que ilustra la ciudad de Pompeya, donde de cada cosa puede decirse: como cayó, quedó.
Nos interrumpió la Mâe:
¿Cuantos ejemplares vende de sus novelas, señor Aira?
Muy pocos. Cien como promedio.
No mienta, no sea modesto. Sé que La liebre anduvo muy bien.
Nunca hice espionaje. Lo que me interesó siempre es el contraespionaje, que es mucho más intelectual.
Me había detenido en seco, en la pose más maricona de todas. Un malestar insoportable extinguió todas mis inercias, los haces blandos...
La lengua puede transmitirlo todo: con un pequeño esfuerzo extra, hasta lo inefable se rinde a la gota lingüística que horada la piedra. Claro que eso puede comprobarse después, mirando por el agujero.
Si quiero responder, tengo que hacer algo que no me agrada, volver un paso atrás. Es inevitable, porque me han quedado cosas sin decir, y sin ellas no podría entenderse el desenlace, inminente por lo demás, de esta historia.
Yo al desenlace me precipito, ¡y cómo! Casi debería decir: me precipité.
¡Qué fácil es que la ficción se haga realidad! Pasa todos los días, y no porque tenga que pasar sino porque sí, por pasar el rato. Pasa...mientras tanto. Todo depende de la definición de las palabras.