¿Sabías que "haiga" no es ningún error? ¿O que un rey decidió cómo escribimos? ¿E incluso que nuestra Lengua estuvo a punto de no existir?
El español no nació en un día ni se diseñó en un despacho. Se ha ido construyendo durante más de dos mil años a partir de conquistas, migraciones, malentendidos y cambios fonéticos en cadena. Para entender su configuración, contamos con un sinfín de pequeñas pistas: las faltas de ortografía medievales, las rimas de Quevedo, las inscripciones del Lacio, las decisiones caprichosas de la nobleza… e incluso los memes lingüísticos contemporáneos. A partir de ejemplos brillantes y muy accesibles —de Catulo a Góngora, del Appendix Probi a «emosido engañado», del protoindoeuropeo al WhatsApp— el lingüista Paco Álvarez Comesaña (@delcastellano) explica de manera clara, rigurosa y llena de humor cómo entendemos hoy la evolución del español y cómo sabemos lo que sabemos sin tener grabaciones del pasado.
Estupendo. Un libro ameno que explica con sencillez la historia y la evolución de nuestro idioma. Para que cualquiera, por pocos conocimientos que tenga de lingüistica, entienda y disfrute del proceso. Lo recomiendo totalmente.
Compré este libro esperando divulgación filológica seria, y precisamente eso encontré: historia de la lengua, evolución fonética, latinismos, vulgarismos, cambios semánticos y toda esa maravillosa maraña que explica cómo el castellano llegó a ser lo que hoy hablamos, escribimos… y destrozamos diariamente en redes sociales.
Lo más divertido del fenómeno alrededor del libro no está solo en sus páginas, sino en el choque brutal entre el formato Instagram y el contenido real. Mucha gente aterrizó aquí desde reels rápidos, frases virales y etimologías de consumo instantáneo, esperando probablemente una especie de “curiosidades del castellano para leer entre anuncios de TikTok”. Y claro, luego algunos descubrieron horrorizados que la filología exige más neuronas que un vídeo con música épica y subtítulos gigantes.
¿Es denso? A ratos, sí. ¿Y qué? También lo eran los monjes que copiaban códices, y gracias a ellos no hablamos todos únicamente en gruñidos algorítmicos. Precisamente se agradece que no reduzca la historia lingüística a cuatro memes y dos frases motivacionales sobre el “buen hablar”.
Además, tiene algo muy valioso: logra transmitir que las lenguas no son cadáveres embalsamados por académicos, sino organismos vivos, caóticos y profundamente humanos. El castellano no cayó del cielo perfecto e inmutable: salió del latín vulgar, de errores, mezclas, vulgarismos, hablas populares y siglos de evolución espontánea.
En resumen: quien busque entretenimiento líquido de quince segundos quizá salga llorando y escriba reseñas de una estrella. Quien disfrute de la historia, la lingüística y las tripas reales de una lengua encontrará aquí un libro imperfecto, sí, pero infinitamente más interesante que el 90 % de la divulgación plastificada que circula hoy por redes.
Me ha gustado mucho. Como filólogo siempre he pensado que la gramática histórica, siendo una de las materias más interesantes de la lingüística, es de las más complejas de explicar con arte y este autor, al que sigo desde hace tiempo en redes sociales porque, precisamente, hace atractivas, todas sus explicaciones, y transmite su entusiasmo por el latín y el devenir de nuestra lengua, lo ha sabido hacer también en este libro, que se lee rápido y se entiende muy bien con ejemplos sencillos y reconocibles. Un gran ensayo sobre una disciplina tan interesante como ardua a priori.