¿Siempre quisiste formar parte de algo y, aun así, necesitaste huir?
Un libro tierno y luminoso que, desde una intimidad radicalmente nueva, transforma la infancia compartida entre madre e hija en una experiencia de lectura única
«La nostalgia se come a mordisquitos pequeños y dulces como esta novela, que nos lanza por un tobogán brillante hacia la infancia.»
‘Hija única’ es la historia de la infancia de Irasema, una vuelta a los 90s, a los niños que fuimos en un texto luminoso y divertido, tierno y también un poco nostálgico.
La niñez marca la persona en la que acabamos convirtiéndonos y es para la mayoría algo lejano, fragmentado en recuerdos no siempre muy realistas, un tiempo perdido. Pero… ¿cómo serían las cosas si tu madre hubiera documentado tu existencia casi día a día, archivado y catalogado tus fotos, dibujos, videos, reportes de tus aprendizajes, anécdotas, juguetes, y todo lo que se te ocurra? Es decir, si hubiera un espacio donde tu fueras el centro y motor de la Historia. ¿Quién construye a esa persona? ¿Sus vivencias o la mirada ajena? Bueno, eso le ocurre a nuestra querida Irasema.
Así, la narración de sus años de crecimiento (llena de particularidades tan geniales como crecer en el Party Fan, el chiqui-park regentado por su madre) se alterna con descripciones detalladas de ese archivo sobre ella. Esto hace que la lectura sea muuuy dinámica y sorprendente, además, hay dibujos, fotos, entre otros detalles que no os desvelaré que se sienten como un juego y una vida que trasciende la ficción.
La voz infantil de Irasema está muy bien creada, qué difícil reflexionar en ese tono sobre la soledad tan concreta que es la de la hija única sin que suene impostado. Y además, la autora ha conseguido plasmar muy bien cómo va cambiando y madurando (la acompañamos muchos años), permitiéndonos disfrutar de momentos llenos de esa inocencia infantil tan graciosa a unas reflexiones finales preciosas sobre la memoria, la herencia emocional y de manías, y cómo ese archivo de su existencia es sobre todo, un acto de amor (que a veces asfixia).
No puedo acabar sin comentar la historia de terror escrita por la Irasema niña, lo que me reí.
muy divertido, lo que no entiendo es la frase esa que le han puesto en la cubierta como si fuera una novela juvenil tipo divergente (?) no sé no sé, con lo que mola el concepto de la autoficción-archivo y lo chula que es la tipo del título, no le hacía falta nada más.
De repente, te despiertas un día y llega la edad en la que te sientan a comerte la nostalgia a mordisquitos, para irte acostumbrando a lo que será la vida adulta: una macedonia de penas heredadas y miedos.
Si se pudiera materializar la infancia española, el resultado sería este libro. 220 páginas de pura nostalgia. Irasema podría haber sido cualquiera de mis amigas del colegio, podría haber sido yo, y creo que ahí está la magia que une a toda una generación.
Hija única ha sido un viaje nostálgico a mi infancia. Un libro que me ha permitido recordar las tardes en el chiquipark, las visitas al videoclub para elegir una película y las notitas que nos escribíamos con las amigas en las agendas, entre otras muchas cosas.
La estructura es muy original y hace que la lectura sea muy amena y dinámica: hay notas, dibujos, extractos de cartas e incluso una historia de terror que, para mí, ha sido uno de los grandes highlights del libro.
No soy hija única, pero Carlota Viser ha conseguido transmitirme a la perfección esa sensación tan bonita y, al mismo tiempo, un poco agobiante de ser el centro de todas las atenciones.
Como si esos recuerdos fueran piezas de museo que hay que conservar y exponer, construye una voz infantil para que entres en el archivo personal de su vida.
La mitad del libro es un inventario de objetos, fotografías y cartas de la una infancia marcada por los momentos compartidos entre ella y su madre.
Una lectura maravillosa. La autora te invita a volver a tener 10 años y colarte en su casa y en su vida; como cuando de pequeña ibas a casa de una amiga y te maravillaba ver su habitación. Original y tierno. Muy recomentable.
¿Por qué coleccionamos, por qué archivamos? Las colecciones responden a un deseo de querer sacar algo del deterioro, guardarlo en una cajita o en un baúl, y preservarlo. En un mundo donde todo se desvanece y se acaba olvidando, donde hay cada vez más cosas -y el sistema intenta que sean copias-, coleccionar es echarle un pulso al tiempo, escoger y guardar lo que creemos que merece ser salvado de él. Guardamos las cosas y las protegemos para poder estar más tiempo con ellas. La madre de Irasema pensaba que iba a morir joven y, antes de que llegase ese momento, quería dejarlo todo bien recogidito para que su hija supiese cuánto la había querido. Para que pudiera estar con todos esos recuerdos. La madre quiso archivar su amor. Este punto de partida me parece genial.
Creo que en este libro había un gran reto, el de arrejuntar todo y que quedase bien, y me parece que lo consigue. Carlota Visier ha creado un libro vivo, divertido, diferente, híbrido, omnívoro.
Irasema cuenta que aprendió a ser mirada, que durante mucho tiempo era el lugar donde se sentía cómoda porque era lo conocido. Sin embargo, al escribir, la autora y su personaje están aprendiendo a mirar. Así, al leer ‘Hija única’ asistimos a muchas transformaciones: la del Party Fun, el crecimiento de Irasema, la búsqueda de su lugar en el mundo y la construcción de una voz y una mirada.
Me gusta muchísimo su sentido del humor, todos los registros que mezcla, esa mezcla de la voz infantil con la voz adulta, y cómo el libro es un viaje para la protagonista pero también para la lectora, que muchas veces debe ir uniendo fragmentos, descubriendo en qué tiempo está cada texto, armando ese museo en su cabeza, con todas las piezas que la autora nos va dando (a través de pequeñas narraciones, de listas, a veces de imágenes, de canciones).
También me parece muy bonito cómo la música atraviesa el libro. Es casi una banda sonora íntima que acompaña cada etapa, e incluso cada personaje de la familia tiene su propia banda sonora. Las canciones no están ahí solo como referencia generacional, sino como un lugar donde poner lo que todavía no se sabe nombrar. Hay algo muy verdadero en eso, en cómo la música se convierte en espacio de identificación, de deseo, de consuelo… y cómo ciertas letras ayudan a ordenar el caos de crecer. Después, esas canciones que nos ayudaron a encontrarnos, se quedan para siempre con nosotras. Y a veces funcionan como un botón de rebobinado, o para encontrar a otras “hijas únicas” y construir otro Palacio.
Y luego está la tensión familiar tan bien retratada, con esas frases cortas pero muuuuy largas en nuestras cabezas. Esa construcción de personajes tan interesante a través de sus obsesiones, rarezas y cosas que les gusta preguntarse (como de dónde viene cada alimento que se comen). Carlota Visier retrata muy bien la complejidad del amor y de las personas, con todo ese archivo materno de amor desbordado tan minucioso, tan obsesivo, que es al mismo tiempo un gesto de cuidado y una forma de control. Y en medio de todo eso, los momentos en que Irasema empieza a intuir su sexualidad tienen algo de luminoso, de divertido, de torpe. Lo asfixiante y lo tierno conviven constantemente en ‘Hija única’… La vida a veces gris con los colorines del Party Fun. Que vivan las personas que saben encontrar todos esos colores.